miércoles, 22 de enero de 2014

CAPITULO EXTRA 1

PEDRO  



Le había dicho a Dani que no quería gente por aquí esta noche. Ella los había invitado de todos modos. Mi hermana pequeña no acepta un no por respuesta, nunca.
Recostado en el sofá, estiré las piernas delante de mí y tomé un trago de mi cerveza. Tenía que andar por aquí abajo el tiempo suficiente para asegurarme de que las cosas no se iban a salir de control. Los amigos de Dani eran más jóvenes que yo. A veces, tendían a ser un poco ruidosos.
—Pedro, conoce a Paula, creo que ella te pertenece. La encontré afuera un poco perdida. —La voz de Federico rompió mis pensamientos.
Miré a mi hermanastro y luego a la chica a su lado. Había visto esa cara antes. Era más madura, pero la reconocía. Mierda.
Era una de ellas. No sabía sus nombres, pero sabía que había dos de ellas.
Ésta era... Paula. Pasé mis ojos hacia Daniela al verla de pie, no muy lejos con el ceño fruncido en su rostro. Esto no iba a ser bueno. ¿Federico no se había dado cuenta de
quién era?
—¿Ah, sí? —pregunté devanándome los sesos para sacarla de alguna manera de aquí y rápido. Daniela iba a explotar en cualquier momento. Estudié a la chica que había sido una fuente de dolor para mi hermana menor gran parte de su vida. Era preciosa. Su rostro en forma de corazón se destacó por un par de grandes ojos azules con el más largo de pestañas naturales que jamás había visto en una mujer. Sedosos rizos rubios platino rozaban un par de pechos muy bonitos que mostraba en una camiseta ajustada. Maldita sea. Sí... se tenía que ir—. Es linda, pero joven. No puedo decir que es mía.
La chica se estremeció. Si no hubiera estado observándola tan de cerca, me lo habría perdido. La expresión perdida en su rostro no tenía sentido. Había entrado en esta casa sabiendo que estaba en territorio inoportuno. ¿Por qué se veía tan inocente?
—Oh, sí que es tuya. Ya que su papi huyó a París con tu mamá por las próximas semanas. Diría que ahora te pertenece a ti. Yo con mucho gusto le puedo ofrecer una habitación en mi casa, si quieres. Eso es, claro, si se compromete a dejar su arma mortal en su camioneta. —Federico encontraba esto divertido.
Él sabía quién era ella muy bien. Le encantaba el hecho de que esto molestaba a Dani. Fede haría cualquier cosa para enojarla.
—Eso no la hace mía —contesté.
Ella tenía que tomar la pista e irse.
Federico se aclaró la garganta. —Es una broma, ¿verdad?
Tomé un trago de mi cerveza y luego estabilicé mi mirada en Fede. No estaba de humor para él y el drama de Daniela. Esto lo llevaba demasiado lejos.
Incluso para él. La chica se tenía que ir.
Ella parecía estar lista para correr. Esto no era lo que había estado esperando. ¿Realmente había pensado que su querido papá estaría aquí esperando por ella? Esa historia sonaba como una gran mierda.
—Tengo una casa llena de invitados esta noche y mi cama ya está llena — informé y luego volví a mirar a mi hermano—. Creo que es mejor si la dejamos ir a buscar un hotel hasta que pueda ponerme en contacto con su papi.
Paula tomó la maleta que Fede tenía en la mano.
—Él tiene razón. Debo irme. Esto fue una mala idea —dijo con un nudo en la voz.
Federico no dejó ir la maleta fácilmente. Ella tiró con fuerza para sacarla de su alcance. Podía ver las lágrimas no derramadas en sus ojos y tiró de mi conciencia.
¿Había algo que me perdía aquí? ¿De verdad ella esperaba que le abriéramos nuestros brazos?
Paula corrió hacia la salida. Vi la mirada alegre en el rostro de Dani mientras Pau pasaba a su lado.
—¿Te vas tan rápido? —preguntó Daniela.
Paula no respondió.
—Eres una mierda sin corazón. ¿Lo sabías? —gruñó Fede a mi lado.
No estaba de humor para tratar con él. Dani se pavoneaba hacia nosotros con una sonrisa triunfante. Había disfrutado de eso. Entendí por qué. Paula era más que un recordatorio de todo lo que Dani había perdido en su crecimiento.
—Se ve exactamente como la recuerdo. Pálida y plana —ronroneó Daniela hundiéndose a mi lado en el sofá.
Fede resopló.
—Son tan ciegos al igual que malos. Ustedes pueden odiarla, pero ella es la boca del agua.
—No empieces —le advertí a Federico.
Dani podría parecer feliz, pero sabía que si ella moraba mucho en eso, se podía romper.
—Si no vas a ir tras ella, yo sí. Y voy a poner su culo sexi en mi casa. No es lo que ustedes dos asumen que es. Hablé con ella. No tiene ni idea. Ese padre imbécil suyo le dijo que viniera aquí. Nadie es tan buen mentiroso —dijo Fede
mientras miraba a Dani.
—Papá nunca le habría dicho que viniera a la casa de Pedro. Vino aquí porque es una cazadora. Olió dinero. ¿Has visto lo que llevaba puesto? —Dani arrugó la nariz con disgusto.
Fede rió entre dientes.
—Claro que vi lo que llevaba puesto. ¿Por qué crees que quiero tanto llevarla de vuelta a mi casa? Es ahumadamente caliente, Dani. Me importa un carajo lo que digas. La chica es inocente, perdida y malditamente caliente.
Federico dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Iba detrás de ella. No podía dejar que lo haga. 
Él se dejó engañar fácilmente. Estuve de acuerdo en que la
chica era agradable a la vista, pero él pensaba con su polla.
—Detente. Voy a ir a por ella —dije de pie.
—¿Qué? —preguntó Dani con voz horrorizada.
Fede dio un paso atrás y me dejó pasar. No me giré y desconocí a mi hermana. Federico tenía razón. Que tenía que ir a ver si se trataba de un acto o si realmente había sido informada por su imbécil padre para venir aquí. 
Por no decir... quería mirarla sin audiencia.

