lunes, 2 de diciembre de 2013

CAPITULO 20




No había mucho que contar. Me encogí de hombros y me acerqué para subir en el lado del conductor una vez que el carro estuvo cargado. 
—Fui a la fiesta porque estoy durmiendo bajo las escaleras de Pedro hasta que tenga el suficiente dinero para mudarme, lo cual puede ser muy pronto. Fue un error. Él no quería que yo apareciera. Eso es todo.
Isa se dejó caer en el asiento a mi lado y cruzó sus piernas. —Eso no es para nada lo que he oído. Jose dijo que Pedro vio a Antonio tocándote y que enloqueció.
—Jose lo malentendió. Créeme. A Pedro no le importa quién me toca. Isa  suspiró. —Es una mierda ser alguien pobre ¿no? Los chicos lindos
nunca nos miran seriamente. Solo somos otra follada más.
¿Realmente así eran las relaciones para ella? ¿Sólo se entregaba y luego la abandonaban? Era demasiado linda para eso. Los chicos de donde yo vengo babearían por ella. Puede que ellos no tengan millones en el banco, pero eran
buenos chicos de buenas familias.
—¿No hay algún chico atractivo que no sea inmensamente rico por allí? La gente que viene aquí no puede ser todo lo que hay para elegir. Seguro que puedes encontrar a un tipo que no te abandone a la mañana siguiente.
Isa frunció el ceño y se encogió de hombros. —No lo sé. Siempre hequerido echarle el lazo a un millonario ¿sabes?, vivir la buena vida. Pero comienzo a creer que no está escrito en mi destino.
Me dirigí hacia el primer hoyo. —Isa, eres hermosa. Te mereces más de lo que estás recibiendo. Comienza a buscar a un hombre en otro lugar. Encuentra uno que no te quiera solo para sexo. Encuentra a uno que te quiera. Solo a ti.
—Diablos, puede que me enamore de ti también —respondió en broma y se rió. Apoyó sus pies en el salpicadero mientras yo me detenía donde estaban los
primeros jugadores de golf de la mañana.
Por ningún lugar vi a ningún chico. Por lo general, no eran madrugadores.
Durante un rato no tendría que preocuparme de cuidar que Isa no tuviera sexo en los arbustos o donde sea que ella lo hiciera durante el trabajo.
Cuatro horas más tarde, cuando llegamos al tercer agujero por tercera vez, reconocí a Antonio y compañía. Isa se enderezó en el asiento y la expresión emocionada de su cara me puso en alerta máxima. Ella era como un pequeño
cachorro esperando a que alguien le lanzara un hueso. Si no me gustara tanto ni siquiera me molestaría en ayudarla para que se quedara en este trabajo. Ser su niñera no estaba en la descripción de mi trabajo.
Antonio frunció el ceño cuando nos detuvimos junto a ellos. —¿Por qué estás conduciendo junto con Isa? —preguntó en el momento en que nos estacionamos.
—Porque me está ayudando a evitar que folle a tus amigos y que te irrite.¿Por qué no vas y le dices a tía Elena? —Hizo un puchero, cruzando sus brazos sobre su generoso pecho. No tenía ninguna duda que todos los chicos a nuestro
alrededor se concentraron en sus grandes tetas.
—Yo no le pedí que hiciera eso. Le pedí que promoviera a Paula, no que la juntara contigo. —Le espetó y sacó su teléfono de su bolsillo. ¿Qué estaba haciendo?
—¿A quién llamas? —preguntó Isa en un tono de pánico mientras se sentaba con la espalda recta.
—Elena —gruñó.
—No, espera —dijimos Isa y yo al mismo tiempo.
—No la llames. Estoy bien. Me gusta Isa. Es una buena compañía —Le aseguré.
Me estudió un momento pero no colgó el teléfono.
