martes, 7 de enero de 2014
CAPITULO 99
Paula
Entré en la cocina para ver a Luca Alfonso fritando tocino y silbando la melodía de uno de los hits de Slacker Demon. No pude evitar la sonrisa que apareció en mi cara. Volteó su cabeza y su mirada se encontró con la mía. La expresión en su rostro era una que nunca había esperado ver en una estrella de rock famosa. Me recordaba a un padre.
—Buenos días, cariño. Te estoy haciendo a ti y a ese pequeño nieto mío algo de desayuno. Tuve ayuda, pero me temo que le dije a Pedro algo que no sabía y lo sorprendió un poco. Salió a hacer una llamada telefónica.
Volverá en unos pocos minutos —dijo mientras cocinaba el tocino y ponía cada rebanada en un papel de cocina sobre un plato.
Miré a las ventanas detrás de él para ver a Pedro hablando por teléfono atentamente. —¿Qué le contaste? —pregunté, interrogándome si debería ir a ver como estaba.
—Federico y Daniela han estado en algo por un tiempo. Daniela finalmente arruinó las cosas por última vez y se acabó. Pedro no sabía nada sobre eso.
Mi boca calló abierta mientras sus palabras se hundían. ¿Daniela y Federico? ¿En serio?
—Me sorprendió como el infierno a mí también. No pensé que ese chico fuera estúpido. Supongo que aprendió de la manera difícil que no porque sea bonita significa que brilla.
Miré afuera a Pedro. Él estaba de pie y dejando caer su teléfono en el bolsillo.
Me pregunté si había llamado a Daniela o a Federico.
—¿Por qué no tomas asiento y me dejas prepararte un plato? ¿Te gusta el jugo de naranja, la leche o ambos? El bebé probablemente necesite un poco de ambos.
Volví mi atención de regreso hacia Luca mientras él estaba de pie sosteniendo un plato con tocino, huevos y waffles en él. ¿Había cocinado todo eso para mí?
—Guau, luce delicioso —respondí.
—Lo es. Hice un desayuno asesino. Ahora ve a sentarte y déjame alimentarte.
Mordí mi labio inferior para evitar sonreír como una idiota y tomé un asiento en la mesa. Pedro abrió la puerta y entró otra vez justo en el momento en que su padre ponía un plato frente a mí.
—No te preocupes por tu bonita prometida. Lo tengo todo arreglado.
Pedro sonrió con suficiencia a su padre y luego se dirigió a mí. Se inclinó y me besó en la cima de la cabeza. —Luces hermosa —susurró.
—¿Estás bien? —pregunté, incapaz de contener mi preocupación.
Necesitaba saber que no estaba molesto por Federico y Daniela.
—Sí, estoy bien. Creo que Federico entró en razón y todo va a estar bien.
Fruncí el ceño. ¿Federico entró en razón? ¿Qué quería decir?
—Hablaremos de eso más tarde. Come —dijo con un guiño y se acercó a prepararse él mismo un plato.
Luca puso un vaso de jugo de naranja y uno de leche frente a mí, y luego tomó asiento a mi izquierda.
Estaba sosteniendo una taza grande de café en sus
manos, pero eso era todo.
—¿No vas a comer? —pregunté mientras él tomaba de la humeante taza.
Sacudió su cabeza. —No. Sólo bebo en el desayuno.
Pedro puso su plato al otro lado de mí. Lo había llenado con todo lo que sobraba. Al parecer, tenía hambre.
—Lo siento, no pude ayudarte a terminar, pero gracias por cocinar.
—Me alegra haberlo hecho. Ha pasado bastante tiempo desde que te preparé el desayuno —respondió Luca.
Me gustaba ver a Pedro con su padre. Parecían normales. Estaba llegando a ser parte de su familia de esta manera. Dudaba que alguna vez pudiera obtener esta oportunidad con su madre y su hermana, pero su padre parecía aceptarme.
—Ahora que sé que puedes cocinar, voy a tomarte como voluntario para ayudarme con la cena de Acción de Gracias —le informé a Luca.
Él sonrió. —Me encantaría. Han pasado años desde que he tenido una de esas, también. Tengo muchas ganas de pasarlo con ustedes dos.
La sonrisa de satisfacción en el rostro de Pedro me hizo poner cálida. —Iré a la tienda de comestibles hoy a comprar el resto de nuestros suministros.
—Iré contigo —replicó Pedro.
—No, te quedarás aquí con tu padre. Podrían ir a jugar un partido de golf o algo. Puedo coger lo que necesitamos sola. Además, creo que Isabel quiere compañía. Va a hacer la cazuela de maíz y pastel de calabaza para mañana.
—Me niego al puto golf. Pero pasar el día poniéndonos al tanto suena bien.
Podríamos ir a Destin y ver la nueva película de James Bond. He estado esperando para verla. Incluso te llevaré a almorzar.
Podía decir por la mirada en el rostro de Pedro que no quería ir y sabía que sólo era porque odiaba estar tan lejos de mí. Me estiré y apreté su mano con fuerza.
—Eso suena divertido. Vayan a hacer eso, y yo voy a tener tiempo para estar con Isa.
Pedro asintió, pero me di cuenta que no había querido ceder. Tomé un bocado de mis huevos y sonreí más a Luca. —Son tan buenos. Gracias.
