miércoles, 4 de diciembre de 2013

CAPITULO 24







Elena no había estado feliz con mi traslado al comedor. Me quería en el campo. También quería que supervisase a Isa. De acuerdo con ella , ya no estaba viendo a Jose. Se había reunido por café porque la había llamado veinte veces esa tarde. Le dijo que si iba a ser su secreto sucio, todo había terminado. Él le había rogado y suplicado, pero se negó a darla a conocer a su círculo de amigos, así que ella lo dejó. Me sentía muy orgullosa de ella.
El día siguiente era mi día libre y Isa ya había venido a buscarme para saber si seguía en pie nuestros planes. Por supuesto que sí. Yo necesitaba un hombre, cualquier hombre, para alejar mis pensamientos de Pedro.
Seguí a Marcos a todas partes durante todo el día. Él me entrenaba. Era atractivo, alto, carismático y muy gay. Los miembros del club no sabían esto, sin embargo. Coqueteaba con las mujeres sin pudor. Ellas se sentían halagadas. Él miraría hacia atrás y me guiñaría un ojo cuando alguna le susurrara cosas atrevidas en su oído. El tipo era un conquistador y uno muy bueno.
Una vez que su turno terminó, nos dirigimos de nuevo a la sala de descanso del personal y colgamos los largos delantales negros que teníamos que llevar sobre
nuestro uniforme. 
—Serás muy buena, Paula. Los hombres te aman y las mujeres están impresionadas por ti. Sin ofender, cariño, pero las chicas con el pelo rubio platino como el tuyo normalmente no pueden caminar en línea recta sin reírse.
Le sonreí. 
—¿En serio? Me ofende ese comentario.Marcos rodó los ojos y extendió la mano para acariciarme la cabeza. —No,
no te ofende. Sabes que eres una chica ruda.
—¿Ya estás coqueteando con la nueva camarera, Marcos? —preguntó la voz familiar de Antonio. Marcos le lanzó una sonrisa arrogante.
—Me conoce demasiado bien como para decir eso. Tengo un gusto específico. —Bajó su voz a un susurro sexy mientras arrastraba sus ojos por el cuerpo de Antonio.
Miré a Antonio, quien fruncía el ceño desagradablemente y no pude evitar reírme. Marcos se unió a mí. 
—Me encanta hacer sufrir a los chicos hetero — susurró en mi oído, luego me palmeó el trasero y salió por la puerta.
Antonio rodó los ojos y se acercó a mí una vez que Marcos se hubo ido. Al parecer, era consciente de la preferencia sexual de Antonio.
—¿Disfrutaste tu día? —preguntó cortésmente.
Había disfrutado de mi día. Inmensamente. Era un trabajo mucho más fácil que sudar en el calor todo el día, lidiando con viejos pervertidos. 
—Sí. Estuvo genial. Gracias por hacer posible para mí trabajar aquí. Antonio asintió. —De nada. Ahora, ¿Qué te parece celebrar tu promoción con la mejor comida mexicana en la costa?
Me invitaba a salir de nuevo. Debería ir. Sería una distracción. Él no era exactamente el tipo de chico normal que yo buscaba, ¿pero quién dijo que iba a casarme con él y tener a sus bebés?
Una imagen de Pedro destelló en mi mente y su expresión atormentada de anoche. No me atrevía a salir con alguien que él conocía. Si realmente quiso decir lo que dijo entonces, yo debía mantener su mundo a un brazo de distancia. No pertenecía a ese mundo.
—¿Puedo pasar? No dormí bien anoche y estoy agotada.
La cara de Antonio decayó, pero sabía que no tendría problemas en encontrar a alguien que tomase mi lugar.
—Hay una fiesta esta noche en lo de Pedro, pero supongo que lo sabías — dijo Antonio, analizando mi reacción. Yo no sabía nada de la fiesta, pero pensándolobien, Pedro nunca me advertía de ellas.
—Puedo dormir con el ruido. Me he acostumbrado —Eso era una mentira. No me dormiría hasta que la última persona pisoteara la escalera.
—¿Y si voy? ¿Podrías pasar un rato conmigo antes de que te acuestes? Antonio era determinado. Le daba eso. Iba a decirle que no cuando me di cuenta de que Pedro se estaría revolcando esta noche con alguna chica. La llevaría a
su cama y le haría sentir cosas que él nunca me permitiría sentir. Me hacía falta una distracción. Probablemente ya la tendría en su regazo para el momento en que llegase a casa.
—Tú y Pedro no parecen muy unidos. ¿Tal vez podríamos pasar el rato en la playa? No sé si es una buena idea que estés en la casa donde pueda verte. Antonio asintió. —De acuerdo. Estoy bien con eso. Pero tengo una pregunta,
Paula —dijo mirándome con atención. Yo esperé—. ¿Por qué es esto? Hasta la otra noche en su casa, El y yo hemos sido amigos. Hemos crecido juntos. Los mismos círculos. Nunca he tenido ni un problema con él. ¿Qué lo enoja? ¿Hay algo entre ustedes dos?
¿Cómo respondía a eso? ¿No, porque él no quiere ser algo más y es más seguro para mi corazón si seguimos siendo sólo como amigos?
—Somos amigos. Él es protector.
Antonio asintió lentamente, pero me di cuenta de que no me creyó.
—No me importa la competencia. Me gusta saber a lo que me enfrento.No estaba en contra de nada, porque todo lo que él y yo siempre seríamos era amigos. No buscaba a un hombre en su grupo. —No lo soy y nunca seré parte
de tu gente. No pretendo salir seriamente con nadie que sea parte de tu círculo de élite.
No esperé que discutiese. En su lugar, caminé alrededor de él y salí por la puerta. Tenía que llegar a casa antes de que la fiesta se pusiera demasiado salvaje.
No quería ver a Pedro envuelto con alguna chica.
CAPITULO 23 