CAPITULO 134 CAPITULO FINAL



Paula

Puse a Benja a dormir la siesta y decidí tomar un descanso para utilizar el vídeo de yoga que compré en iTunes. Necesitaba tonificar algunas partes en mi cuerpo post-parto. Isabel dijo que probara con yoga.
Encontrar tiempo para hacerlo era otra cosa. 
La última vez que Benja tomó una siesta y traté de hacer yoga, Pedro entró en la habitación, y terminamos desnudos y en el sofá nuevamente. Nos habíamos convertido en profesionales del sexo oral.
No es que Pedro necesitara ser mejor, pero era seguro decir que yo había aprendido a dar una mamada asesina.
El timbre sonó antes de que el vídeo comenzara, por lo que presioné pausa y fui a ver quién era. Pedro no se encontraba en casa, por lo tanto, no podía ser Fede.
Salieron juntos. Al abrir la puerta pensé, mientras mis ojos registraban a Daniela, que tal vez debía comenzar a mirar por la mirilla primero. Mi ritmo cardíaco se recogió y me maldije a mí misma por dejar mi teléfono tirado en el suelo de la sala de juegos. No tenía bolsillos en los pantalones de yoga.
—¿Está Pedro? —espetó. Mentalmente me encogí. Él no se encontraba acá y no me sentía segura dejándola entrar. Pero ¿cómo podría no dejarla entrar? Era la hermana de Pedro.
—Se fue con Federico hace un par de horas. Algo que ver con Antonio. —Estaba hablando demasiado. Eso no era asunto suyo.
—¿Vas a dejarme entrar? ¿O debería volver más tarde? —El tono de disgusto en su voz ante la idea de que tenía el poder para no dejarla entrar, ahora que era mi casa, fue obvio. No quería hacerlo, pero Pedro desearía verla. Lo había mencionado hacía unas noches. Se preguntaba cómo estaba y me dijo que su mamá le había dicho que se encontraba fuera de la clínica y mejor.
Fui en contra de mi mejor juicio y di un paso atrás para dejarla entrar. —Pasa —dije, odiando la idea de estar a solas con ella. 
Mi arma se encontraba en el coche, aunque realmente no creía necesitarla. Ella no era peligrosa... al menos, eso
creía.
—Entonces, ¿qué se siente ser la señora Alfonso? —preguntó. Su tono indicaba que no se encontraba feliz por ello y que no era una pregunta amistosa.
—Estupendo. Amo a tu hermano —contesté.
—No puedes mentirme. No me engañas con ese aspecto inocente. Quedaste embarazada para poder engancharlo. 
Él no haría caso omiso de su hijo. Te diste cuenta y lo usaste. Sólo espero que el niño sea suyo. —El odio atado en sus palabras me hizo estremecer.
Tenía muchas ganas de llamar a Pedro y traerlo a casa. No quería hablar con ella. No si esto iba a ser una conversación del tipo “ataca a Paula”.
—Lamento que te sientas así. Cuando veas a Benja sabrás que no hay duda de que también le pertenece. Es un mini-Pedro. —Me enojé conmigo misma por haber tomado su cebo y defenderme.
En la mención de Benja pude ver a Daniela hacer una mueca de dolor. Al parecer odiaba la idea de que tuviéramos un niño u odiaba que también fuera mi hijo y no quería sentirse conectada a eso. No lo sabía. 
—Iré a buscar el teléfono y llamaré a Pedro para decirle que estás aquí. Por favor, sírvete algo de beber o comer, si lo deseas. Sabes dónde está todo.Me dirigí a la escalera.
—Espera. No quiero ver a Fede. Dile que no traiga a Federico—dijo con voz tensa.
—Está bien. Lo haré —respondí. Sabía con seguridad que Federico no quería verla tampoco, pero no le haría saber que conocía toda su historia. No tocaría ese tema.
Corrí por las escaleras y fui a buscar mi teléfono. Llamaría a Pedro y luego iría a ver a Benja... tal vez podría matar todo el tiempo a solas con ella, aquí escondida. Tomé el teléfono y marqué el número de Pedro.