—Elena, soy Antonio. He cambiado de opinión. Quiero a Paula los cuatro días de la semana adentro. Puedes usarla para que esté en los campos los viernes y sábados, ya que esos días está más lleno y ella es lo mejor que tienes, pero el resto del tiempo la quiero dentro. —No esperó por una respuesta antes de finalizar la llamada y dejó caer de nuevo el teléfono en el bolsillo de sus almidonados pantalones cortos a cuadros. En cualquier otra persona usar eso se vería de los más ridículo, pero un tipo como Antonio podía lucirlo. El polo blanco que llevaba también estaba impecablemente planchado. No me sorprendería si fuera nuevo.
—La tía Elena se va a poner histérica. Asignó a Isa como mi niñera por las próximas semanas. ¿Quién me va a mantener bajo control ahora? —preguntó ella echándole una mirada sensual a Jose.
—Por favor, hombre, si te gusto siquiera un poco, gira tu cabeza y déjame llevarla a la casa del club solo unos minutos. Por favor. —Rogó Jose mientras disfrutaba la vista que daba Isa estando sentada con sus piernas arriba del
tablero, ligeramente abiertas para que su entrepierna estuviera a la vista. Los pantalones cortos que llevábamos eran demasiados cortos y apretados, dejaban poco a la imaginación en una posición como esa.
—Me importa un demonio lo que hagas. Fóllala si quieres. Pero si papá se entera que una vez más lo hizo tendré que despedirla. Él está muy enojado por las denuncias.
Sabía que Jose no la defendería si ella fuera despedida. La dejaría irse y seguiría adelante. No había amor en su mirada, solo lujuria.
—Isa, no —Le rogué en silencio estando a su lado—. En mi noche libre tú y yo saldremos y encontraremos algún lugar donde haya chicos que sean dignos de tu tiempo. No pierdas tu trabajo por él. —susurré en una voz muy baja que solo Isa podía oírme. Los otros sabían que yo le decía algo, pero no sabían qué.
Isa volvió su mirada hacia mí y juntó sus piernas. —¿En serio? ¿Saldrías conmigo a buscar chicos? ¿En tu territorio?
Asentí y una sonrisa apareció en su rostro. —Es un trato. Iremos a un bar de música country. Espero que tengas tus propias botas. Soy de Alabama, tengo botas,
jeans ajustados y una pistola —Le respondí con un guiño.
Ella se rió a carcajadas y puso sus pies en el suelo. —Bueno, muchachos, ¿Qué quieren tomar? Tenemos que ir a otro hoyo —dijo ella saliendo del carrito y retrocediendo. Yo la seguí y repartimos bebidas y tomamos el dinero.
Jose trató de agarrarle el trasero unas cuantas veces y susurrarle al oído. Al final, ella se dio la vuelta y le sonrió—. Se acabó el ser tu compañera de sexo. Saldré con mi chica este semana para buscar hombres de verdad. Del tipo que no tiene mucho dinero, pero tienen callos en las manos por saber trabajar. Tengo la sensación de que saben cómo hacer que una chica se sienta muy especial.
Tuve que ocultar la risa que brotaba dentro de mi pecho al ver la expresión sorprendida de Jose. Encendí el carro mientras Isa de un salto se sentaba al lado mío.
—Demonios, eso se sintió bien. ¿Dónde has estado toda mi vida? —preguntó ella mientras aplaudía y yo manejaba sonriendo y me despedía de Antonio para dirigirnos hacia el siguiente hoyo.
Seguimos vendiendo durante el resto del camino y después paramos para reabastecernos. No más problemas. Sabía que veríamos a Antonio y a sus amigos de nuevo pero tenía fe en que Isa sería firme. Ella había hablado alegremente de
todo, desde el color de su cabello hasta el último susto de embarazo que habían tenido en la ciudad con un trabajador y un miembro del club.
No le prestaba atención a los miembros del primer hoyo. Conducía y trataba de concentrarme en las charlas sin fin de Isa. El murmuro de mierda de Isa llamó mi atención.
CAPITULO 19