—¿Dónde has estado? —preguntó con voz ronca y profunda.
Levanté mi mirada hacia él. —¿Por qué te importa?
Dio un paso afuera de la puerta, cerrando espacio entre nosotros. —Porque estaba preocupado.
¿Estaba preocupado? Dejé escapar un suspiro y metí el cabello que seguía soplando sobre mi rostro detrás de mi oreja.
—Me es difícil de creer. Estabas muy ocupado con tu compañía como para notar algo —No pude evitar que la amargura se deslizara por mi lengua.
—Llegaste más temprano de lo que esperaba. No era mi intención que presenciaras eso.
Como si le creyera. Asentí y moví mis pies. —Vine a casa a la misma hora que vengo todas las noches. Creo que querías que te viera. ¿Por qué?, no estoy segura. No albergo sentimientos por ti, Pedro. Sólo necesito un lugar donde quedarme por unos días más. Me mudaré fuera de tu casa y tu vida muy pronto.
Murmuró una maldición y luego miró hacia el cielo un momento antes demirarme de nuevo. 
—Hay cosas sobre mí que no conoces. No soy uno de esos tipos a los que puedes domesticar. Tengo equipaje. Mucho. Demasiado para alguien como tú. Esperaba a alguien diferente considerando que he conocido a tu padre.
No eres para nada como él. Eres todo lo que un tipo como yo debe evitar. Porque no soy el adecuado para ti.
Dejé escapar una dura risa. Esa era la peor excusa que había escuchado para su comportamiento. —¿En serio? ¿Eso es lo mejor que tienes? Nunca te pedí nada
más que una habitación. No espero que me quieras. Nunca lo hice. Estoy consciente de que tú y yo estamos en dos ligas diferentes. Nunca estaré a la altura de ti. No tengo sangre azul. Visto vestidos baratos y tengo una afectuosa conexión con un par de zapatos plateados que mi madre usó el día de su boda. No necesito cosas de diseñador. Y TÚ sí eres de diseñador, Pedro.
Pedro tomó mi mano y me llevó dentro. Sin una palabra, me empujó contra la pared y me enjauló con sus dos manos apretadas contra la pared al lado de mi cabeza.
 —No soy de diseñador. Métete eso en la cabeza. No puedo tocarte. Quiero tanto hacerlo que duele no poder, pero no lo haré. No voy a arruinarlo contigo. Eres… eres perfecta e intacta. Y al final nunca me perdonarías.
Mi corazón latía con fuerza dolorosamente contra mi pecho. La tristeza en sus ojos no era algo que había sido capaz de ver por fuera. Podía ver emoción en esas profundidades plateadas. Su frente estaba arrugada como si algo lo estuviera lastimando.
—¿Y si quiero que me toques? Tal vez no soy tan intacta. Tal vez ya estoy corrompida. —Mi cuerpo estaba bastante corrompido, pero mirar los ojos de Pedro me hicieron querer aliviar su dolor. No quería que se alejara de mí. Quería hacerlo sonreír. Ese hermoso rostro no debería lucir tan angustiado.
Pasó un dedo por un lado de mi rostro y trazó la curva de mi oreja y luego rozó con su pulgar sobre mi barbilla. —He estado con muchas chicas, Paula.
Créeme, nunca he conocido a alguien tan jodidamente perfecta como tú. La inocencia en tus ojos me grita. Quiero quitar cada centímetro de tu ropa y enterrarme dentro de ti, pero no puedo. Me viste esta noche. Soy un bastardo
enfermo. No puedo tocarte.
Lo había visto esta noche. Lo había visto la otra noche, también. Se follaba a muchas chicas, pero a mí no quería tocarme. Creía que yo era demasiado perfecta.
Estaba en un pedestal y quería mantenerme allí. Tal vez debería. No podía dormir con él sin darle un pedazo de mi corazón. Ya comenzaba a adueñarse de él. Si lo dejaba tener mi cuerpo me podría herir de una forma en que nadie había sido capaz de hacerlo. Mi guardia estaría baja.
—De acuerdo —dije. No iba a discutir. Esto era lo correcto—. ¿Podemos al menos ser amigos? No quiero que me odies. Me gustaría que seamos amigos. — Soné patética. Me sentía tan sola que me había inclinado a mendigar amigos.
Cerró sus ojos y respiró profundo. —Seré tu amigo. Haré todo lo posible por ser tu amigo pero tengo que ser cuidadoso. No puedo estar demasiado cerca. Me
haces desear cosas que no puedo tener. Ese pequeño y dulce cuerpo tuyo se siente increíble debajo de mí —Bajó su voz y bajó su boca hasta mi oreja—, y la forma en
la que sabes. Es adictiva. Sueño sobre ello. Fantaseo sobre ello. Sé que serías tan deliciosa en… otras… partes.
Me incliné hacia él y cerré mis ojos mientras su respiración se volvía pesada en mi oreja. —No podemos. Joder. No podemos. Amigos, dulce Paula. Sólo amigos
—susurró, luego se apartó y se dirigió hacia las escaleras. Me recosté contra la pared y lo miré alejarse. No me sentía lista para moverme aún. Mi cuerpo estaba acalorado por sus palabras y su cercanía.
—No te quiero debajo de esas malditas escaleras. Lo odio. Pero no puedo traerte aquí arriba. Nunca sería capaz de mantenerme alejado de ti. Te necesito en un lugar seguro —dijo sin mirarme. Sus manos se aferraron a la barandilla de la escalera hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Se quedó allí un minuto más antes de subir las escaleras. Cuando escuché su puerta cerrarse, me hundí en el suelo.
—Oh, Pedro. ¿Cómo vamos a hacer esto? Necesito una distracción. —Susurré en el vestíbulo vacío. Necesitaba encontrar a alguien más en quien enfocarme.
Alguien que no fuera Pedro. Alguien que estuviera disponible. Era la única manera de evitar caer demasiado lejos. El era peligroso para mi corazón. Si íbamos a ser
amigos, entonces necesitaba encontrar a alguien más para centrar mi atención. Y rápido.