—Hola, nena, ¿todo bien? —preguntó cuándo contestó.
—Em... depende de lo que consideres bien —dije—. Tu hermana está aquí.
—Da la vuelta, hombre. Tengo que ir a casa ahora —dijo Pedro a Federico—.Estoy en camino. ¿Estás bien? ¿Está siendo amable? ¿La dejaste entrar?
 —Sí, no realmente, y sí —contesté.
—No está siendo amable. Mierda, Paula. Lo siento. ¿Por qué la dejaste entrar?
—Bueno, porque es tu hermana. No iba a negarme a dejar entrar a tu familia en tu casa.
Pedro respiró hondo. Sabía lo que eso significaba. Se sentía frustrado. 
—Paula. Si alguna vez escucho que la llames mi casa de nuevo me pondré furioso. Esa es nuestra casa. Nuestra maldita casa. Si no quieres dejar a alguien entrar, entonces no lo hagas. Llámame y pueden esperar en las malditas escaleras hasta que llegue. Sólo quiero que te sientas cómoda en tu hogar.
—Está bien. Bueno, la dejé entrar porque la amas y te amo. ¿No es eso una buena razón?
Pedro soltó una risa baja. —Daniela es, y probablemente será siempre, la única persona que amo y no espero que seas agradable con ella. Tiene que ganarse esa mierda y no lo ha hecho. Puedes echarla, patearle el culo, lo que quieras. No te pongas a soportar su boca diciendo mierda.
Decidí no decirle sobre su acusación, de que Benja podría no ser suyo. Se volvería loco. —Sólo date prisa —supliqué.
—Cinco minutos —prometió.
Colgué el teléfono y lo metí en mi sostén deportivo antes de ir a ver a Benja.
Abrí la puerta y me asomé para encontrarlo dando patadas y balbuceando con las criaturas marinas que colgaban del móvil. Sonriendo, me acerqué y sus pequeños ojos se movieron hasta fijarse en mí. Dio una patada más dura en cuanto me vio y mi corazón se apretó.
—Esta no fue una muy buena siesta —dije, inclinándome para recogerlo—. Ni siquiera llegué a hacer algo de yoga y la parte inferior de mamá necesita un poco de ejercicio.
Su pequeña cabeza trató de esconderse en mi pecho. No era el momento para darle de comer, pero cuando despertaba, él siempre quería meterse en mi camisa. Al igual que su padre. Sonriendo, lo acerqué al mudador para cambiarle pañal y ponerle uno limpio mientras lloraba. Odiaba que lo cambiara.
Lo levanté y besé sus labios fruncidos. Las lágrimas se detuvieron y abrió la boca tratando de conseguir algo de comer nuevamente. —Ahora no, señor. Acabas de comer hace una hora —dije antes de salir por la puerta.
No quería llevarlo abajo. Tenía miedo de lo que Daniela dijera sobre él. No creía poder lidiar con eso, si ella era mala con mi bebé. 
La puerta sonó y deje escapar un suspiro de alivio. Pedro había llegado a casa.
—Papá está en casa —susurré.
Llevé a Benja abajo y escuché las voces de Pedro y Daniela. No fue difícil. Ella ya elevaba su voz. Pedro debió haber empezado a regañarla por hacerme sentir incómoda. 
Decidí no llevar a Benja a la cocina para oír a su padre gritar. Salimos por la puerta principal. Él amaba ir afuera y mirar las olas. El viento marino ahogaría todas las palabras molestas de Daniela.
Caminamos bajo la casa y salimos hacia la playa.
—Paula, ¿podrías traer a Benja? —preguntó Pedro mirándome desde el porche. Al parecer, quería que su hermana conociera a Benja y estuviera a su alrededor. 
Lo entendía, pero ella me odiaba, por lo que podría no ser conveniente.
Me detuve y miré a Benja.
La mamá en mí quería tomarlo y correr al segundo piso y encerrarnos con seguridad dentro de su habitación. Pero él era hijo de Pedro también. Le di un beso en la sien. 
—La hermana de papi, Daniela, no es muy agradable. Vas a tener que aprender a pasar por alto eso —susurré en su oído, más para mí, puesto que no tenía idea de lo que decía.