Él me sonrió. Me alegré de que estuviera aquí. Estas fiestas no estarían completas sin nuestros padres.
***
—Por favor, Paula. Te lo estoy rogando, por favor. —Isa se paró frente a mí rebotando en sus pies con sus manos entrelazadas delante de ella como si estuviera rezando. La mirada suplicante en sus ojos casi me hizo reír.
—¿No creciste aquí? ¿Cómo es que nunca has conocido a Luca antes? —le pregunté mientras tomaba una bolsa de papel de la parte trasera del Range Rover.
—Soy una persona pobre. ¡Lo sabes! Yo trabajo para los ricos, no me relaciono con ellos. Vamos, sé que lo veré mañana, pero quiero conocerlo ahora.
Mientras Jose no está aquí para verme desmayar.
Hice ruido de arcadas. —Él es demasiado viejo para provocar eso. ¡Qué asco!
—Estás bromeando, ¿verdad? La última novia de Luca Alfonso tenía veintiuno. Alguien como él nunca es demasiado viejo para eso.
No estaba de acuerdo. Luca estaba cerca de los cincuenta años. Tenía que estarlo. ¿Por qué estaba saliendo con alguien más joven que su hijo? Era repugnante.
—¿Planeas dejar a Jose para convertirte en una muesca en la cama de Luca? —bromeé y me dirigí a la puerta de entrada de la casa de playa.
—Por supuesto que no. Sólo quiero… —Ella se detuvo y cogió una bolsa, luego subió por las escaleras detrás de mí—. Sólo quiero conocerlo. Ver esos ojos y respirar su mismo aire.
Esta vez me reí. No pude evitarlo. Me hacía descostillar de la risa. —Es un tipo normal. También es el padre de Pedro y dudo que Pedro quiera que vengas a la casa actuando como una completa y total fanática. Así que tienes que calmarte antes de la cena de Acción de Gracias. No es un lugar para que puedas desmayarte sobre mi futuro suegro.
—Es una locura. Lo sabes, ¿verdad? ¡Malditamente loco! Tener a Luca jodido Alfonso como suegro. Las mujeres de todo el mundo quieren follarse al hombre. Tú vas a ser su familia.
Me encogí y abrí la puerta de la casa. A veces Isabel podía ser demasiado.
Esta era una de esas veces. —Vamos a descargar las provisiones y hablar del menú de mañana. Entonces puedo decirle todo acerca de cómo me voy este fin de
semana a Los Ángeles con Pedro y su padre. Daniela está causando problemas con Mateo.
Isabel se apresuró a entrar después de mí.
—¿Te vas? ¿Este fin de semana?
¡No puedes dejarme! ¡Ni siquiera por Luca! ¡No!
Por lo menos saqué de su cabeza lo de follarse a Luca. Puse mi bolso sobre el mostrador y me volví para mirarla.
—Pedro necesita ir, así que me voy con él.
Además, si no voy, no creo que él lo haga. Su padre le pidió ayuda con el problema de Daniela.
Isabel puso mala cara y se sentó en el taburete frente a mí. —Esto es una mierda. No quiero que te vayas.
Cuanto más pensaba en ello, tampoco quería irme yo. Pero no iba a dejar ir a Pedro sin mí. Lo echaría de menos como una loca. Esta también sería una oportunidad para llegar a conocer a su padre. Estábamos a punto de tener nuestra
propia familia y quería que su padre fuera parte de eso.
No había oído de mi padre desde que vino a decirme que no era el padre de Daniela. Me había llamado una semana después de que se fue para decirme que se dirigía a los Cayos de la Florida para encontrar un bote y vivir en él. Quería estar solo. También me dijo que me amaba.
Traté de no pensar más en mi padre. Sólo me hacía estar triste. Debería haberle dicho que lo quería, pero no lo hice. Lo dejé ir.
Ahora, pensando en las fiestas sin él, me sentía triste. Había encontrado mi casa, pero él había perdido la suya.
—¿Has oído algo de lo que dije? —preguntó Isabel irrumpiendo mis pensamientos.
Levanté la mirada hacia ella. —Lo siento. Estaba pensando en mi padre, — admití. Entonces agarré la lata de judías verdes y empecé a guardar.
—Oh. ¿Estás pensando en invitarlo?
Era demasiado tarde ahora. No estaba segura si Pedro estaría bien con eso si lo hiciera. No habíamos discutido mucho sobre mi padre. Sacudí la cabeza y me volví para agarrar la caja de azúcar en polvo.
—No. Sólo pensaba en él en general.
Me preguntaba qué estará haciendo —contesté.
lunes, 6 de enero de 2014
CAPITULO 98
Pedro
Paula no estuvo de acuerdo con mi idea de quedarnos en nuestra habitación desnudos todo el día. Insistió en que nos vistiéramos y pasáramos el tiempo con Luca. Yo opinaba que él entendería mi deseo de permanecer encerrado con Paula, pero ella discrepó.
Así demostró lo poco que sabía de la vida de mi padre como estrella de rock.
La dejé secándose el pelo y me dirigí escaleras abajo para comenzar a preparar el desayuno. Ella no había comido mucho anoche en la fiesta, luego había vuelto a casa y se fue a dormir antes de que pudiera cenar.
Luca estaba de pie en la cocina sacando artículos de la nevera y colocándolos en la isla.