martes, 3 de diciembre de 2013

CAPITULO 22





Unos pocos autos estaban estacionados afuera cuando volví a la casa de Pedro después del trabajo. Al menos no lo encontraré teniendo sexo. Ahora que sabía lo buenos que eran sus besos y lo bien que se sentían sus manos en mí, no me sentía segura de poder manejar verlo haciéndole
eso a alguien más. Era ridículo. Pero era cierto.
Abrí la puerta y entré. Música sexy sonaba a través del sistema de sonido que estaba colocado en todas las habitaciones. Bueno, todas las habitaciones menos la mía. Me acerqué a la cocina cuando escuché un gemido femenino. Se me hizo un nudo en el estómago. Traté de ignorarlo pero mis pies se habían plantado firmemente en el suelo de mármol. No me podía mover.
—Sí, Pedro, nene, justo así. Más fuerte. Mámalo más fuerte —gritó ella. Me sentí instantáneamente celosa y eso sólo me hizo enojar. No debería de importarme. Me había besado una vez y estaba tan enojado que maldijo y salió corriendo.
Me moví hacia el sonido incluso cuando sabía que era algo que yo no quería ver. Era como un choque de trenes. No podía dejar de ir a verlo incluso si no quisiera que se grabara en mi mente.
—Umm sí, por favor, tócame —suplicó. Me encogí pero seguí moviéndome en esa dirección. Entrando en la sala, los encontré en el sofá. Ella no tenía su blusa puesta y él tenía uno de sus pezones en su boca mientras su mano jugaba entre sus piernas. No podía ver esto. Necesitaba salir de aquí. Ahora.
Dándome la vuelta, corrí hacia la puerta principal, sin importarme si era silenciosa o no. Estaría en mi camioneta y fuera de la calzada antes de que se calmaran lo suficiente como para notar que fueron vistos. Se encontraban justo en
el sofá para que cualquiera que entrara los viera. Él sabía que yo estaría en casa en ese momento. El hecho era que quería que yo los viera. Me recordaba que era algo que yo nunca podría experimentar. Justo ahora, no quería hacerlo nunca.
Manejé por la ciudad enojada conmigo misma por gastar gasolina.
Necesitaba ahorrar mi dinero. Busqué un teléfono público pero encontré uno en ningún lado. Los días de los teléfonos públicos se habían ido. Si no tenías un celular estabas jodido. No estaba segura de a quién llamar, de todas formas. Podría llamar a Facundo. No había hablado con él desde que me fui la semana pasada.
Normalmente hablábamos una vez a la semana. Pero sin un teléfono no podía hacer eso.
Tenía el número de Federico guardado en mi equipaje. Pero entonces, ¿para qué lo llamaría? Eso sería extraño. Realmente no tengo nada que decirle. Me metí en el estacionamiento de la única cafetería en la ciudad y estacioné mi camioneta.
Podía ir a beber un poco de café y mirar revistas por unas horas. Tal vez para entonces Pedro hubiera terminado su festival de folladas en la planta baja.
Si trató de enviarme un mensaje, lo recibí fuerte y claro. No es que necesitara uno. Ya me había resignado al hecho de que los chicos con dinero no eran para mí. Me gustaba la idea de encontrar un buen chico con un trabajo
normal. Uno que apreciara mi vestido rojo y zapatos plateados.
Salté fuera de mi camioneta y me dirigí hacia la cafetería cuando vi adentro a Isa con Jose. Estaban en una acalorada discusión en una mesa en el rincón más alejado, pero los podía ver a través de la ventana. Al menos lo había traído a un lugar público. Esperaba lo mejor para ella y la dejé sola. Yo no era la madre de está chica. Era muy probable que fuera mayor que yo. Al menos parecía mayor. Podía
decidir con quién quería pasar su tiempo. El aire del mar salado me hizo cosquillas en la nariz. Crucé la calle y me dirigí hacia la playa pública. Podría estar sola ahí.
Las olas rompiendo contra la oscura orilla eran relajantes. Así que caminé.
Recordé a mi madre. Incluso me permití recordar a mi hermana; era algo que raramente hacía porque el dolor era demasiado algunas veces. Esta noche, quería esa distracción. Necesitaba recordar que había sufrido mucho más que una estúpida atracción por un chico que no era mi tipo en absoluto. Dejé que los recuerdos de días mejores inundaran mis pensamientos… y caminé.
Cuando estacioné la camioneta de nuevo en la entrada de Pedro ya era después de la medianoche y no había autos afuera. Quien fuera que estuvo aquí ya se había ido. Cerré la puerta de mi camioneta y me dirigí hacia las escaleras. La luz del frente estaba encendida, haciendo que la casa luciera grande e intimidante en el cielo oscuro. Justo como Pedro.
La puerta se abrió antes de que la alcanzara y Pedro se quedó de pie allí en la entrada. Estaba ahí para decirme que me fuera. Ya esperaba esto de todos modos.
Ni siquiera me sorprendí. En vez de eso, busqué alrededor por mi maleta.
CAPITULO 21