La casa una vez más estaba destrozada cuando desperté la mañana siguiente. Esta vez dejé el desorden y me apresuré para ir a trabajar.
No quería llegar tarde. Necesitaba este trabajo ahora más que nunca.
Mi padre aún no había llamado para ver cómo me encontraba y yo estaba bastante segura que Pedro no había hablado con su madre o mi padre, ya qué él no los había
mencionado. No quería preguntarle por ello porque no quería que su ira hacia mi padre fuera dirigida hacia mí.
Existía una buena probabilidad de que Pedro me dijera que me fuera cuando regresara hoy a casa. No parecía muy contento conmigo cuando salí anoche de mi habitación. Y yo le devolví el beso y lamí su labio. Oh, Dios, ¿en que había estado pensando? En realidad, no pensé en nada. Ese era el problema. Pedro olía demasiado bien y también sabía muy bien. Yo no fui capaz de controlarme. Ahora, había una buena probabilidad de que encontrara mi equipaje en el pórtico cuando volviera a casa. Por lo menos, tenía dinero para quedarme en un motel.
Vestida con mis pantalones cortos y mi polo, subí las escaleras de la oficina hacia la puerta principal. Necesitaba fichar mi entrada y conseguir las llaves para el carrito de bebidas.
Elena ya estaba dentro. Comenzaba a pensar que vivía allí. Estaba aquí cuando me iba y cuando llegaba todos los días. Sin embargo, su pequeña e impetuosa personalidad asustaba. Apenas quieres saludarla y ya está ladrándote
órdenes. Ella tenía el ceño fruncido hacia una chica que había visto antes. Estaba apuntándola con su dedo y casi gritando.
—No puedes acostarte con los miembros del club. Esa es la primera regla.
Tú firmaste los papeles, Isabel; sabes las reglas. El señor Antonio llegó aquí esta mañana haciéndome saber que su padre no estaba contento con este giro de los acontecimientos. Solo tengo tres chicas en los carritos. Si no puedo confiar en que dejes de acostarte con los miembros, entonces tendré que despedirte. Esta es la
última advertencia. ¿Me entiendes?
La chica asintió. —Sí, tía Elena. Lo siento —murmuró. Su largo cabello oscuro estaba recogido en una cola de caballo y su polo azul mostraba unos pechos muy grandes. Luego estaban sus largas piernas bronceadas y su trasero redondo. Y era sobrina de Elena. Interesante.
La mirada enfadada de Elena se desplazó hacia mí y dejó escapar un suspiro de alivio. —Oh, que bien que estés aquí, Paula. Quizás puedas hacer algo con esta sobrina mía. Ella está en periodo de prueba porque al parecer no puede dejar de enredarse con los miembros del club mientras está trabajando. No estamos en un burdel. Somos un club de campo. Será tu compañera durante la próxima semana
para que la vigiles de cerca. Ella debe aprender de ti. El señor Antonio canta alabanzas sobre ti. Está muy contento con el trabajo que estás haciendo y me pidió que te permitiera trabajar en la comedor por lo menos dos días a la semana. Ahora estoy buscando a otra chica para el carrito, así que no puedo darme el lujo de despedir a Isabel —dijo el nombre de su sobrina con un gruñido y la miró nuevamente.
La chica bajó la cabeza avergonzada. Sentí pena por ella. Me aterraba alterar a Elena. No podía imaginarme ser gritada así.
—Sí, señora —Le contesté mientras ella sostenía las llaves del carrito hacia mí. Las tomé y esperé a que Isabel  se acercara a mí.
—Ve con ella ahora, niña. No te quedes aquí haciendo pucheros. Debería llamar a tu papá y decirle lo que estás haciendo, pero no tengo el valor de romper el corazón de mi hermano. Así que ve allí y aprende algunos buenos modales —Elena señaló la puerta y no esperé más tiempo.
Corrí hacia la puerta y bajé las escaleras. Me gustaría ir a buscar el carrito de bebidas para alistarlo y esperar allí a Isabel.
—Oye, espera—Llamó la chica detrás de mí. Me detuve y le devolví la mirada mientras ella corría para alcanzarme—. Lo siento, fue brutal allí. Me gustaría que no hubieras visto ni escuchado eso.
Ella era… agradable. —Está bien—Le contesté.
—Por cierto, me gusta más Isa. No Isabel. Así es como me llama mi papá, así que mi tía Elena también me llama así. Y tú eres la infame Paula Chaves de quien he oído tanto hablar —La sonrisa en su voz me dijo que su comentario no
era malintencionado.
—Lamento que tu tía te haya forzado a estar conmigo —Aparté mis ojos de ella y sus brillantes labios gruesos y rojizos se curvearon en una sonrisa.
—Oh, no hablaba de mi tía. Estaba hablando de los chicos. A Antonio, en especial, le gustas mucho. He oído que anoche causaste un revuelo en la fiesta de
cumpleaños de la perra de Dani. Me hubiera gustado haber visto eso, pero el personal contratado no es invitado para esas cosas.
Cargué el carro mientras Isa se quedaba allí, mirándome. Ella giraba un mechón castaño de su largo cabello alrededor de su dedo y me sonreía. —Tú estabas allí. Cuéntame todo lo que pasó.