Me quedé ahí y lo observé un momento tratando de
averiguar qué estaba haciendo. Sacó la leche, luego hizo una pausa y me miró.
—Buenos días. No estaba seguro de que saldrías de la habitación hoy, por la forma en que la perseguiste anoche escaleras arriba cuando se fue.
Iba a tentarlos a ambos con el desayuno.
Me apoyé atrás del mostrador y crucé los brazos sobre mi pecho.
—Traté de mantenerla arriba conmigo. Insistió en venir a verte —expliqué.
Luca rió. —De tal palo, tal astilla.
—Yo no soy como tú. La mujer que deje embarazada llegará a quedarse en mi corazón. Me casaré con ella y pasaré el resto de mi vida haciendo todo lo posible por hacerla sonreír.
Luca cerró la puerta de la nevera y me estudió. Podía decir que él no esperaba que palabras como esas salieran de mi boca. La última vez que había pasado tiempo con él había tenido una chica diferente en mi cama todas las noches.
—¿Qué la hace diferente? Has estado con muchas chicas. ¿Por qué ella? —Si él no estuviera verdaderamente curioso, me habría cabreado. Pero sólo me conocía antes de Paula.
—Cuando entró en mi casa por primera vez y puse los ojos en ella, me sentí atraído. Esa parte fue fácil. Pero luego llegué a conocerla. No era como cualquier otra chica que hubiera conocido alguna vez. Estaba tan decidida cuando debería haber estado desanimada. Su vida le había dado una mierda y estaba luchando por vivir. No estaba dispuesta a dar marcha atrás o rendirse.
La admiraba. Entonces logré probarla y me hundí.
Ella es todo lo que quiero ser.
Una lenta sonrisa se extendió por el rostro de Luca y luego asintió.
—Bueno, está bien, entonces. Supongo que sabes más acerca de la vida que tu viejo porque ninguna mujer me hizo sentir así. Me alegra que lo encontraras.
Eso es raro, chico,así que agárrate fuerte. No va a llegar otra vez.
Nunca tuve la intención de dejarla ir. Luca miró a su alrededor.
—¿Dónde están los tazones para mezclar? Voy a hacerle a la mamá de mi nieto unos huevos revueltos.
Mi corazón se apretó. —En el segundo estante a la izquierda de la cocina.
—Tú haz el tocino. Ella necesita proteínas —dijo mientras conseguía un tazón.
No iba a discutir. Siempre me aseguraba de que comiera bien en las mañanas. —Querrá waffles, también. Tengo una plancha para eso —dije.
Luca asintió. —Es bueno saber que has estado cuidando de ella.
Trabajamos en silencio durante unos minutos. Quería preguntarle sobre Dani y Mateo, pero no quería que Paula bajara y fuera lo primero que escuchara. Me gustaba que disfrutara su desayuno. Hablar sobre Daniela nunca era una experiencia agradable.
—Supongo que sabes que Federico ha estado viendo a Daniela—dijo Luca mientras batía los huevos.
Me quedé helado. ¿Qué? ¿Lo había oído bien?
—Le advertí que estaba tan loca como su mamá y que necesitaba correr como el infierno. Sé que es tu hermana y la quieres, pero la chica es como un veneno. Un muchacho como Federico no necesita eso.
Él siempre ha sido un buen chico. Odio ver que lo mastica y lo escupe.
Todavía no podía encontrar las palabras.
Federico y Daniela... ¿cómo diablos había sucedido eso? Si alguien sabía lo inestable que era Dani, era Federico.
Había crecido viendo la mierda que había sido transmitida por mi madre y el padre que nunca la reconoció.
—Federico trató de venir a hablar con ella, pero huyó con un chico que había conocido en un club, justo en frente de él. Creo que se hartó. Se alejó de ella. O eso espero.
Finalmente bajé la mezcla de waffles porque había estado de pie allí sosteniéndola mientras miraba a mi padre como si estuviera hablando tonterías.
—¿Federico... estaba con Daniela? —La incredulidad en mi voz llamó la atención de Luca.
Se volvió para mirarme.
—Sí. Adivino por la mirada en tu cara que no lo sabías. Han estado saliendo por un tiempo, por lo que sé. El pobre hombre parecía realmente interesado en ella.
Pero Daniela es como su mamá. Federico tiene suerte de salir ahora.
—¿Cómo?
Luca sacudió la cabeza. —Me preguntaba lo mismo.
No podía hablar de esto con él. Salí de la cocina hacia las puertas dobles que conducían al porche trasero. Una vez que estaba fuera, saqué mi teléfono y marqué el número de Federico. Nos contábamos todo el uno al otro. Sin embargo, él había estado saliendo con mi hermana y nunca dijo una palabra.
—Hola, hermano —me saludó su voz alegre.
—Sé lo de Daniela —fue todo lo que dije.
Federico dejó escapar un suspiro de cansancio. —Tenía la esperanza de que yo podría contarte al respecto. Quería hacerlo. Es sólo que... ella no quería que lo hiciera, y luego tuvo el accidente. Entonces, bueno... se acabó.
Ha dejado muy claro que no quiere nada serio conmigo. No puedo soportar que se acueste con cualquiera. No fue sólo sobre sexo. Yo nunca habría hecho eso con Daniela. Ya lo
sabes. Realmente me gustaba. Tal vez me importaba demasiado.