La miré y luego seguí su mirada hacia la pareja del primer hoyo. Reconocí instantáneamente a Pedro. Los pantalones cortos que vestía y el ajustado polo azul pálido lucían tan fuera de lugar en él. No encajaba con los tatuajes que yo sabía que cubrían su espalda. Era hijo de un rockero y eso corría a través de sus venas incluso si él usara esa cara ropa de golf. Giró su cabeza y sus ojos se encontraron con los míos. No sonrió. Solo miró hacia otro lado como si no me hubiera reconocido. No hubo reconocimiento. Nada.
—Alerta de perra —susurró Isa. Cambié mi mirada que tenía en él hacia la chica a su lado. Daniela o Dani como se referían a ella. Su hermana. El único tema que a él no le gustaba hablar. Ella llevaba una diminuta falda blanca que
parecía que más adecuada para jugar tenis. Llevaba un polo azul a juego y una visera blanca sobre sus rizos rubios.
—¿No eres fans de Daniela? —Le pregunté sabiendo ya la respuesta por su comentario.
Isa soltó una breve carcajada. —Uh, no. Y tú tampoco. Eres el enemigo número uno de ella.
¿Qué se supone que significa eso? No podía preguntarle porque habíamos parado a solo dos metros del combo de hermanos.
Traté de no hacer de nuevo contacto visual con Pedro. Al parecer, él no quería tener una pequeña charla.
—Me estás tomando el pelo. ¿Antonio la contrató? —siseó Dani.
—No —respondió Antonio en un tono de advertencia. No estaba segura si la protegía a ella o a mí o solo trataba de parar una escena. De cualquier manera, me
molestó.
—¿Van a querer algo de beber? —pregunté con la misma sonrisa que le doy a los demás miembros cuando hago la pregunta.
—Por lo menos sabe su lugar —dijo Dani con un tono sarcástico.
—Voy a tomar una Corona. De limón, por favor —dijo Pedro.
Me arriesgué a mirar en su dirección y sus ojos se encontraron con los míos por un breve momento antes de que él se girara hacia Dani. —Pide una bebida. Está
haciendo calor —Le dijo a ella.
Ella me sonrió y puso una mano bien cuidada sobre su cadera. —Agua con gas. Límpialo bien porque no me gusta la forma en que sale todo mojado por el hielo.
Isa metió su mano en la nevera y sacó el agua. Supongo que ella temía lanzársela a la cabeza de Dani. —No te he visto por aquí últimamente, Dani —dijo Isa mientras limpiaba la botella con una toalla que se nos suministró para ese
motivo.
—Probablemente porque estás muy ocupada en los arbustos, abriéndole las piernas a Dios sabe quién en vez de trabajar —Le respondió Dani.
Apreté los dientes y saqué de un solo movimiento la Corona de Pedro.
Quería lanzarle la bebida en la cara presumida de Dani.
—Ya es suficiente—La regaño Pedro suavemente. ¿Acaso era una maldita niña? Él la trataba como si tuviera cinco años. Ella era una adulta para que la gritara fuerte.
Le entregué a Pedro la Corona cuidando de no mirar a Dani. Tenía miedo de que tuviera un momento de debilidad. En cambio, mis ojos se encontraron con los de él mientras le entregaba la botella.
—Gracias —dijo y deslizó un billete en mi bolsillo. No tuve tiempo de reaccionar antes de que él se alejara tomando a Dani por el codo—. Ven y muéstrame como aún no puedes patear mi trasero jugando —dijo él en tono de broma.
Dani lo abrazó. —Estás acabado. —El cariño sincero en su voz mientras hablaba con él me sorprendió. No podía imaginar a alguien tan mala como ella siendo amable con otros.
—Vamos —siseó Isa, agarrando mi brazo. Comprendí que había estado allí de pie observándolos.
Asentí y comencé a girar cuando Pedro miró hacia atrás, por encima de su hombro, directo hacia a mí. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y luego miró de nuevo a Dani diciéndole que palo utilizar. Nuestro momento había
terminado.
Ni siquiera fue un momento.
Una vez que estuvimos fuera del alcance de ser escuchadas, miré a Isa.
—¿Por qué dijiste que yo era el enemigo número uno?
Isa se retorció en su asiento.
—Honestamente, no lo sé con exactitud. Pero Dani es posesiva con Pedro. Todos saben eso… —Se calló y no pudo hacer contacto visual conmigo. Ella sabía algo, pero ¿Qué sabia? ¿De qué me estoy perdiendo?