domingo, 1 de diciembre de 2013

CAPITULO 18 




Él no dijo nada y dejé que mis manos cayeran a mis costados. No me quitaría mi vestido todavía. Dio un paso adentro y cerró la puerta detrás de él. Era muy grande para esta pequeña habitación. Tuve que retroceder y me senté en la cama para así no tocarnos.
—¿Cómo es que conoces a Antonio? —gruñó.
Confundida, levanté la vista hacia él y me pregunté porque no le gustaba que conociera a Antonio. ¿No eran amigos? ¿Era eso? No me quería alrededor de sus amigos. —Su padre es dueño del club de campo. Él juega golf. Yo sirvo las bebidas.
—¿Por qué usaste eso? —preguntó con voz fría y dura.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Me puse de pie otra vez luego me levanté de puntillas para así estar a la altura de su cara. —Porque mi madre me lo compró para usarlo. Fui plantada y nunca tuve la oportunidad. Esta noche me
invitaste y yo quise encajar. Así que usé lo mejor que tenía. Lo siento si no fue lo suficientemente lindo. ¿Sabes qué? Me importa una mierda. Tú y tus arrogantes y malcriados amigos todo lo que necesitan es dejar de pensar en ustedes mismos al menos un minuto.
Empujé su pecho con mi dedo y lo miré retándolo a decir una palabra más sobre mi vestido.
Pedro abrió su boca y luego sus ojos se apretaron y sacudió su cabeza.
—¡Joder! —gruñó. Entonces abrió de golpe sus ojos y sus manos estuvieron repentinamente en mi cabello y su boca sobre la mía. No sabía cómo reaccionar.
Sus labios eran tan suaves pero demandantes mientras lamía y mordisqueaba mi labio inferior. Luego tiró de mi labio superior en su boca y la chupó gentilmente.
—He deseado probar este dulce labio carnoso desde que entraste en mi sala—murmuró antes de deslizar su lengua en mi boca mientras yo suspiraba con sus palabras. Él sabía como a menta y a algo delicioso. Mis rodillas se debilitaron y
me estiré y agarré sus hombros para mantenerme firme. Luego su lengua acarició la mía como si me pidiera que me uniera a él. Pasé mi lengua por su boca y entonces mordisquee gentilmente su labio inferior. Un pequeño gruñido salió de su garganta y la siguiente cosa que supe es que estaba recostada en la pequeña cama detrás de mí.
El cuerpo de Pedro cayó sobre el mío y la dureza que sabía era su erección presionó entre mis rodillas. Mis ojos se rodaron detrás de mi cabeza y oí un indefenso gemido que salía de mis labios.
—Dulce, muy dulce —susurró Pedro contra mis labios antes de retirar su boca y saltar alejándose de mí. Sus ojos se enfocaron en mi vestido. Noté que ahora estaba por mi cintura y mis bragas estaban a la vista—. Carajo —Maldijo,
entonces golpeó una mano contra la pared antes de abrir la puerta y salir como si el diablo lo estuvieran persiguiendo.
La pared se sacudió con la fuerza que usó al cerrarla. No me moví. No podía. Mi corazón latía rápidamente y tenía un familiar dolor entre mis piernas.
Me había excitado antes cuando veía sexo en la televisión, pero nunca tan intensamente. Estaba tan cerca. Él no quería que esto le gustara, pero le gusto. Sentí eso pero también le había visto teniendo sexo con otras. Sabía que ayer en la noche tuvo sexo con otra chica y luego se deshizo de ella. Conseguir que Pedro se pusiera duro no era un gran reto. De hecho, yo no había conseguido nada. Él solo estaba molesto porque habia sido yo quien lo excito.
Dolía Saber que él me despreciaba tanto que no quería pensar que yo era atractiva. El latido entre mis piernas lentamente desapareció cuando la realidad se instaló. Pedro no quería tocarme. Él había estado furioso porque le guste. Aun excitado fue capaz de alejarse de mí. Tenía la sensación que yo estaba en una minoría. La mayoría de las chicas que lo querían lo conseguía. No podía permitirse
ensuciarse conmigo. Yo era la pobre basura blanca con quien él estaba atascado hasta que yo consiguiera el dinero suficiente para mudarme.
Rodé en la cama y me acurruqué en una bola. Tal vez usaría este vestido otra vez. Ahora me traía más recuerdos tristes. Era hora de empacarlo para siempre. Esta noche, sin embargo, dormiría usándolo. Esta sería mi despedida en
un sueño. Uno donde yo era lo suficiente para que un chico me deseara.
CAPITULO  17