Me dejé caer en la silla a mi lado y me quedé mirando el océano. —¿Por qué no me lo dijiste?
—Quería hacerlo. Ella me imploró que no te contara. Me importaba ella, Pedro. Quería que funcionaran las cosas. Hice lo que me pidió. Pero me sentía como una mierda mintiéndote al respecto.
¿Le había importado Daniela? Guau.
—Luca dice que has terminado con ella.
—Ella terminó conmigo. No puedo jugar a sus juegos.
Amaba a mi hermana, pero también quería a Federico.
Ella le rompería el corazón. No era buena para él. Mi padre tenía razón. Federico necesitaba a alguien que lo pudiera amar. No estaba seguro de que Daniela fuera capaz de eso. El alivio de que hubiera terminado con ella no era porque no los quería juntos, sino porque odiaba pensar en Daniela haciéndole a Federico, lo que mi madre hizo en su pasado a los hombres que la amaban. Federico merecía más que eso.
—Ella no puede hacer feliz a nadie hasta que encuentre una manera de ser feliz. Ahora tiene tanto resentimiento, que hará miserable a cualquier persona que se le acerque demasiado. No dejes que te haga eso.
Federico se mantuvo en silencio por un minuto.
—No siempre es una perra.
Una parte de mí estuvo enamorado de ella por un momento. Luego terminó por recordarme lo difícil que sería amarla.
—Amo a mi hermana. Pero te mereces más. Daniela no está completa. En realidad, no. Tiene demasiados problemas.
—Gracias. Pensé que esta conversación iría muy diferente. No esperaba que estuvieras preocupado por mí.
—Eres mi hermano. Quiero lo mejor para ti también. Quiero que tengas lo que yo tengo. Vé a buscar eso.
Federico dejó escapar una risa que sonaba como que no creía que eso fuera posible. —Esa es una tarea muy difícil de cumplir.
CAPITULO 97
Paula
Hablar sobre Acción de Gracias me recordó a mi madre. Ésta será mi primera festividad sin ella. Mientras más comprendía eso, más difícil se volvía respirar.
Forcé una sonrisa y me excusé antes de correr por las escaleras para tomar una ducha. Pedro necesitaba algún tiempo a solas con su padre, de todos modos.
Dejé que las lágrimas que estaba conteniendo cayeran libremente mientras me desnudaba y entraba en la regadera.
El agua caliente cayó sobre mí mientras lloraba. El año pasado había cocinado nuestra comida de Acción de Gracias y la habíamos comido juntas en el comedor.
Sin amigos o familia. Sólo nosotras dos.
También lloré esa noche. Porque muy en el fondo sabía que era mi último Acción de Gracias con mi madre.
Los recuerdos de años pasados, cuando Valeria y papá
estaban ahí, eran agridulces. Mi corazón dolía por todo lo que perdimos. No había pensado en nada que pudiera doler tanto, pero ahora sabía que estaba equivocada.
Enfrentar las festividades sin mi mamá iba a ser difícil. Ella amaba Acción de Gracias y Navidad.
Siempre comenzábamos a decorar la casa para Navidad en
el día de Acción de Gracias. Luego nos sentábamos y veíamos Blanca Navidad juntas esa noche mientras comíamos los sobrantes de pavo y boniato a la cacerola.
Esa era nuestra tradición. Incluso después de que perdiéramos a Valeria, y papá nos dejara.
Este año todo sería diferente. Sabiendo que Pedro estará conmigo y que estaba empezando una nueva familia de mi propio aliviaba el dolor.
Sólo deseaba que mi madre pudiera estar aquí para verme así de feliz.
La puerta se abrió y me giré para ver a Pedro entrar al baño. Estaba frunciendo el ceño. Se detuvo y me estudió un momento antes de quitarse su camisa y tirarla en el suelo de mármol. Luego desabrochó sus pantalones y salió de
ellos y de sus bóxers. Lo miré mientras entraba en la ducha.
—¿Por qué estas llorando? —preguntó, acunando mi cara en sus manos.
Sabía que la ducha había lavado mis lágrimas, pero mis ojos debían estar rojos.
Sacudí mi cabeza y le sonreí. No quería preocuparlo con mis emociones.
—Te escuché cuando abrí la puerta del dormitorio. Necesito saber por qué, Paula.
Suspire, puse mi cabeza en su pecho y luego le rodeé la cintura con mis brazos. Había perdido tanto, pero Dios lo había arreglado dándome a Pedro. Sólo necesitaba recordar cuán bendecida realmente estaba.
—El hecho de que es mi primer Acción de Gracias sin mi mamá como que me pegó —admití.
Los brazos de Pedro se apretaron a mi alrededor.
—Lo siento, nena — susurró en mi cabello mientras me sostenía.
—Yo también. Desearía que pudieras haberla conocido; quiero decir, ahora que eres mayor. Desearía que pudiera ver cuánto creciste.
—Desearía poder, también. Estoy seguro que era perfecta como tú.
Sonriendo, quería diferir. No era ni cerca de ser perfecta como mi madre.
Ella era una de esas personas especiales que el mundo no ve muy a menudo.
—Si el que mi padre esté aquí va a ser difícil para ti, lo mandaré a lejos.
Quiero hacer de esto un buen recuerdo para ti. Todo lo que pueda hacer para ayudar, sólo dímelo y lo haré.