lunes, 2 de diciembre de 2013

CAPITULO 20




No había mucho que contar. Me encogí de hombros y me acerqué para subir en el lado del conductor una vez que el carro estuvo cargado. 
—Fui a la fiesta porque estoy durmiendo bajo las escaleras de Pedro hasta que tenga el suficiente dinero para mudarme, lo cual puede ser muy pronto. Fue un error. Él no quería que yo apareciera. Eso es todo.
Isa se dejó caer en el asiento a mi lado y cruzó sus piernas. —Eso no es para nada lo que he oído. Jose dijo que Pedro vio a Antonio tocándote y que enloqueció.
—Jose lo malentendió. Créeme. A Pedro no le importa quién me toca. Isa  suspiró. —Es una mierda ser alguien pobre ¿no? Los chicos lindos
nunca nos miran seriamente. Solo somos otra follada más.
¿Realmente así eran las relaciones para ella? ¿Sólo se entregaba y luego la abandonaban? Era demasiado linda para eso. Los chicos de donde yo vengo babearían por ella. Puede que ellos no tengan millones en el banco, pero eran
buenos chicos de buenas familias.
—¿No hay algún chico atractivo que no sea inmensamente rico por allí? La gente que viene aquí no puede ser todo lo que hay para elegir. Seguro que puedes encontrar a un tipo que no te abandone a la mañana siguiente.
Isa frunció el ceño y se encogió de hombros. —No lo sé. Siempre hequerido echarle el lazo a un millonario ¿sabes?, vivir la buena vida. Pero comienzo a creer que no está escrito en mi destino.
Me dirigí hacia el primer hoyo. —Isa, eres hermosa. Te mereces más de lo que estás recibiendo. Comienza a buscar a un hombre en otro lugar. Encuentra uno que no te quiera solo para sexo. Encuentra a uno que te quiera. Solo a ti.
—Diablos, puede que me enamore de ti también —respondió en broma y se rió. Apoyó sus pies en el salpicadero mientras yo me detenía donde estaban los
primeros jugadores de golf de la mañana.
Por ningún lugar vi a ningún chico. Por lo general, no eran madrugadores.
Durante un rato no tendría que preocuparme de cuidar que Isa no tuviera sexo en los arbustos o donde sea que ella lo hiciera durante el trabajo.
Cuatro horas más tarde, cuando llegamos al tercer agujero por tercera vez, reconocí a Antonio y compañía. Isa se enderezó en el asiento y la expresión emocionada de su cara me puso en alerta máxima. Ella era como un pequeño
cachorro esperando a que alguien le lanzara un hueso. Si no me gustara tanto ni siquiera me molestaría en ayudarla para que se quedara en este trabajo. Ser su niñera no estaba en la descripción de mi trabajo.
Antonio frunció el ceño cuando nos detuvimos junto a ellos. —¿Por qué estás conduciendo junto con Isa? —preguntó en el momento en que nos estacionamos.
—Porque me está ayudando a evitar que folle a tus amigos y que te irrite.¿Por qué no vas y le dices a tía Elena? —Hizo un puchero, cruzando sus brazos sobre su generoso pecho. No tenía ninguna duda que todos los chicos a nuestro
alrededor se concentraron en sus grandes tetas.
—Yo no le pedí que hiciera eso. Le pedí que promoviera a Paula, no que la juntara contigo. —Le espetó y sacó su teléfono de su bolsillo. ¿Qué estaba haciendo?
—¿A quién llamas? —preguntó Isa en un tono de pánico mientras se sentaba con la espalda recta.
—Elena —gruñó.
—No, espera —dijimos Isa y yo al mismo tiempo.
—No la llames. Estoy bien. Me gusta Isa. Es una buena compañía —Le aseguré.
Me estudió un momento pero no colgó el teléfono.
—Elena, soy Antonio. He cambiado de opinión. Quiero a Paula los cuatro días de la semana adentro. Puedes usarla para que esté en los campos los viernes y sábados, ya que esos días está más lleno y ella es lo mejor que tienes, pero el resto del tiempo la quiero dentro. —No esperó por una respuesta antes de finalizar la llamada y dejó caer de nuevo el teléfono en el bolsillo de sus almidonados pantalones cortos a cuadros. En cualquier otra persona usar eso se vería de los más ridículo, pero un tipo como Antonio podía lucirlo. El polo blanco que llevaba también estaba impecablemente planchado. No me sorprendería si fuera nuevo.
—La tía Elena se va a poner histérica. Asignó a Isa como mi niñera por las próximas semanas. ¿Quién me va a mantener bajo control ahora? —preguntó ella echándole una mirada sensual a Jose.
—Por favor, hombre, si te gusto siquiera un poco, gira tu cabeza y déjame llevarla a la casa del club solo unos minutos. Por favor. —Rogó Jose mientras disfrutaba la vista que daba Isa estando sentada con sus piernas arriba del
tablero, ligeramente abiertas para que su entrepierna estuviera a la vista. Los pantalones cortos que llevábamos eran demasiados cortos y apretados, dejaban poco a la imaginación en una posición como esa.
—Me importa un demonio lo que hagas. Fóllala si quieres. Pero si papá se entera que una vez más lo hizo tendré que despedirla. Él está muy enojado por las denuncias.
Sabía que Jose no la defendería si ella fuera despedida. La dejaría irse y seguiría adelante. No había amor en su mirada, solo lujuria.
—Isa, no —Le rogué en silencio estando a su lado—. En mi noche libre tú y yo saldremos y encontraremos algún lugar donde haya chicos que sean dignos de tu tiempo. No pierdas tu trabajo por él. —susurré en una voz muy baja que solo Isa podía oírme. Los otros sabían que yo le decía algo, pero no sabían qué.
Isa volvió su mirada hacia mí y juntó sus piernas. —¿En serio? ¿Saldrías conmigo a buscar chicos? ¿En tu territorio?
Asentí y una sonrisa apareció en su rostro. —Es un trato. Iremos a un bar de música country. Espero que tengas tus propias botas. Soy de Alabama, tengo botas,
jeans ajustados y una pistola —Le respondí con un guiño.
Ella se rió a carcajadas y puso sus pies en el suelo. —Bueno, muchachos, ¿Qué quieren tomar? Tenemos que ir a otro hoyo —dijo ella saliendo del carrito y retrocediendo. Yo la seguí y repartimos bebidas y tomamos el dinero.
Jose trató de agarrarle el trasero unas cuantas veces y susurrarle al oído. Al final, ella se dio la vuelta y le sonrió—. Se acabó el ser tu compañera de sexo. Saldré con mi chica este semana para buscar hombres de verdad. Del tipo que no tiene mucho dinero, pero tienen callos en las manos por saber trabajar. Tengo la sensación de que saben cómo hacer que una chica se sienta muy especial.
Tuve que ocultar la risa que brotaba dentro de mi pecho al ver la expresión sorprendida de Jose. Encendí el carro mientras Isa de un salto se sentaba al lado mío.
—Demonios, eso se sintió bien. ¿Dónde has estado toda mi vida? —preguntó ella mientras aplaudía y yo manejaba sonriendo y me despedía de Antonio para dirigirnos hacia el siguiente hoyo.
Seguimos vendiendo durante el resto del camino y después paramos para reabastecernos. No más problemas. Sabía que veríamos a Antonio y a sus amigos de nuevo pero tenía fe en que Isa sería firme. Ella había hablado alegremente de
todo, desde el color de su cabello hasta el último susto de embarazo que habían tenido en la ciudad con un trabajador y un miembro del club.
No le prestaba atención a los miembros del primer hoyo. Conducía y trataba de concentrarme en las charlas sin fin de Isa. El murmuro de mierda de Isa llamó mi atención.
CAPITULO 19