***

Cuando llegué al escalón más alto, Pedro me esperaba. 
—Si quieres que lo lleve y no entrar ahí, lo comprendo. Pero si quieres entrar, te juro que ella se comportará o la echaré de esta casa.
No enviaría a mi bebé solo para afrontar al lobo feroz. Si tenía que enfrentarse a Daniela, yo también lo haría. Lo mantuve apretado a mí y sacudí la cabeza. 
—Quiero estar con él.
Pedro asintió. Pude ver en su mirada que entendía. Abrió la puerta para nosotros y dio un paso atrás para que pudiera entrar con Benja.
Daniela se encontraba sentada en un taburete con una expresión enojada en su rostro. Giró y sus ojos fueron directo a Benja. 
Pude ver el momento en que se dio cuenta de cada rasgo, que era un pequeño Pedro. 
Ni siquiera tenía mis ojos. Él era todo Pedro.
 —Supongo que es tuyo, después de todo —dijo. Me detuve y di un paso atrás chocando contra el pecho de Pedro. Su brazo se deslizó a mi alrededor,manteniendome allí.
—Querías verlo. Ten cuidado con lo que le dices a su madre. Discúlpate por el último comentario tonto o te acompaño a la puerta.
Los ojos de Daniela estallaron de furia y tuve la sensación de que acababa de comenzar algo que realmente no necesitábamos en nuestra casa. Pero respiró hondo y alzó los ojos llenos de odio hacia mí. —Lo siento —espetó. No quiso decirlo realmente, pero que Pedro la obligara a hacerlo, valió la pena.
—¿Puedo cogerlo? —preguntó Daniela, levantando la mirada hacia a Pedro.
Me puse tiesa como una tabla. Si le decía que sí, iba a huír con Benja. Había muchas otras cosas que podía pedirme, no esa.
—Probablemente no sea una buena idea. Contigo mirando a su mamá de esa forma, no creo que vaya a sentirse segura.
Daniela frunció el ceño. —Él es tu hijo, también.
—Lo es. Pero Paula es su madre. No la haré hacer algo con lo que no se sienta cómoda.
—Dios, Pedro, ¿dónde están tus bolas?
—Es la segunda, hermana.
Daniela rodó los ojos y se levantó del taburete. Volvió a mirar a Benja y sus ojos se suavizaron un poco. Era difícil no amarlo. Él era tan hermoso como su padre. 
—A mamá le encantaría conocerlo —dijo Daniela, tirando la correa de su bolso hacia arriba por el brazo—. Al menos deberías enviarle una foto.
—Mamá no le importaban una mierda sus propios bebés, Daniela. Ya lo sabes. ¿Por qué iba a preocuparse por el mío?
Daniela no se inmutó. Se encogió de hombros. 
—Buen punto.
Benja comenzó a quejarse en mis brazos. Trataba de llegar a su alimento otra vez. Lo cambié de brazo y Pedro estiró las manos hacia él. —Dámelo. No estará pensando en la leche cuando lo sostenga.
Se lo entregué e inmediatamente se calmó y observó a Pedro. Estaba fascinado con su padre.
—Eres bueno con él. No me sorprende. Has estado jugando al papá desde que tengo memoria —dijo Daniela. Fue lo único agradable que dijo desde que llegó.
—Sólo soy bueno en esto porque he visto a Paula. Me enseñó todo.
A Daniela no le gustó esa respuesta, y no era verdad. 
Él había sido innato desde el primer día. Empecé a discutir cuando Daniela apartó el taburete raspando por el suelo.
 —Sólo quería ver al niño y hacerte saber que estoy mejor. Si quieres verme, estaré en la ciudad por unos días. No estoy de humor para más unión con tu pequeña familia, así que tenlo en cuenta.
Observé cómo salía de la cocina, por el pasillo hacia la puerta, sin decir nada más. Pedro no respondió.
—Y ella sigue siendo una perra —murmuró Pedro.
Giré para mirarlo y fruncía el ceño. 
—Siento que te hablara esa manera —dijo.
—Ignoré todo lo que dijo. Quiere que sea la villana y temo que siempre lo hará. Está bien. No me casé con ella —contesté.
Benja oyó mi voz, y movió la cabeza para mirarme antes de comenzar a llorar. Me quería por mis pechos. Sonreí y extendí las manos para tomarlo. 
— Tendré que alimentarlo, está decidido a comer otra vez. No debe haberse llenado la última vez.
Pedro me lo entregó. —Mierdecilla con suerte.
Le di una patada y comenzó a reír, con esa sonrisa llena que me encanta.
—¿Tienes hambre? —preguntó.
—Sí. Muero de hambre. ¿Puedes hacerme un sándwich? —pregunté antes de caminar hacia la sala de estar para sentarme más cómoda en el sillón.
—Cualquier cosa por ti —respondió.