Lágrimas gotearon libremente por mi cara de nuevo. Las estúpidas hormonas del embarazo me hacían llorar muy a menudo. —Tenerte conmigo lo hace todo mejor. Simplemente hablar sobre eso me sumerge. Mamá amaba Acción de Gracias. Sabía que el año pasado era el último que pasaríamos juntas.
El día entero traté de hacerlo especial para ella. Y para mí. Sabía que necesitaría ese recuerdo.
Pedro frotó mi espalda en pequeños círculos y me sostuvo en silencio. Nos quedamos ahí quietos mientras el agua caía sobre nosotros por varios minutos.
Finalmente se alejó lo suficiente como para mirarme.
—¿Puedo bañarte? — pregunto.
Asentí, sin saber exactamente a qué se refería. Alcanzó uno de los paños limpios apilados fuera de la ducha y agarró una de las botellas de gel de baño.
Luego empezó a lavar mi espalda y hombros. Levantó mis brazos como si fuera un niño y los lavó completamente.
Me paré y lo observé mientras se concentraba en limpiar cada centímetro de mi cuerpo. No lo hizo sexual, lo cual me sorprendió. En cambio, fue más dulce e inocente que cualquier otra cosa que jamás habíamos hecho.
Sus manos no se detuvieron mientras lavaba entre mis piernas.
Sólo apretó sus labios una vez contra mi estómago mientras se arrodillaba delante de mí y lavaba mis piernas y pies.
Una vez que terminó, se levantó y empezó a enjuagar mi cuerpo con su manos. Cada toque parecía casi reverente. Como si estuviera adorándome en vez de bañarme. Cuando mi cuerpo estuvo limpio, pasó a mi cabello. Cerré los ojos
cuando sus manos masajearon mi cráneo. Mis rodillas se debilitaron un poco por el placer. Rápidamente Pedro enjuagó el champú de mi cabello y luego puso el
acondicionador, dándole la misma atención antes de enjuagarlo de mi cabello bajo el agua limpia, de nuevo.
Mi cuerpo estaba relajado por los mimos. Estaba casi perezosa.
Pedro cerró el agua y alcanzó dos toallas grandes. Una la enrolló en mi cabello y la otra alrededor de mi cuerpo.
Luego me levantó, me cargó hasta la cama, y me acostó.
—Sólo descansa. Ya vuelvo —susurró antes de besar mi frente y caminar de regreso al baño. La vista de su trasero desnudo era tentadora y quería quedarme despierta. Tenerlo tocándome de esa manera me había excitado aunque no hubiera sido su intención. Traté de esperarlo pero mis ojos se volvieron pesados y me desvanecí.
***
Me acurruque más en la calidez. Olía a sol y aire del océano. Suspirando con satisfacción, froté mi mejilla contra el cómodo calor. Se rió.
Mis ojos se abrieron y el pecho desnudo de Pedro estaba presionado contra mi cara. Sonriendo, lo besé y levanté la mirada hacia él. La sonrisa entretenida en sus labios me hizo soltar una risita.
—Eres como un gatito en las mañanas —dijo con una profunda voz ronca.
Debió haberse levantado recién, también.
—Si no te sintieras tan bien, no estaría buscándote para frotarme contra ti mientras duermo.
Pedro parpadeó. —Entonces estoy contento de que me sienta bien, porque tu dulce trasero no se frotará contra nadie más. Podría matar a alguien.
Amaba a este hombre.
—Lamento haberme quedado dormida tan pronto anoche.
Pedro sacudió su cabeza. —No lo estés. Amo saber que te relajé y que fue fácil para ti dormir. No me gusta verte triste.
Amaba malditamente mucho a este hombre.
Estirándome contra él, deslicé mis dos manos detrás de su cuello y presioné mi cuerpo contra el de él. Apreté mis piernas por el hormigueo de la anticipación cuando su erección rozó mi muslo. Lo necesitaba esta mañana. Luego del momento dulce de anoche, necesitaba sentirme completamente conectada ahora.
—Hazme el amor —susurré metiendo mi cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro.
—Será un placer —murmuró y deslizó sus manos entre mis muslos. Levantó una de mis piernas para que descansara en su cadera. Estaba totalmente abierta y la sensación de estar expuesta me excitaba. Sus dedos rozaron el interior de mis muslos, tentándome apenas rozando mi necesitada entrada hinchada.
Gimoteé, esperando a que se apresurara, pero no estaba apurado. En cambio, parecía hacerlo peor. Sus ásperos dedos trazaron patrones desde mis rodillas hasta lo alto de mis muslos de ida y vuelta.
Estaba segura de que su juego había causado que estuviera vergonzosamente húmeda. —Pedro, por favor.
—¿Por favor qué, dulce Paula? ¿Qué quieres que haga?
Ya le había dicho lo que quería. Aparentemente, quería escuchar más. Pedro y su sucia plática siempre me excitaba. —Tócame.
—Te estoy tocando.
—Toca más arriba —supliqué. Él quería que hablara sucio. Lo voy a tentar, también.
Pasó un dedo por el pliegue de mis muslos, agarré sus brazos con fuerza y temblé. Estaba tan cerca.
—¿Aquí? —preguntó.
Me moví para que su dedo se deslizara más cerca. Comenzó a mover su mano y se detuvo.
—Mierda —gimió deslizando un dedo dentro de mí
lentamente—. Tan mojada. No puedo provocarte cuando estás tan mojada —susurró.