La casa una vez más estaba destrozada cuando desperté la mañana siguiente. Esta vez dejé el desorden y me apresuré para ir a trabajar.
No quería llegar tarde. Necesitaba este trabajo ahora más que nunca.
Mi padre aún no había llamado para ver cómo me encontraba y yo estaba bastante segura que Pedro no había hablado con su madre o mi padre, ya qué él no los había
mencionado. No quería preguntarle por ello porque no quería que su ira hacia mi padre fuera dirigida hacia mí.
Existía una buena probabilidad de que Pedro me dijera que me fuera cuando regresara hoy a casa. No parecía muy contento conmigo cuando salí anoche de mi habitación. Y yo le devolví el beso y lamí su labio. Oh, Dios, ¿en que había estado pensando? En realidad, no pensé en nada. Ese era el problema. Pedro olía demasiado bien y también sabía muy bien. Yo no fui capaz de controlarme. Ahora, había una buena probabilidad de que encontrara mi equipaje en el pórtico cuando volviera a casa. Por lo menos, tenía dinero para quedarme en un motel.
Vestida con mis pantalones cortos y mi polo, subí las escaleras de la oficina hacia la puerta principal. Necesitaba fichar mi entrada y conseguir las llaves para el carrito de bebidas.
Elena ya estaba dentro. Comenzaba a pensar que vivía allí. Estaba aquí cuando me iba y cuando llegaba todos los días. Sin embargo, su pequeña e impetuosa personalidad asustaba. Apenas quieres saludarla y ya está ladrándote
órdenes. Ella tenía el ceño fruncido hacia una chica que había visto antes. Estaba apuntándola con su dedo y casi gritando.
—No puedes acostarte con los miembros del club. Esa es la primera regla.
Tú firmaste los papeles, Isabel; sabes las reglas. El señor Antonio llegó aquí esta mañana haciéndome saber que su padre no estaba contento con este giro de los acontecimientos. Solo tengo tres chicas en los carritos. Si no puedo confiar en que dejes de acostarte con los miembros, entonces tendré que despedirte. Esta es la
última advertencia. ¿Me entiendes?
La chica asintió. —Sí, tía Elena. Lo siento —murmuró. Su largo cabello oscuro estaba recogido en una cola de caballo y su polo azul mostraba unos pechos muy grandes. Luego estaban sus largas piernas bronceadas y su trasero redondo. Y era sobrina de Elena. Interesante.
La mirada enfadada de Elena se desplazó hacia mí y dejó escapar un suspiro de alivio. —Oh, que bien que estés aquí, Paula. Quizás puedas hacer algo con esta sobrina mía. Ella está en periodo de prueba porque al parecer no puede dejar de enredarse con los miembros del club mientras está trabajando. No estamos en un burdel. Somos un club de campo. Será tu compañera durante la próxima semana
para que la vigiles de cerca. Ella debe aprender de ti. El señor Antonio canta alabanzas sobre ti. Está muy contento con el trabajo que estás haciendo y me pidió que te permitiera trabajar en la comedor por lo menos dos días a la semana. Ahora estoy buscando a otra chica para el carrito, así que no puedo darme el lujo de despedir a Isabel —dijo el nombre de su sobrina con un gruñido y la miró nuevamente.
La chica bajó la cabeza avergonzada. Sentí pena por ella. Me aterraba alterar a Elena. No podía imaginarme ser gritada así.
—Sí, señora —Le contesté mientras ella sostenía las llaves del carrito hacia mí. Las tomé y esperé a que Isabel  se acercara a mí.
—Ve con ella ahora, niña. No te quedes aquí haciendo pucheros. Debería llamar a tu papá y decirle lo que estás haciendo, pero no tengo el valor de romper el corazón de mi hermano. Así que ve allí y aprende algunos buenos modales —Elena señaló la puerta y no esperé más tiempo.
Corrí hacia la puerta y bajé las escaleras. Me gustaría ir a buscar el carrito de bebidas para alistarlo y esperar allí a Isabel.
—Oye, espera—Llamó la chica detrás de mí. Me detuve y le devolví la mirada mientras ella corría para alcanzarme—. Lo siento, fue brutal allí. Me gustaría que no hubieras visto ni escuchado eso.
Ella era… agradable. —Está bien—Le contesté.
—Por cierto, me gusta más Isa. No Isabel. Así es como me llama mi papá, así que mi tía Elena también me llama así. Y tú eres la infame Paula Chaves de quien he oído tanto hablar —La sonrisa en su voz me dijo que su comentario no
era malintencionado.
—Lamento que tu tía te haya forzado a estar conmigo —Aparté mis ojos de ella y sus brillantes labios gruesos y rojizos se curvearon en una sonrisa.
—Oh, no hablaba de mi tía. Estaba hablando de los chicos. A Antonio, en especial, le gustas mucho. He oído que anoche causaste un revuelo en la fiesta de
cumpleaños de la perra de Dani. Me hubiera gustado haber visto eso, pero el personal contratado no es invitado para esas cosas.
Cargué el carro mientras Isa se quedaba allí, mirándome. Ella giraba un mechón castaño de su largo cabello alrededor de su dedo y me sonreía. —Tú estabas allí. Cuéntame todo lo que pasó.