Fin

CAPITULO 133





Pedro

Me incliné y apagué el monitor en cuanto escuché a Benja empezar a moverse. Esta noche Paula iba a dormir aunque tuviera que pasarme toda la noche paseando por la casa con el pequeñín para distraerlo de comer.
Bajé de la cama y me puse un par de calzoncillos y una camiseta y me apresuré escaleras abajo antes de que empezara a llorar. 
Incluso con el monitor apagado, Paula sería capaz de escucharlo. Esperaba haberla agotado lo suficiente
como para que durmiera a pesar del ruido.
Encendí el móvil de la cuna cuando entré en el cuarto y dejó de quejarse. Le gustaba escucharme cantar. Paula decía que siempre paraba de chupar cuando me oía hablar y se quedaba inmóvil escuchando. Me gustaba eso.
Mientras caminaba hacia la cuna, sus pequeños ojos se mantuvieron fijos en mí, e incluso aunque todavía no sonreía exactamente, podía ver en sus ojos que estaba emocionado por algo. Normalmente los pechos de Paula lo excitaban, pero a mí también, así que no podía culparlo por eso.
—Oye, amiguito, ¿cuándo vas a entender que cuando está oscuro afuera se supone que tienes que dormir? —le pregunté, inclinándome sobre la cuna para cogerlo.
Se removió en mis brazos y luego movió la cabeza para ver mi cara.
 —Estás atrapado conmigo esta noche. Mami necesita dormir, incluso si tú no lo haces. La estás agotando.
Dejé las luces del móvil encendidas y me fui a sentar con él en la mecedora.
—Vamos a observar la luz de la luna sobre el agua y las rocas hasta que decidas que es hora de dormir de nuevo.
Benja apoyó su cabeza en mi pecho cuando lo coloqué en mi regazo, y nos mecí. Me pregunté qué pensaba su pequeña mente sobre la vista. ¿Quería salir allá fuera y tocar la arena o sentir el agua? No podía esperar a que pudiera hablarme y decirme qué estaba pensando.
Nos mecimos por casi una hora, y seguí esperando a que empezara a quejarse esperando a Paula, pero nunca lo hizo. Bajé la mirada para ver sus pequeños párpados cerrados y su respiración lenta y tranquila. Habíamos pasado por este desvelo sin mami. Me sentí como si hubiera logrado algo.
Caminé suave y lentamente a la cuna y lo acosté. Cuando estuve seguro de que iba a seguir durmiendo, me dirigí a la cama. Papi había tenido éxito.

***

La siguiente vez que Benja decidió que quería atención fue después de las siete de la mañana. Paula se sentó derecha en la cama cuando escuchó su llanto y miró el reloj.
—¡Oh, Dios mío! ¿Empieza a llorar ahora? —preguntó, luchando por salir de la cama, desnuda. 
Crucé los brazos por debajo de mi cabeza y observé la vista
mientras ella corría a través del cuarto buscando algo que ponerse. 
Realmente estaba disfrutando de sus nuevas caderas. Se curvaban de una forma tan jodidamente sexy que era difícil pensar bien cuando caminaba a mi lado y se balanceaban.
—De hecho, no. Él y yo tuvimos un tiempo de acercamiento anoche. Le expliqué que necesitabas algo de descanso y estuvo bien con eso. Creo que lo entendió.
Paula dejó de buscar ropa y me miró con la boca ligeramente abierta. —¿Te levantaste con él y lo volviste a dormir sin que yo lo alimentara? ¿Y estuvo bien con eso? —Me encogí de hombros.
—Estuvo de acuerdo con que estabas un poco gruñona y necesitabas dormir un poco más.
Una pequeña sonrisa se colgó de sus labios y puso las manos en esas caderas que tanto me gustaban. 
—¿Así que piensas que estoy gruñona, eh? Anoche no parecía muy gruñona, ¿no? ¿Cuando tenía tu polla en la mitad de mi garganta? Santa mierda. 
—Maldita mujer. Tienes que alimentar a nuestro hijo. No
hables así. Voy a perder la cabeza antes de que ese médico me haya dado luz verde.
Paula rió y se inclinó para recoger el camisón que iba a ponerse anoche y que nunca llegó a tocar. Su culo se elevó en el aire y tuve que contenerme a mí mismo para no abalanzarme sobre ella.
El sedoso material se deslizó por su cuerpo y paró a mitad de muslo. Me lanzó una sonrisa sabedora y se giró hacia las escaleras. 
—Ahora llevaré a mi yo gruñón escaleras abajo —respondió.
Observé sus caderas balancearse y el camisón abrazarse a ellas con cada paso que daba. Cuando finalmente salió de mi vista, salté de la cama y me dirigí a la ducha. 
Necesitaba la puta ducha más fría que pudiera soportar.