Grité mientras gentilmente corría su dedo sobre mi clítoris. Me tenía completamente abierta y tener sus manos tocándome me ponía más loca. Quería más.
—Mi dulce chica está tan lista para mí —dijo moviendo dos dedos dentro de mí y presionando contra mi punto G.
El llanto ruidoso que arrancó de mí era más de lo que podía manejar.
Agarró mi cintura y me posicionó antes de lentamente hundirme sobre su pene.
—Maldita sea, ¿cómo se volvió tan apretado? —gruño, apretando mis caderas y balanceándose contra mí mientras me sentaba en él tomando cada centímetro dentro de mí. Esto era lo que quería. Estar llena. De Pedro.
domingo, 5 de enero de 2014
CAPITULO 96
Pedro
Luca se acercó al sofá y se sentó antes de sacar un paquete de cigarrillos. Mierda. No quería enfrentarlo en este momento.
—No se puede fumar aquí o cerca de Paula, para el caso. Es malo para el bebe.
Luca arqueó una de sus cejas. —Demonios, chico, estoy malditamente seguro de que tu mamá fumó cigarrillos cuando estaba embarazada de ti.
No tenía ninguna duda de que hizo eso y más. De ninguna manera expondría a mi hijo a eso.
—Eso no significa que sea saludable.Paula no es para
nada como mamá.
Ante la mención de su nombre, Paula entró en la sala de estar con dos cervezas. No le había pedido que las buscara. No quería que lo hiciera. Pero lo hizo de todos modos.
Me acerqué y la encontré a mitad de camino. —No tenías que hacer esto —le dije tomando las botellas de sus manos y depositando un beso en su sien.
—Lo sé. Pero tenemos un invitado. Quiero que se sienta bienvenido.
La dulce sonrisa en sus labios hacía difícil concentrarse en mi padre. Quería llevarla al dormitorio.
—Tráeme la cerveza, chico, y dejar de ser tan malditamente arrogante. Vas a ahogar a la chica. No sé qué coño se ha metido en ti.
Una pequeña risa salió de los labios de Paula y decidí pasar por alto sus palabras ya que la hizo reír.
—Ten —le dije, acercándole la cerveza—. Ahora, ¿por qué está aquí?
—¿Qué? ¿No puede un padre venir a ver a su hijo cuando quiere?
—Es Rosemary. Nunca vienes aquí.
Luca se encogió de hombros y tomó un trago de su cerveza, y luego pasó un brazo sobre el respaldo del sofá y apoyó sus dos pies sobre la mesa de café.
—Tu hermana es una puta demente. Está jodidamente loca. Necesitamos ayuda.
Se trataba de Daniela. Supuse que lo sería. Me senté en la silla frente a él y le tendí la mano a Paula. No quería que ella estuviera de pie, y quería que se sintiera bienvenida en nuestra conversación. Se acercó y tiré de ella para que se sentara en mi regazo.
—¿Qué ha hecho Dani? —le pregunté, casi con miedo de oír la respuesta.
Luca tomó otro largo trago de su cerveza. A continuación, se pasó la mano por el lanudo pelo largo.
—La pregunta es, ¿qué no ha hecho? La maldita chica
está provocando un infierno. No podemos ni descansar. Terminamos la gira hace dos semanas y volvimos a Los Ángeles para disfrutar de un tiempo de inactividad.
Ella se presentó y desató el infierno. Nadie está relajándose. Mateo no sabe qué hacer con ella. Necesitamos un poco de ayuda.
Sabía que Daniela había estado tranquila, pero no esperaba que fuera a Los Ángeles y buscara a Mateo. Ella sabía que mi padre y Mateo compartían una mansión de Beverly Hills. Habían estado viviendo en ella cuando no estaban de gira. Mateo se había casado un par de veces y se había mudado durante esos tiempos, pero después de cada divorcio, volvía. Era conocida como la mansión Slacker Demon.
Nadie nunca estaba realmente seguro de que los miembros de la banda estuvieran en la residencia en un momento dado.
—¿Se está quedando en la mansión? —le pregunté.
Papá levantó las cejas. —¿Me veo como un idiota para ti? Joder, no, ella no se queda ahí. Sólo aparece todo el maldito tiempo.
Está haciendo exigencias y mierda. Mateo ha tratado de suavizar las cosas y formar algún tipo de relación con
ella, pero Daniela no lo deja. No quiere escuchar y... bueno, se enteró que él tiene otra hija. No le sentó muy bien.
Al parecer, ella no sabía sobre el hijo de Mateo todavía, pero Maxi nunca estaba alrededor.
—Debe estar tan molesta —dijo Paula con preocupación real en su voz.
Cómo Paula podía sentir simpatía alguna por Dani, no lo sabía—. Necesitas ir a verla. Ayudarle a lidiar con esto y ver si puedes ayudarla a formar algún tipo de relación con Mateo.
Empecé a protestar, pero Luca me cortó.
—Ya me gusta esta chica. Eso es exactamente lo que necesitas hacer.
Tu habitación está vacía y sabes que es cómoda. Trae a Paula contigo y así me dará la oportunidad de conocerla y pasar tiempo con ustedes. Si no lo haces, Mateo puede
terminar matando a Daniela.
Paula me apretó el hombro. —Creo que deberíamos ir. Daniela te necesita.