Por qué no regresas a la fiesta y encuentras a un chico estúpido a quien encajarle las garras, Lorena?
Antonio se movió hacia la puerta donde la mayoría de la fiesta estaba pasando con sus manos todavía firmes en mi cadera, forzándome a ir con él.
—Creo que debería ir a mi habitación. No debí haber salido aquí está noche—dije, tratando de detener nuestra entrada en la fiesta. No necesitaba entrar allí con Antonio. Algo me decía que sería una mala idea.
—¿Por qué no me muestras tu habitación? Me gustaría escapar, también.-Sacudí mi cabeza. —No hay suficiente habitación para ambos.
Antonio se echó a reír e inclinó su cabeza para decirme algo al oído mientras mis ojos se encontraban con la mirada plateada de Pedro. Él me estaba mirando fijamente. No parecía feliz. ¿Había sido su invitación por educación y no
perfectamente planeada? ¿Yo lo había malinterpretado?
—Necesito irme. No creo que Pedro me quiera aquí. —Me giré y levanté la vista hacia Antonio y salí de su abrazo.
—No tiene sentido. Estoy seguro que está muy ocupado como para preocuparse por lo que estás haciendo. Además, ¿por qué no te querría en la fiesta de su otra hermana?
Ahí estaba la cosa de la hermana de nuevo ¿Por qué Federico me había dicho que Pedro no tenía hermanas? Dani era obviamente su hermana.
—Yo, uh, bien, él de hecho no me considera como de la familia. Solo soy el pariente indeseado del nuevo esposo de su madre. De hecho, solo estaré aquí por un par de semanas más hasta que pueda mudarme por mi cuenta. Soy un habitante indeseado en esa casa. —Forcé una sonrisa, esperado que Antonio pillará la idea y me deje ir.
—No hay nada sobre ti que sea indeseado. Ni siquiera Pedro es tan jodidamente ciego —dijo Antonio, acercándose a mí otra vez mientras yo me alejaba.
—Ven aquí, Paula. —El tono demandante de Pedro provino detrás de mí mientras una mano grande se deslizaba alrededor de mi brazo y me jalaba contra él—. No esperaba que vinieras esta noche. —La advertencia en su tono me decía que yo había malinterpretado su invitación. Su invitación no fue sincera.
—Lo siento. Pensé que dijiste que podía venir —susurré avergonzada de que Antonio estuviese oyendo esto. Y que otros estuvieran mirando. La primera vez que decidí ser valiente y salir de mi caparazón y esto pasa.
—No esperé que te aparecieras vestida así —respondió con una mortal calma. Sus ojos se encontraban todavía dirigidos hacia Antonio. ¿Qué está mal con mi ropa? Mi mamá se había sacrificado por mí para tener este vestido y nunca me
lo había puesto. Sesenta dólares era mucho dinero para nosotras cuando ella me lo compró. Estaba harta de este estúpido montón de niños malcriados actuando como
si yo estuviera usando algo repulsivo. Amaba este vestido. Amaba estos zapatos.
Mis padres habían sido felices y estuvieron enamorados una vez. Estos zapatos eran parte de eso. Malditos todos ellos, que se vayan al infierno.
Me solté de Pedro y me dirigí a la cocina. Si él no me quería aquí para que sus amigos se rieran de eso, entonces debió de habérmelo dicho. En su lugar, me había hecho sentir como una idiota.
—¿Cuál es tu jodido problema, hombre? —preguntó Antonio con furia. No miré atrás. Esperaba que ellos se agarraran a golpes. Esperaba que Antonio rompiera la odiosa y perfecta nariz de Pedro. Lo dudaba, ya qué aunque Pedro fuera uno de ellos, él lucía muy poco sofisticado.
—Paula , espera —gritó Federico y yo quise ignorarlo, pero era lo más cercano que tenía a un amigo aquí. Disminuí el paso cuando llegué al vestíbulo, lejos de todos los espectadores, y dejé que Federico me alcanzara.
—Eso no fue lo que tú crees fue —dijo Federico, viniendo detrás de mí. Quería reírme. Él se encontraba muy cegado en lo que a su hermano respecta.
—No importa. No debería haber venido. Debí haber sabido que él no me invitaba en serio. Desearía que hubiera sido claro diciéndome que me quedara en mi habitación, donde él quería que me quedara. No entiendo sus juegos de
palabras —espeté y seguí hacia la cocina y directo a la bodega.
—Él tiene problemas. Le concederé eso, pero te estaba protegiendo en su extraña jodida manera —dijo Federico cuando mi mano encontró la fría manija de metal en la puerta de la bodega.
—Sigue pensando lo mejor de él, Federico. Eso es lo que los buenos hermanos hacen —respondí y tiré de la puerta y la cerré detrás de mí. Después de unas profundas respiraciones para aliviar el dolor en mi pecho, entré en mi habitación y me hundí en la cama.
Las fiestas no eran lo mío. Está era la segunda en la que había estado en una y la primera no había sido mucho mejor. De hecho, era probablemente la peor.
Había ido para sorprender a Facundo y yo fui la sorprendida. Lo encontré en la habitación de Samantha con sus pechos desnudos en la boca. No estaban teniendo sexo, pero definitivamente iba a llegar a eso. Cerré la puerta
silenciosamente detrás de mí y hui por la puerta trasera. Algunas personas me vieron y supieron que había entrado. Facundo apareció en mi casa una hora después, rogándome que lo perdonara y llorando mientras se arrodillaba.
Le había amado desde que tenía trece años y le di mi primer beso. No podía odiarlo. Sólo lo deje ir. Ese fue el final de nuestra relación. Alivié su conciencia y quedamos como amigos. Algunas veces, él se quebraba y me decía que me amaba y que quería volver, pero casi todo el tiempo tenía una chica diferente en el asiento de atrás de su Mustang. Yo era solo un recuerdo de la infancia.
Esta noche nadie me había traicionado. Solo había sido humillada.
Inclinándome, me quité los zapatos de mi madre y los coloqué con cuidado en la caja, ella siempre los había guardado ahí. Luego los puse de regreso en mi maleta.
No debí haberlos usado esta noche. La próxima vez que use sus zapatos sería especial. Sería para alguien especial.
Lo mismo sería para este vestido. Cuando volviera a usarlo sería para alguien que me amara y pensara que yo era hermosa. La etiqueta del precio en mi vestido no importaría. Me estiraba para bajar la cremallera cuando la puerta se
abrió y el umbral estuvo lleno con Pedro. Un muy furioso Pedro.

sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 16






Me senté en mi cama escuchando las risas y la música en la casa. Había cambiado de opinión acerca de asistir a la fiesta todo el día. La última vez que había decidido ir me había puesto el único vestido bonito que aun poseía. Era un
vestido rojo que abrazaba mi pecho y caderas y luego colgaba en un corte baby doll a la mitad de mi muslo. Compré este vestido cuando Facundo me invitó al baile de
graduación. Luego, él fue nominado para rey y Carla Garcia fue nominada para reina. Ella había querido ir al baile con mi novio y él me había llamado preguntándome si estaba bien si él iba con ella en vez de conmigo. Todo el mundo
había dicho que ellos ganarían y pensaba que estaría bien si fueran juntos. Yo estuve de acuerdo y colgué de nuevo mi vestido en mi armario. Esa noche alquilé dos películas e hice brownies. Mamá y yo vimos comedias románticas y comimos brownies hasta que estuvimos llenas. Esa fue una de las últimas veces que recuerdo que ella no estaba tan enferma de la quimioterapia y podía realmente
comer dulce como brownies.
Esta noche, saqué el vestido de mi maleta. No era caro para los estándares de esta gente. En realidad, era bastante simple. El material rojo era gasa suave.
Eché un vistazo abajo a los tacones plateados de mi mamá que había conservado. Fueron los que ella usó el día de su boda. Siempre los había amado. Nunca los usó de nuevo, pero los mantuvo guardados en una caja envuelta.
Me arriesgué a la gran posibilidad de salir ahí y ser humillada. Yo no encajaba con ellos. Nunca encajé en mi escuela tampoco. Mi vida era solo un gran momento incómodo. Tenía que aprender a encajar. Dejar de ser la chica torpe que había sido excluida en la escuela secundaria porque tenía asuntos más
importantes.
De pie, me pasé las manos sobre mi vestido para alisar las arrugas de estar sentada pensando sobre si debía o no unirme a la fiesta. Podría caminar por ahí.
Quizás tomar una bebida y ver si alguien me hablaba. Si era un completo desastre, siempre podía volver corriendo aquí, ponerme mi pijama y acurrucarme en la cama. Esté era un buen paso para mí.
Abriendo la puerta de la despensa, me acerqué a la cocina muy agradecida de que no hubiera nadie ahí. Salir de la despensa sería un poco difícil de explicar.
Pude oír la voz de Federico riendo en voz alta y hablándole a alguien en la sala de estar. Él podría hablarme. Me sentiría cómoda con Federico.
Tomando una respiración profunda, caminé fuera de la cocina y tomé el pasillo hacia el vestíbulo. Rosas blancas y cintas plateadas estaban en todas parte.
Me recordaba a una boda en vez de una fiesta de cumpleaños. La puerta principal se abrió asustándome. Me detuve y observé unos familiares ojos ahumados
encontrándose con los míos. Mi rostro se sintió caliente cuando los ojos de Antonio tomaron una larga y lenta apreciación de mí.
—Paula —dijo cuando sus ojos finalmente hicieron su camino de vuelta a mi rostro—. No creía que esto fuera posible ser más sexy. Estaba equivocado.
—Diablos, chica. Te arreglas bien. —El tipo con el cabello rubio rizado y ojos azules me sonrió. No podía recordar su nombre. ¿Me lo había dicho?
—Gracias —Me las arregle para hablar con voz ronca. Estaba siendo torpe de nuevo. Este era mi oportunidad de encajar. Tenía que esforzarme.
—No sabía que Pedro había comenzado de nuevo a jugar golf. ¿O estas aquí con alguien más? —Confundida, me tomó un momento entender el significado de la palabras de Antonio. Cuando comprendí que él pensaba que yo estaba aquí con alguien que conocí en el trabajo, sonreí. Ese no era el caso en absoluto.
—No estoy aquí con alguien. Pedro es umm… bien, la madre de Pedro está casada con mi padre. —Tenía que explicarlo.
La lenta sonrisa de Antonio se hizo más grande mientras caminaba hacia mí.
—¿En serio? ¿Él está haciendo que su hermanastra trabaje en el club? —Chasqueó la lengua—. El chico no tiene modales. Si yo tuviera una hermana como tú la
mantendría encerrada… todo el tiempo —Hizo una pausa y estiró la mano para rozar su pulgar por mi mejilla—. Me quedaré contigo, por supuesto. No querrás estar sola.
Él estaba definitivamente coqueteando. Fuertemente. Me sentía fuera de mi liga con esto. Él tenía demasiada experiencia. Necesitaba un poco de espacio.
—Esas piernas tuyas deberían venir con una advertencia. Imposible no tocar
—Su voz bajo un grado y miré por encima de su hombro para ver que el rubio nos había dejado.
—¿Estas… eres amigo de Pedro o, uh, Daniela? —Pregunté
recordando el nombre que Federico usó para presentarnos la primera noche.
Antonio se encogió los hombros- —Dani y yo tenemos una amistad complicada. Pedro y yo no conocemos de toda la vida. —Antonio deslizó una mano detrás de mi espalda—. Sin embargo, apuesto todo lo que tengo a que Dani no es
una fan tuya.
No estaba segura. Nosotras no habíamos tenido algún contacto desde esa primera noche. —En realidad, no nos conocemos.
Antonio frunció el ceño. —¿En serio? Eso es raro.
—¡Antonio! Estas aquí —gritó una mujer mientras entraba en la habitación.
Él volvió su cabeza para ver a una pelirroja con largos rizos gruesos y un cuerpo lleno de curvas apenas cubierto con raso negro. Esta sería mi distracción. Comencé a caminar lejos y volver a la cocina. Mi momento de valentía se había ido.
Antonio cerró la mano sobre mi cadera, sosteniéndome firmemente en el lugar. —Lorena —Fue todo lo que dijo Antonio en respuesta. Sus grandes ojos
marrones pasaron de él a mí. Observe impotente como ella tomó su mano
establecida en mi cadera. Esto no era lo que yo quería. Tenía que encajar.
—¿Quién es ella? —replicó la chica, sus ojos estaban ahora analizándome.
—Se trata de Paula. La nueva hermana de Pedro —respondió Antonio en un tono aburrido.
Los ojos de la muchacha se entrecerraron y luego se echó a reír. —No, no lo es. Usa un vestido de mala calidad y zapatos incluso más baratos. Esta chica, quien
dice ser, está mintiéndote. Pero siempre has sido débil cuando se trata de una cara bonita, ¿no es así, Antonio?
En serio, debí haberme quedado en mi habitación.
CAPITULO 15