martes, 21 de enero de 2014

CAPITULO 132



Paula

Necesitaba salir de la casa. Pedro no quería llevar a Benja a ningún lugar y como yo era su fuente de alimento, entonces no podíamos estar tanto tiempo separados. Todavía se negaba a tomar del biberón. Había tratado de bombear la leche y alimentarlo, pero no estaba funcionando. 
Él sólo me quería a mí. Lo que era dulce, pero su padre era tan sobreprotector que se enojaba si la gente se acercaba y quería sostenerlo.
Estaba preocupada de que en el momento en el que mis seis semanas se terminaran y estuviera bien que tuviéramos sexo otra vez, él no fuera capaz de soportarlo. Tenía que hacer algo para llegar al límite o iba a explotar.
La primera semana fue fácil quedarse en casa. Estaba cansada y Benja no dormía mucho por la noche, así que no era físicamente capaz de salir durante el día. 
Me había sentido mal por no ir al funeral del señor Kerrington. Amigo era mi amigo y yo odiaba que hubiera perdió a su padre de forma tan inesperada. 
Pedro me aseguró que Antonio estaría bien después de que me puse a llorar cuando me enteré de la noticia. Yo no conocía al señor Kerrington, así que mi única excusa
para llorar era que estaba teniendo problemas hormonales llamados melancolía de la maternidad. O al menos eso es lo que mi médico me dijo.
La necesidad incontrolable de llorar se fue el día en que fui capaz de abrochar mis vaqueros pre-bebé sin ningún problema. 
Había entrado al cuarto de Benja y lo había arrullado durante una hora mientras dormía, que era algo que su
pediatra me había dicho que no hiciera. Lo iba a malcriar. Era tan difícil a veces.
Quería recordar estos días. Él estaría corriendo alrededor de la casa muy pronto.
Cuando Benja tenía un mes puse mi pie en el suelo y le dije a Pedro que era hora de que fuéramos a algún lugar con él. Pedro acordó que tenía que superarlo, pasamos más de una hora juntando todos sus suministros sólo para ir a cenar al club. En el momento en que llegamos a casa estaba tan cansada que pensé que tal vez no iba a funcionar. Podríamos quedarnos en casa hasta que fuera destetado.
Entonces con ese pensamiento rápidamente me eché a llorar porque era una madre horrible.
Pedro tomó a Benja y lo puso en la cama mientras yo iba a tomar una ducha.
Tenía el sueño atrasado. Tenía que dejar de amamantar a Benja en la noche al igual que su pediatra sugirió, pero había sido débil y seguía haciéndolo. Tenía que detener esto.
Salí de la ducha y me paré frente al espejo. Mis caderas eran más anchas ahora. Estaba segura de que siempre sería así. Había estado utilizando toda mi ropa de antes del embarazo pero no me veía como solía. Mi cuerpo ahora era un cuerpo madre.
—Demonios. He estado tratando de no mirarte desnuda porque estoy esforzándome para no recurrir a tomar el asunto en mis propias manos, pero joder... eres hermosa.
Oír el deseo en su voz hizo maravillas en mi autoestima. Quería sentirme atractiva de nuevo. Quería tener sexo de nuevo. Teníamos dos semanas más hasta la cita con el doctor. No estaba segura de poder durar tanto tiempo.
Me di la vuelta y caminé hacia él. El sexo podría estar fuera de los límites, pero asegurar que mi hombre fuera feliz no lo estaba. Me apoyé en la punta de mis pies y presioné mis labios a los suyos y luego mordí su labio inferior. 
Estaba cansada de ser dulce y romántica. Quería ser mala.
Tiré de su camisa y besé su pecho sonriendo para mis adentros mientras su respiración se detenía y tomaba un mechón de mi cabello. Le desabroché los vaqueros y los empujé hacia abajo, alrededor de sus tobillos, junto con sus bóxers.
Su erección se levantó con orgullo y mi boca se hizo agua. Él era tan hermoso.
Incluso esta parte de él lo era. Pasando una mano alrededor de la base de su pene, me deslicé la punta en la boca y presioné hasta que la cabeza golpeó la parte posterior de mi garganta.
—Santa jodida mierda, Paula —gimió, cayendo contra el marco por apoyo.
Enterró sus dos manos en mi pelo y me mantuvo allí. Me aparté dejando su polla libre de mi boca con un sonido pop y luego tenté su cabeza con la lengua. 
Sus maldiciones y gemidos sólo me excitaron más.
—Chúpalo, Dios, por favor, nena, chúpalo profundamente otra vez — suplicó, empujando mi cabeza hacia abajo sobre él hasta que la punta una vez más se deslizó en mi garganta. Me atraganté y disfruté del gemido de placer que salió de Pedro. Estaba disfrutando escuchándome engullirlo. Me estaba excitando a mí misma.