domingo, 1 de diciembre de 2013

CAPITULO 18 




Él no dijo nada y dejé que mis manos cayeran a mis costados. No me quitaría mi vestido todavía. Dio un paso adentro y cerró la puerta detrás de él. Era muy grande para esta pequeña habitación. Tuve que retroceder y me senté en la cama para así no tocarnos.
—¿Cómo es que conoces a Antonio? —gruñó.
Confundida, levanté la vista hacia él y me pregunté porque no le gustaba que conociera a Antonio. ¿No eran amigos? ¿Era eso? No me quería alrededor de sus amigos. —Su padre es dueño del club de campo. Él juega golf. Yo sirvo las bebidas.
—¿Por qué usaste eso? —preguntó con voz fría y dura.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Me puse de pie otra vez luego me levanté de puntillas para así estar a la altura de su cara. —Porque mi madre me lo compró para usarlo. Fui plantada y nunca tuve la oportunidad. Esta noche me
invitaste y yo quise encajar. Así que usé lo mejor que tenía. Lo siento si no fue lo suficientemente lindo. ¿Sabes qué? Me importa una mierda. Tú y tus arrogantes y malcriados amigos todo lo que necesitan es dejar de pensar en ustedes mismos al menos un minuto.
Empujé su pecho con mi dedo y lo miré retándolo a decir una palabra más sobre mi vestido.
Pedro abrió su boca y luego sus ojos se apretaron y sacudió su cabeza.
—¡Joder! —gruñó. Entonces abrió de golpe sus ojos y sus manos estuvieron repentinamente en mi cabello y su boca sobre la mía. No sabía cómo reaccionar.
Sus labios eran tan suaves pero demandantes mientras lamía y mordisqueaba mi labio inferior. Luego tiró de mi labio superior en su boca y la chupó gentilmente.
—He deseado probar este dulce labio carnoso desde que entraste en mi sala—murmuró antes de deslizar su lengua en mi boca mientras yo suspiraba con sus palabras. Él sabía como a menta y a algo delicioso. Mis rodillas se debilitaron y
me estiré y agarré sus hombros para mantenerme firme. Luego su lengua acarició la mía como si me pidiera que me uniera a él. Pasé mi lengua por su boca y entonces mordisquee gentilmente su labio inferior. Un pequeño gruñido salió de su garganta y la siguiente cosa que supe es que estaba recostada en la pequeña cama detrás de mí.
El cuerpo de Pedro cayó sobre el mío y la dureza que sabía era su erección presionó entre mis rodillas. Mis ojos se rodaron detrás de mi cabeza y oí un indefenso gemido que salía de mis labios.
—Dulce, muy dulce —susurró Pedro contra mis labios antes de retirar su boca y saltar alejándose de mí. Sus ojos se enfocaron en mi vestido. Noté que ahora estaba por mi cintura y mis bragas estaban a la vista—. Carajo —Maldijo,
entonces golpeó una mano contra la pared antes de abrir la puerta y salir como si el diablo lo estuvieran persiguiendo.
La pared se sacudió con la fuerza que usó al cerrarla. No me moví. No podía. Mi corazón latía rápidamente y tenía un familiar dolor entre mis piernas.
Me había excitado antes cuando veía sexo en la televisión, pero nunca tan intensamente. Estaba tan cerca. Él no quería que esto le gustara, pero le gusto. Sentí eso pero también le había visto teniendo sexo con otras. Sabía que ayer en la noche tuvo sexo con otra chica y luego se deshizo de ella. Conseguir que Pedro se pusiera duro no era un gran reto. De hecho, yo no había conseguido nada. Él solo estaba molesto porque habia sido yo quien lo excito.
Dolía Saber que él me despreciaba tanto que no quería pensar que yo era atractiva. El latido entre mis piernas lentamente desapareció cuando la realidad se instaló. Pedro no quería tocarme. Él había estado furioso porque le guste. Aun excitado fue capaz de alejarse de mí. Tenía la sensación que yo estaba en una minoría. La mayoría de las chicas que lo querían lo conseguía. No podía permitirse
ensuciarse conmigo. Yo era la pobre basura blanca con quien él estaba atascado hasta que yo consiguiera el dinero suficiente para mudarme.
Rodé en la cama y me acurruqué en una bola. Tal vez usaría este vestido otra vez. Ahora me traía más recuerdos tristes. Era hora de empacarlo para siempre. Esta noche, sin embargo, dormiría usándolo. Esta sería mi despedida en
un sueño. Uno donde yo era lo suficiente para que un chico me deseara.
CAPITULO  17