Abriendo mis ojos, parpadeé al brillante sol y cubrí mis ojos para ver a Pedro sentado a mi lado. Sus ojos estudiándome. Cualquier calor o el humor en su voz pude haberlo imaginado, porque él estaba molesto.
—Estás usando bloqueador solar, ¿o no?
Me las arreglé para asentir y luego sentarme.
—Bien. Odiaría ver que esa suave y cremosa piel se tornara rosa.
Él pensaba que mi piel era suave y cremosa. Sonó como un cumplido, pero no estaba segura de si dar las gracias fuera lo más apropiado.
—Yo, uh, me puse un poco antes de venir aquí.
Continuó mirándome. Luché con la urgencia de tomar mi camiseta y deslizarla sobre mi biquini. Yo no tenía el tipo de cuerpo de las chicas con las que él salía. No me gustaba sentirme como si me estuviera comparando.
—¿No te toca trabajar hoy? —preguntó.
Negué con mi cabeza. —Es mi día libre.
—¿Cómo va el trabajo?
Él estaba siendo amable, un poco. Al menos no me evitaba. Tan tonto como parecía, yo quería su atención. Había un magnetismo con él que no podía explicar.
Cuanto más mantenía la distancia, yo quería estar más cerca. Ladeó su cabeza y arqueó una ceja como si estuviera esperando que yo dijera algo.
Oh, esperen. Me había hecho una pregunta. Maldición, esos ojos plateados suyos. Era difícil concentrarse. —Um, ¿Qué? —Le pregunté, sintiendo mi rostro calentarse. Se rió. —¿Cómo te está yendo en el trabajo? —preguntó suavemente.
Tenía que dejar de ponerme en ridículo cerca de él. Enderecé mis hombros.
—Va bien. Me gusta.
Pedro sonrió con suficiencia y miró por encima del agua. —Apuesto a que sí.
Me detuve y pensé sobre ese comentario y luego pregunté—: ¿Qué se supones que significa eso?
Pedro dejó que su mirada siguiera la Vista abajo por mi cuerpo y luego subió.
Lamenté no ponerme de nuevo mi camiseta.
—Sabes cómo te ves, Paula. Por no mencionar tu maldita sonrisa dulce. Los golfistas te están dando buenas propinas.
Tenía razón sobre las propinas. También él me incomodaba con su mirada sobre mí. Yo quería que le gustará mirarme, pero también me aterrorizada cuando lo hacía. ¿Qué si lo hacía cambiar de opinión acerca de mantener su distancia?
¿Podía seguirle el ritmo?
Nos sentamos en silencio durante un rato mientras él mantenía su mirada fija al frente. Noté que pensando acerca de algo. Su mandíbula estaba apretada y había una línea arrugándose en su frente. Volví a pensar todo lo que yo había dicho. No podía pensar en algo que pudiera haberlo molestado.
—¿Cuánto hace que tu mamá murió? —preguntó, volviendo su mirada hacia mí.
No quería hablar acerca de mi mamá. No con él. Sin embargo, respondí ignorando que su pregunta era ruda. —Hace treinta y seis días.
Su mandíbula se apretó como si estuviera enojado por algo y su ceño se hizo más profundo. 
—¿Tu papá sabía que ella estaba enferma?
Otra pregunta que no quería responder. 
—Sí. Él sabía. Además, lo llamé el día en que ella murió. No me respondió. Le dejé un mensaje. —El hecho de que
nunca me devolvió la llamada me dolía mucho de admitir.
—¿Lo odias? —preguntó Pedro
Quería odiarlo. Solo había causado dolor en mi vida desde el día que mi hermana murió. Pero era difícil. Él era la única familia que tenía. —A veces —respondí.
Pedro asintió y extendió la mano y enganchó su dedo meñique con el mío.
No dijo nada, pero no tenía que hacerlo. Esa pequeña conexión decía demasiado.
Quizás yo no conocía a Pedro bien, pero él estaba metiéndose bajo mi piel.
—Habrá una fiesta esta noche. Es de Dani, el cumpleaños de mi hermana. Siempre le doy una fiesta. Puede que no sea tu lugar pero estas invitada a asistir si así lo quieres.
¿Su hermana? ¿Él tenía una hermana? Pensé que era hijo único. ¿No era Dani la chica que había sido tan grosera la noche que llegue?
—¿Tienes una hermana?
Pedro se encogió de hombros. —Sí.
¿Por qué Federico dijo que él era un hijo único? Esperé a que me lo explicara,pero no dio más detalles. Así que me decidí a preguntar.
—Federico dijo que eras hijo único.
Pedro se tensó. Luego sacudió su cabeza mientras su dedo dejaba el mío y se volvió para mirar el agua. —Federico no debería contarte mis asuntos. No importa que tan condenadamente mal quiera entrar en tus bragas —Pedro se puso de pie y no me miró, y se dirigió hacia la casa.
Algo sobre Pedro estaba fuera de mis límites. No tenía idea que era, pero estaba definitivamente fuera de estos. No debí haber sido tan entrometida. Me puse de pie y me dirigí hacia el agua. Estaba caliente y necesitaba algo que sacara
de mi mente a Pedro. Cada vez que dejaba que mi guardia bajara un poco cerca de él, me recordaba porque necesitaba mantenerme firme en mi lugar. El tipo era
extraño. Sexy, esplendido y delicioso pero extraño.