Dejé caer mi mano para deslizarla entre mis piernas y dejar controlar a Pedro cuánto de su polla entraba en mi boca con su agarre en mi cabello. —Joder, ¿te estás tocando a ti misma? —preguntó, jadeando mientras se retiraba de mi boca.
Saqué la lengua y la dejé deslizarse por su cabeza antes de asentir. Entonces abrí la boca y lo miré fijamente mientras la dirigía de nuevo adentro. —Yo quiero jugar con ese coño —gruñó Pedro—. No te corras.
Estaba muy cerca de venirme, así que no estaba segura de que pudiera prometer eso. Él comenzó a moverse dentro y fuera de mi boca más rápido. Su respiración se aceleró y su maldecir empeoró. Estaba a punto de explotar.
—Necesito correrme —dijo, tirando de mi boca. 
Me agarré de la parte posterior de sus muslos y lo mantuve allí dentro—. Paula, nena, voy a venirme jodidamente en tu boca si no me dejas ir.
Aspiré con fuerza sobre él y lo bombeé dentro y fuera de mi boca. Lo sentí apretarse en contra de mi lengua y sus dos manos agarraron la parte posterior de mi cabeza. Oí el rugido construyéndose dentro de él justo antes de que la primera ráfaga caliente golpeara la parte trasera de mi garganta.
—Mierda, nena. Chúpalo, tómalo... sí, tómalo... hijo de puta eso es increíble — cantaba mientras su cuerpo se contraía bajo mis manos y mi boca.
Mis muslos estaban empapados de mi excitación. Empecé a deslizar una mano por allí cuando Pedro sacó su pene, me recogió y me llevó a la cama, tirándome hacia abajo. Sabía que no se suponía que tuviéramos sexo todavía, pero
ahora mismo no me importaba. Me sentía curada allí abajo. Nada se sentía diferente.
Pedro empujó mis piernas y luego su cabeza bajó, su lengua salió a lamer la humedad en el interior de mis muslos. Yo temblaba mientras se acercaba a mi calor. 
—Voy a comerme este dulce coño hasta que estés pidiendo que me detenga —amenazó justo antes de deslizar la lengua entre mis pliegues y luego movió su piercing por encima de mi clítoris. Me encantaba la forma en que lo hacía. Había pasado un tiempo. Agarré su cabello y lo sostuve sobre mi clítoris. Él se rió y la vibración me hizo gritar de placer.
—Mi codiciosa niña —murmuró presionando besos cerca de mi entrada, antes de deslizar su lengua dentro de mí y frotar mi clítoris con la yema de su pulgar. Mi primer orgasmo me golpeó duro y tiré de su cabello, lo que hizo que gruñera hambriento y siguiera lamiéndome.
—Quiero más —susurró, sonriéndome con malicia. Mis piernas se sentían como fideos mientras las dejaba caer abiertas—. Así es. Abre —me elogió. Dios, haría cualquier cosa que este hombre quisiera.
En mi estado relajado y satisfecho, su pulgar se deslizó dentro y fuera de mí.
Luego lo dejó correr hacia atrás hasta que encontró otro agujero. Uno que no estaba segura de querer que tocara.
—No te tenses. No voy a hacerte daño. Sólo quiero hacerte sentir bien — prometió. Me relajé, confiando en él mientras deslizaba la punta de su dedo en mi interior, mientras que se burlaba de mi clítoris con la lengua. 
Me sorprendí a mí misma empujando hacia el pulgar tratando de tenerlo más profundo y Pedro gimió en señal de aprobación mientras seguía trabajando con el pulgar dentro y fuera de mi culo mientras me hacia el amor con la lengua.
Hubo un nuevo tipo de orgasmo construyéndose. No lo entendía, pero era más fuerte. Lo quería. 
—Pedro, necesito… —rogué, no estaba segura de lo que
necesitaba.
Deslizó el pulgar de nuevo en mi calor húmedo, luego lo llevó hacia atrás para meterlo en el agujero apretado que me estaba volviendo loca. —Sé lo que necesitas, dulce Pau, y te lo voy a dar —dijo antes que lamer mi clítoris, volviendo al pequeño agujero con el que estaba tan decidido a jugar. 
Su lengua lo rodeó antes de volver a mi clítoris y tirando de él en su boca mientras deslizaba el pulgar dentro de mí.
Exploté. Fuegos artificiales aparecieron en mi interior y grité el nombre de Pedro una y otra vez mientras mi cuerpo convulsionaba debido al placer puro que corría a través de mí. Nunca había sentido nada igual. No había palabras para describirlo.
Cuando por fin regresé a la Tierra y logré abrir los ojos, Pedro se estaba arrastrando encima de mi cuerpo, acostándose a mi lado, y apretándome contra él.
—Necesito follarte, Paula. Lo necesito tan condenadamente mal —susurró.
Lo quería dentro de mí. No estaba segura de sí lo quería dentro de mí... ahí atrás. Su pulgar era mucho más pequeño que su polla.
—Quiero entrar en tu coño, nena. Deja de preocuparte por lo otro. Eso fue sólo para ti. Sabía que te ibas a sentir bien —me aseguró, y luego nos arropó a ambos con la colcha y rápidamente me quedé dormida contra su cuerpo caliente.