Por qué no regresas a la fiesta y encuentras a un chico estúpido a quien encajarle las garras, Lorena?
Antonio se movió hacia la puerta donde la mayoría de la fiesta estaba pasando con sus manos todavía firmes en mi cadera, forzándome a ir con él.
—Creo que debería ir a mi habitación. No debí haber salido aquí está noche—dije, tratando de detener nuestra entrada en la fiesta. No necesitaba entrar allí con Antonio. Algo me decía que sería una mala idea.
—¿Por qué no me muestras tu habitación? Me gustaría escapar, también.-Sacudí mi cabeza. —No hay suficiente habitación para ambos.
Antonio se echó a reír e inclinó su cabeza para decirme algo al oído mientras mis ojos se encontraban con la mirada plateada de Pedro. Él me estaba mirando fijamente. No parecía feliz. ¿Había sido su invitación por educación y no
perfectamente planeada? ¿Yo lo había malinterpretado?
—Necesito irme. No creo que Pedro me quiera aquí. —Me giré y levanté la vista hacia Antonio y salí de su abrazo.
—No tiene sentido. Estoy seguro que está muy ocupado como para preocuparse por lo que estás haciendo. Además, ¿por qué no te querría en la fiesta de su otra hermana?
Ahí estaba la cosa de la hermana de nuevo ¿Por qué Federico me había dicho que Pedro no tenía hermanas? Dani era obviamente su hermana.
—Yo, uh, bien, él de hecho no me considera como de la familia. Solo soy el pariente indeseado del nuevo esposo de su madre. De hecho, solo estaré aquí por un par de semanas más hasta que pueda mudarme por mi cuenta. Soy un habitante indeseado en esa casa. —Forcé una sonrisa, esperado que Antonio pillará la idea y me deje ir.
—No hay nada sobre ti que sea indeseado. Ni siquiera Pedro es tan jodidamente ciego —dijo Antonio, acercándose a mí otra vez mientras yo me alejaba.
—Ven aquí, Paula. —El tono demandante de Pedro provino detrás de mí mientras una mano grande se deslizaba alrededor de mi brazo y me jalaba contra él—. No esperaba que vinieras esta noche. —La advertencia en su tono me decía que yo había malinterpretado su invitación. Su invitación no fue sincera.
—Lo siento. Pensé que dijiste que podía venir —susurré avergonzada de que Antonio estuviese oyendo esto. Y que otros estuvieran mirando. La primera vez que decidí ser valiente y salir de mi caparazón y esto pasa.
—No esperé que te aparecieras vestida así —respondió con una mortal calma. Sus ojos se encontraban todavía dirigidos hacia Antonio. ¿Qué está mal con mi ropa? Mi mamá se había sacrificado por mí para tener este vestido y nunca me
lo había puesto. Sesenta dólares era mucho dinero para nosotras cuando ella me lo compró. Estaba harta de este estúpido montón de niños malcriados actuando como
si yo estuviera usando algo repulsivo. Amaba este vestido. Amaba estos zapatos.
Mis padres habían sido felices y estuvieron enamorados una vez. Estos zapatos eran parte de eso. Malditos todos ellos, que se vayan al infierno.
Me solté de Pedro y me dirigí a la cocina. Si él no me quería aquí para que sus amigos se rieran de eso, entonces debió de habérmelo dicho. En su lugar, me había hecho sentir como una idiota.
—¿Cuál es tu jodido problema, hombre? —preguntó Antonio con furia. No miré atrás. Esperaba que ellos se agarraran a golpes. Esperaba que Antonio rompiera la odiosa y perfecta nariz de Pedro. Lo dudaba, ya qué aunque Pedro fuera uno de ellos, él lucía muy poco sofisticado.
—Paula , espera —gritó Federico y yo quise ignorarlo, pero era lo más cercano que tenía a un amigo aquí. Disminuí el paso cuando llegué al vestíbulo, lejos de todos los espectadores, y dejé que Federico me alcanzara.
—Eso no fue lo que tú crees fue —dijo Federico, viniendo detrás de mí. Quería reírme. Él se encontraba muy cegado en lo que a su hermano respecta.
—No importa. No debería haber venido. Debí haber sabido que él no me invitaba en serio. Desearía que hubiera sido claro diciéndome que me quedara en mi habitación, donde él quería que me quedara. No entiendo sus juegos de
palabras —espeté y seguí hacia la cocina y directo a la bodega.
—Él tiene problemas. Le concederé eso, pero te estaba protegiendo en su extraña jodida manera —dijo Federico cuando mi mano encontró la fría manija de metal en la puerta de la bodega.
—Sigue pensando lo mejor de él, Federico. Eso es lo que los buenos hermanos hacen —respondí y tiré de la puerta y la cerré detrás de mí. Después de unas profundas respiraciones para aliviar el dolor en mi pecho, entré en mi habitación y me hundí en la cama.
Las fiestas no eran lo mío. Está era la segunda en la que había estado en una y la primera no había sido mucho mejor. De hecho, era probablemente la peor.
Había ido para sorprender a Facundo y yo fui la sorprendida. Lo encontré en la habitación de Samantha con sus pechos desnudos en la boca. No estaban teniendo sexo, pero definitivamente iba a llegar a eso. Cerré la puerta
silenciosamente detrás de mí y hui por la puerta trasera. Algunas personas me vieron y supieron que había entrado. Facundo apareció en mi casa una hora después, rogándome que lo perdonara y llorando mientras se arrodillaba.
Le había amado desde que tenía trece años y le di mi primer beso. No podía odiarlo. Sólo lo deje ir. Ese fue el final de nuestra relación. Alivié su conciencia y quedamos como amigos. Algunas veces, él se quebraba y me decía que me amaba y que quería volver, pero casi todo el tiempo tenía una chica diferente en el asiento de atrás de su Mustang. Yo era solo un recuerdo de la infancia.
Esta noche nadie me había traicionado. Solo había sido humillada.
Inclinándome, me quité los zapatos de mi madre y los coloqué con cuidado en la caja, ella siempre los había guardado ahí. Luego los puse de regreso en mi maleta.
No debí haberlos usado esta noche. La próxima vez que use sus zapatos sería especial. Sería para alguien especial.
Lo mismo sería para este vestido. Cuando volviera a usarlo sería para alguien que me amara y pensara que yo era hermosa. La etiqueta del precio en mi vestido no importaría. Me estiraba para bajar la cremallera cuando la puerta se
abrió y el umbral estuvo lleno con Pedro. Un muy furioso Pedro.