viernes, 29 de noviembre de 2013

CAPITULO 14










Esa noche cuando llegué a casa del trabajo, Pedro no estaba allí.
Abrí mis ojos y volví la mirada hacia el pequeño reloj despertador en la mesita de noche. Eran más de la nueve de la mañana. Había dormido bien.
Estirándome, extendí la mano y encendí la luz. Me había duchado anoche, así que estaba limpia. Había hecho más de mil dólares esta semana. Decidí que podía a comenzar a buscar apartamentos hoy. Si seguía así, la próxima semana podría ser capaz de conseguir un lugar propio.
Me pasé las manos a través de mi cabello y traté de domarlo antes de levantarme. Pensaba tumbarme en la playa por un rato esta mañana. No lo había hecho aún. Hoy podría disfrutar del océano y el sol por primera vez.
Saqué mi maleta de debajo de mi cama y busqué dentro por mi biquini blanco y rosado. Era el único que tenía. Para ser honesta, lo utilicé muy poco. El patrón de encaje blanco y el ribete rosado se veía bien con mi color de piel.
Colocándomelo, decidí que era más revelador de lo que recordaba. O mi cuerpo había cambiado desde la última vez que lo había usado. Saqué una camiseta sin mangas de mi maleta y la deslicé sobre el biquini y agarré el protector
solar. Lo había comprado después de mi primer día de trabajo. Era una obligación para mi trabajo.
Apagué la luz y me dirigí hacia la despensa y después entré a la cocina.
—Santo infierno. ¿Quién es esa? —preguntó un chico más joven, sorprendiéndome, cuando di un paso hacia la luz. Eché un vistazo al extraño sentado en el bar mirando boquiabierto a la nevera donde Federico estaba sonriendo.
—¿Sales de esa habitación vestida así cada mañana? —preguntó Federico.
No esperaba que alguien estuviera aquí. —Um, no. Normalmente estoy vestida para el trabajo —le contesté cuando un bajo silbido procedió del chico más joven en el bar. No podía tener más de dieciséis.
—Ignora al idiota controlado por las hormonas en el bar. Ese es Tomas.Su madre y Georgina son hermanas. Así que, de una jodida manera indirecta, es mi primo más pequeño. Vino aquí anoche después de huir por enésima maldita vez y
Pedro me llamó para venir por él y llevar su trasero loco a casa.
Pedro. ¿Por qué el sonido de su nombre hacía que mi corazón se acelerara?
Porque él era injustamente perfecto. Ese era el por qué. Sacudí mi cabeza para aclarar mis pensamientos de Pedro. —Es un placer conocerte, Tomas. Soy Paula. Pedro
se ha compadecido de mí hasta que pueda conseguir mi propio lugar.
—Oye, puedes venir a casa conmigo. No te haré dormir bajo las escaleras — Ofreció Tomas.
No pude evitar sonreír. Este tipo de coqueteo inocente si lo comprendía.
—Gracias, pero no creo que tu madre apréciese eso. Estoy bien bajo de las escaleras. La cama es cómoda y no tengo que dormir con mi pistola.
Federico soltó una risita y los ojos de Tomas se agrandaron. —¿Tienes un arma? —preguntó Tomas con una voz temerosa.
—Ahora sí que la has hecho. Será mejor que lo saqué de aquí antes de que se enamoré de ti —respondió Federico, tomando la taza que acababa de llenar de café.
Se dirigió a la puerta diciendo—: Vamos, Tomas, antes de que vaya a despertar Pedro y tengas que lidiar con su malgeniado trasero.
Tomas miró a Federico y luego a mí como si su corazón se hubiera roto. Era lindo.
—Ahora, Tomas—dijo Federico en un tono más demandante.
—Oye, Federico—Lo llamé antes que alcanzara la puerta.
Se volvió hacia mí. —¿Si?
—Gracias por la gasolina. Te lo pagaré tan pronto como llegue mi cheque.
Federico sacudió su cabeza. —No, no lo harás. Sería una ofensa. Pero de nada.
—Guiñó y luego le lanzó una mirada de advertencia a Tomas antes de dejar la cocina.
Dije adiós con la mano a Tomas. Me encargaría de cómo pagarle a Federico sin ofenderlo más tarde. Tenía que encontrar una manera. En este momento, tenía otro
plan. Hice mi camino hacia las puertas que conducían afuera. Era el momento de disfrutar mi primer día en la playa.


***


Me tumbé en la toalla que había tomado del cuarto de baño. Tendría que
lavarla esta noche. Era la única cosa que tenía para secarme y ahora estaba cubierta de arena. Pero lo valía.
La playa estaba tranquila. No estábamos cerca de otras casas, así que este tramo estaba vacío. Sintiéndome valiente, tiré de la camiseta sin mangas y la metí debajo de mi cabeza. Entonces, cerré los ojos y dejé que el sonido de las olas de mar rompiendo contra la orilla me arrullara hasta dormir.
—Por favor, dime que te aplicaste bloqueador solar —Una voz profunda me inundó y me acerqué hacia ella. La limpia fragancia masculina era deliciosa.
Necesitaba estar más cerca.