Eché la cabeza hacia atrás y alcé la vista hacia ella.
—¿Por qué te importa lo que Daniela necesite? —le pregunté con asombro.
—Porque la amas —fue su simple respuesta.
—Eso es lindo. Ahora, basta de Daniela. Quiero saber para cuándo tiene fecha el bebé y cuándo es la boda —dijo Luca con un tono alegre. Muy diferente al que estaba usando cuando habló de Daniela.
Paula miró a mi padre y le sonrió. —Tengo veinte semanas de embarazo.
El bebé no se espera hasta mediados de abril. En cuanto a la boda, nos íbamos a casar en dos semanas, pero no quiero que estrese a Pedro. Prefiero posponer la boda y
lidiar con los problemas familiares primero. No hemos enviado las invitaciones ni nada. Así que el cambio de fecha no es un problema.
—No. No voy a esperar más tiempo para cambiar tu
apellido —discutí, pero
Paula puso su dedo sobre mis labios.
—Shhh. No quiero discutir sobre esto. No podré disfrutar de nuestra boda sabiendo que hay problemas familiares que atender. Vamos a gozar de Acción de Gracias con nuestros amigos como habíamos planeado y luego iremos a Los
Ángeles y ayudaremos a Daniela. Una vez que todo esté resuelto, entonces podremos concentrarnos en nuestra boda.
No quería esperar. Odiaba la idea de que ella siguiera siendo Paula Chaves mientras nuestro bebé crecía en su interior.
Quería que tuviera mi apellido, para que el mundo supiera que la quería a ella y a mi bebé. Pero el brillo determinado
de sus ojos me dijo que no iba a ganar esta discusión.
—Sólo quiero que seas feliz —respondí finalmente.
Paula me besó la punta de la nariz.
—Ya lo sé. Esa es una de las muchas razones por las que te amo.
—Si van a esperar hasta después de Acción de Gracias para ir a Los Ángeles y hacerle frente a esa hermana tuya, entonces yo también. Además, hace años que
no paso Acción de Gracias contigo —anunció mi padre.
No estaba seguro de cómo me sentía sobre eso.
—Nos encantaría tenerle aquí, señor Alfonso —le informó Paula , sonriendo alegremente como si lo dijera en serio. Joder. Iba a tener que dejar que sucediera.
—Sólo llámame Luca, cariño. Ya somos familia.
La mirada complacida en sus ojos me hizo sonreír. Tal vez tener a mi padre en Acción de Gracias no sería tan malo, después de todo. Si puede hacer que Paula
sonría así, entonces lidiaré con ello.
CAPITULO 95
Pedro
Si no estuviera tan capturado por Paula y la forma en que iluminaba la habitación, lo habría visto entrar.
Pero no lo hice. No fue hasta que cesó el ruido a
mi alrededor y todos miraron a la puerta a mis espaldas. Observando a Paula, que seguía hablando con Antonio y no había notado el cambio en la habitación, la puse detrás de mí en modo de protección antes de girar para ver quién había capturado la atención de todos.
Los mismos ojos color plata gris que miraba todos los días en el espejo se encontraban fijos en mí.
Había pasado bastante tiempo desde que había visto a mi
padre. Normalmente nos manteníamos más en contacto, pero con la llegada de Paula a mi mundo y completamente girándolo en su eje, no me había tomado ni el tiempo ni la energía para buscar a mi padre y hablar con él.
Al parecer, él vino a buscarme esta vez.
—Ese es tu padre —dijo Paula calladamente a mi lado. Se había movido de donde la había puesto a mi espalda, y ahora sostenía mi brazo.
—Sí, lo es.
Paula
Sin maquillaje escénico y la ropa de cuero negro, parecía una versión mayor de Pedro. Tuve que caminar con rapidez para mantenerle el paso a Pedro, quien tenía mi mano fuertemente estrechada en la suya mientras caminaba para alejarse de los otros invitados en el bar. Su padre guió el
camino. No estaba segura si Pedro estaba feliz de verlo o no.
La única interacción que habían tenido fue cuando Pedro le había indicado la puerta con un movimiento de cabeza.
Era evidente que no quería que esta presentación tuviera una audiencia.
Luca Alfonso, el baterista más famoso del mundo, se detuvo varias veces durante el camino para firmar autógrafos.
No sólo eran mujeres. Incluso un chico se había puesto en su camino para pedirle que firmara una servilleta del bar.
El brillo amenazador en los ojos de Pedro mientras trataba de sacar a su padre del local mantuvo al resto de los admiradores alejados. En su lugar, todos permanecieron en silencio mientras el baterista de Slacker Demon se dirigía hacia la puerta.
La brisa de la noche era fría. Inmediatamente me estremecí y Pedro se detuvo y envolvió sus brazos a mi alrededor.
—Tenemos que ir a la casa. No voy a permitir que ella esté de pie aquí mientras hablamos. Hace demasiado frío —le dijo Pedro a su padre.
Luca finalmente se detuvo y me miró. Sus ojos lentamente me observaron y pude ver el momento exacto cuando notó mi estómago.
—Luca, ésta es Paula Chaves. Mi prometida. Paula, él es Luca Alfonso, mi padre —dijo Pedro con voz tensa. No parecía querer presentarnos.