CAPITULO 131





Pedro

El era perfecto. Conté los diez dedos de sus pies y manos, mientras que Paula besaba cada uno. También era tan condenadamente pequeño. No me había dado cuenta de lo pequeños que eran los bebés.
—Tenemos que decidir el nombre ahora —dijo Paula, mirándome después de que finalmente se las arregló para sostener a nuestro hijo con cuidado.
Habíamos lanzado varias ideas en torno a los últimos tres meses, pero nada había parecido bien. Paula había dicho que era difícil nombrar a alguien que nunca habías visto por lo que accedimos a esperar hasta que él naciera para nombrarlo.
—Lo sé. Ahora que lo vimos, tenemos que darle un nombre. ¿En qué piensas? —pregunté, rezándole a Dios que ella no sugiriera Luca Horacio otra vez. Amaba a mi padre, pero no iba a nombrar a mi hijo como él.
—Creo que luce como a Joaquin —dijo, sonriéndole. Yo no era un fan de ese nombre.
—¿Aún estas en contra de Alfonso? —Pregunté.
Sonrió. —Quiero poner Alfonso en su nombre, pero si lo nombramos Alfonso, no podremos hacerlo. Alfonso Alfonso suena tonto.

—¿Qué tal Benjamin? ¿Podríamos llamarlo Benja? —preguntó. Él dejó de mamar y la miró como si lo hubiese llamado por su nombre. Supongo que habíamos tomado a una decisión.
—Benjamin Alfonso suena bien —concordé.
Ella sonrió hacia mí con alegría y bajó la cabeza para darle un beso en la nariz al bebé. —Hola, Benjamin. Bienvenido al mundo.
Quería abrazarlo, pero parecía que había decidido ir a dormir en vez de socializar. Paula lo levantó y lo puso sobre su hombro y le palmeó la espalda suavemente. Me quedé allí y observé con asombro. 
Ésto era mío. Mi familia. Y eran perfectos.
Cuando Paula estuvo satisfecha con su intento de que eructara, lo envolvió apretadamente en su manta y me miró. —Es tu turno, papi. Necesito descansar.Mis ojos se sienten pesados.
Estiré las manos y tomé a mi hijo de los brazos de su madre. Lo sostuve firmemente apoyado sobre mi pecho y aspiré su dulce olor a bebé. 
—Ven, pequeño. Vamos a ponernos cómodos allí y ver si podemos encontrar algo de baloncesto para ver en la televisión.

***

Benja durmió contento en mis brazos y Paula se había dormido muy rápidamente después de que me lo entregara. Podría quedarme en esta habitación con ellos dos así para siempre. El solo hecho de que estuvieran cerca de mí y
sabiendo que estaban seguros hacia todo perfecto.
Un suave golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos. Me volví hacia ella para verla abierta, y entraron varios globos azules antes de ver la cabeza de Isa detrás de ellos. Se había quedado el mayor tiempo que pudo.
—Está bien, papá, me doy cuenta de que lo estás pasando genial, pero tienes que compartir. Ambos abuelos están en la sala de espera aguardando pacientemente —susurró después de ver a Paula dormir.
—No quiero molestar a Paula. Está exhausta. Llevare al bebé al ventanal en el cuarto de enfermeras. Haz que todos nos vean allí.
Isabel miró al bebé con nostalgia. Sabía que quería abrazarlo, pero todavía no estaba listo. No estaba tan seguro de que no lo dejaría caer. No estaba tan seguro de poder confiar en nadie para sostenerlo. Acurrucándolo más cerca de mí me pregunté cómo diablos se suponía que debía dejar que la gente viniera a mi casa y sostuviera a mi hijo.
—La enfermera me dijo que lo llamaron Benjamin. Me gusta —dijo.
—Le vamos a decir Benja.
Asintió y luego se dirigió de nuevo a decirle a todo el mundo dónde ir. No me importaba mostrarles a Benja a través de la seguridad de una ventana, pero no iba a dejar que todos respiraran sobre él y lo tocaran. Demasiados gérmenes. 
Era demasiado pequeño para esa mierda. Él necesitaba un poco más de carne antes de que tuviera que hacer frente a los microbios.
Entré en el cuarto de niños y nos registramos con una enfermera. Le expliqué que estaba allí para mostrar al bebé a sus familiares a través del cristal.
Cuando se dio la vuelta y vio a Luca de pie en la ventana quedó boquiabierta.
—Oh, Dios mío. ¿El bebé Alfonso es familiar de Luca Alfonso? Luca Alfonso de Slacker Demon? Asentí. —Sí. Es su nieto y realmente necesito mostrarle a Benja a su abuelo.
Ella se apresuró a hacer un camino para mí y me siguió hasta la ventana para mirar boquiabierta a mi padre. 
Luca, sin embargo, se centró por completo en Benja. Levantó el pulgar y me guiñó un ojo. Miguel tenía lágrimas en los ojos y asintió.
Federico estaba justo allí al lado de mi padre sonriéndole a Benjamin. Isabel estaba efusiva acerca de mi niño y Jose estaba asintiendo en acuerdo.
Marcos se abrió paso entre la multitud para conseguir una mirada de él y puso su mano en su cadera y sonrió a Benja. Entonces me miró y me dio el visto bueno como aprobación. Esta era nuestra gran familia. Puede que no tuviéramos
hermanos o madres aquí con nosotros, pero había gente que nos amaba y que amaría a Benja.
—¿Crees que podría conseguir un autógrafo de Luca? —preguntó la enfermera a mi lado.
—Ve ahí y pregúntale. Lo estás atrapando en un muy buen estado de ánimo —dije antes de girar y llevar a Benja de vuelta con su mamá.