—Nadie me dijo que iba a ser abuelo —dijo Luca en un acento lento. No estaba segura de cómo se sentía al respecto porque no había ninguna emoción en su rostro.
—He estado muy ocupado —fue la única respuesta de Pedro.
Eso era extraño. ¿Estaba avergonzado de decirle a su papá? Sentí mi estómago contraerse y comencé a alejarme de él.
Sus brazos se apretaron a mi alrededor y pude sentir su atención en mí. —¿Qué pasa? —preguntó, dándole la espalda a su padre y agachándose un poco para poder mirar directamente a mis ojos.
No quería tener esta conversación delante de Luca.
Podía sentir los ojos de su padre en ambos. Negué con la cabeza pero mi cuerpo aún estaba tenso.
No podía evitarlo. El hecho de que no le había dicho a su padre me estaba molestando.
—Voy a llevarla al coche.
Nos vemos en casa— dijo Pedro por encima de su
hombro, pero manteniendo sus ojos fijos en los míos.
Dejé caer mi mirada, deseando no haber reaccionado. Estaba haciendo una escena. Luca iba a pensar que era una princesa llorona.
Abrí la boca para discutir cuando Pedro envolvió su brazo alrededor de mi cintura y me guió hacia la Range Rover.
Estaba inquieto. No le gustaba verme molesta, algo en lo que teníamos que trabajar. Me iba a enojar. Él no podía
controlarlo.
Pedro abrió la puerta del lado del pasajero y me levantó para subirme como si tuviera cinco años. Cuando él pensaba que estaba molesta, comenzaba a tratarme como si fuera una niña. Realmente necesitábamos trabajar en eso,
también.
Ni siquiera había cerrado su puerta antes de mirarme.
—Algo anda mal. Necesito saber qué es para poder arreglarlo.
Suspiré y me recargué contra el asiento. Era mejor terminar con esto aunque estaba siendo un poco quisquillosa al respecto. —¿Por qué no le has dicho a tu padre sobre el bebé?
Pedro se acercó y puso su mano sobre la mía.
—¿Ese es el problema? ¿Estás molesta porque no le he dicho a Luca?
Asentí con la cabeza y mantuve mis ojos en nuestras manos apoyadas en mi pierna.
—No he tenido tiempo para buscarlo. Y sabía que iba a venir cuando se lo dijera porque él querría conocerte. Aún no estaba preparado para compañía. Especialmente la suya.
Estaba siendo tonta. Últimamente mis emociones estaban en alerta máxima.
Alcé los ojos y me encontré con su mirada preocupada.
—Está bien. Lo entiendo.
Pedro se inclinó y me besó en los labios suavemente.
—Lamento haberte molestado —susurró antes de presionar un beso más en la esquina de mi boca para después echarse para atrás. En momentos como estos era cuando me volvía gelatina.
—Él está aquí ahora. Por lo tanto, vayamos a ver qué lo trajo antes de que mi madre se entere. Te quiero para mí solo. No me gusta tener a mi jodida familia por aquí.
Pedro no soltó mi mano mientras encendía el motor y se dirigía hacia la calle. Apoyé la cabeza en el asiento y di la vuelta para poder mirarlo.
Su mandíbula sin afeitar lo hacía parecer mayor y salvaje. Demasiado sexy. Me gustaría que no se afeitara más a menudo. También me gustaba cómo se sentía.
Se había quitado su arete y casi nunca lo usaba.
—¿Por qué crees que está aquí? —le pregunté.
Pedro me miró. —Tenía la esperanza de que fuera para conocerte. Pero no creo que supiera sobre ti. Parecía sorprendido. Lo que significa que esto podría tratarse de Daniela.
Daniela. Su hermana no había vuelto a Rosemary desde su salida del hospital.
Pedro no parecía estar preocupado por ella, pero la amaba. Odiaba ser yo la razón por la que se mantenía alejada. Ahora que sabía quién era su verdadero padre y que yo nunca le había quitado nada, esperaba que pudiéramos ser amigas por el bien de Pedro . No parecía que fuera a suceder.
—¿Crees que Dani fue a ver a Mateo? —le pregunté.
Pedro se encogió de hombros. —No lo sé. Ella parece diferente desde su accidente.
El coche se detuvo enfrente de la gran casa de playa que fue comprada para Pedro por su padre cuando él apenas era un niño.
Pedro apretó mi mano. —Te amo, Paula.
Estoy malditamente orgulloso de que vayas a ser la madre de mi hijo. Quiero que todos los sepan. Nunca dudes de eso.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y asentí con la cabeza antes de levantar su mano y besarla.
—Me pongo emocional. Tienes que ignorarlo cuando eso me
sucede.
Pedro negó con la cabeza. —No puedo ignorarte. Quiero tranquilizarte.
La puerta del lado del pasajero se abrió y volví mi cabeza para ver a Luca Alfonso de pie allí con una sonrisa en el rostro. —Deja salir a la mujer del coche, hijo.Es hora de que conozca a la madre de mi nieto.
Luca tendió su mano y puse la mía en la suya sin saber qué más hacer. Sus dedos largos se cerraron alrededor mío y me ayudó a bajar del Range Rover.
Pedro estaba allí inmediatamente para quitar mi mano de la de su padre y acercarme a él.
Su padre se echó a reír y sacudió la cabeza.
—Que me condenen.
—Vamos adentro —respondió Pedro.
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