lunes, 13 de enero de 2014
CAPITULO 114
Pedro
En el momento en que llegué a la habitación de Daniela, ya estaba enojado. Había dejado mal a Paula y todo era la maldita culpa de Daniela. Si no fuera tan condenadamente egoísta, yo ni siquiera estaría aquí.
Necesitaba decirle que tenía que madurar y hacerle frente a las cosas. Estaba harto. No podía seguir haciéndolo. Ella tenía que resolver esto. Yo era su soporte.
Llamé a la puerta de su habitación de hotel y esperé. Había hablado con el portero y Daniela había regresado hace unos quince minutos, así que sabía que estaba aquí. Esperé unos minutos y luego volví a llamar y nada ocurrió. Más juegos
malditos.
Empecé a golpear la puerta más fuerte. —Daniela, abre la puerta. —dije en voz alta.
Un botones se detuvo cuando me vio golpear a la puerta de Daniela. —Mi hermana está aquí y no contesta. Estoy preocupado por ella. —Mentí—. ¿Podría abrir la puerta?
El hombre todavía no parecía muy seguro de mí. Podía decir por la mirada en su rostro que estaba cerca de llamar a seguridad. A Daniela le encantaría eso.
Alcancé mi bolsillo trasero y saque la billetera. —Verifique mi licencia. Soy Pedro Alfonso. Mi hermana Daniela está en esa habitación. Tenerme afuera es realmente una mala idea.
—Sí, señor. —Respondió el botones. Había reconocido mi apellido. En Los Ángeles pasaba mucho más de lo que lo hacía en Florida.
Abrió la puerta y yo entré a la suite, a punto de gritarle a Daniela por ser una niña cuando vi su cuerpo desplomado en el sofá. Yacía allí en una posición poco natural. Corrí hacia ella y le busqué el pulso para encontrarlo, lo sentí débil contra mis dedos. Quería llorar de alivio. —Necesito paramédicos, AHORA —rugí mientras el botones se quedaba parado en la enorme puerta de Daniela.
—Sí, señor —respondió y tomó el teléfono de su cintura y empezó a decirle a cualquiera que estuviera en el otro extremo exactamente lo que estaba pasando.
—¿Qué hiciste, Daniela? —pregunté mientras mi corazón golpeaba dolorosamente contra mi pecho. Tenía la garganta apretada y no podía conseguir respirar profundamente.
No le había creído. Había pensado que estaba tratando de
llamar la atención. Me había vuelto como todos los demás en su vida. La había ignorado. Era un hermano horrible.
La abracé contra mi pecho cuando mi teléfono vibró en mi bolsillo. Lo saqué, vi el nombre de Carolina en la pantalla y lo arrojé a un lado. No estaba de humor para hablar con Caro. Ella era parte de lo que atormentaba a Daniela.
No tenía nada que decirle en este momento. La mecí en mis brazos suavemente. Esto era culpa de Mateo. Pagaría por ello.
Si algo le pasaba, pagaría por ello. —Te tengo, Dani. No te voy a dejar, pero no puedes irte —le susurré mientras esperábamos para obtener ayuda.
Se sintió como una eternidad antes de que oyera pies golpeando en el pasillo y al portero al decir—: Aquí.
Tres paramédicos llegaron corriendo a la habitación y les entregué a Daniela.
Comenzaron a revisar sus signos vitales mientras estaba allí y observé impotente.
Oí el timbre de mi celular desde donde lo tiré en el suelo. Debía tomarlo.
—Ella ha tomado algo. ¿Sabe lo que es? —me preguntó uno de los hombres.
—No, acabo de llegar —le contesté, paralizado. Tenía una sobredosis.Mierda. Corrí al baño y encontré dos frascos de medicamentos vacíos en el fregadero.
Demasiados analgésicos—. ¡JODER! —rugí. Un paramédico llegó a mi lado, sacándome las botellas.
—Tenemos que hacerle un lavado de estómago. ¿Es usted de la familia? — preguntó.
—Hermano —me las arreglé para decir.
—Está bien. Vamos a sacarla de aquí. Puede irse en la ambulancia —respondió.
Vi en un aturdimiento de incredulidad cómo ponían el cuerpo inerte de Daniela en una camilla y empezaban a sacarla de la habitación.
La seguí. Mi teléfono sonó a la distancia, pero lo dejé. En este momento, tenía que salvar a mi hermana.
***
Seis horas más tarde, me senté junto a la cama de Daniela en el hospital. No había despertado todavía, pero los médicos dijeron que creían que tendría una recuperación completa. Al parecer, la había encontrado a tiempo. Acababa de perder el conocimiento por las píldoras cuando había llegado.
No tenía mi teléfono y tenía que llamar a Paula. Estaría preocupada por mí, a estas alturas. No había estado listo para hablar con ella por el momento. Esto no era culpa de Paula, pero yo estaba demasiado sensible como para hablar con alguien. Necesitaba que me dijeran que Daniela viviría antes de que pudiera pensar en nada ni nadie más. Ahora, me sentía culpable por no llamar a Paula.
Dejar mi teléfono en el hotel de Daniela no había sido inteligente. Sólo había estado en un estado de shock y nada tenía sentido en ese momento. Iba a tomar a Daniela para ayudarla y luego iría por Paula para llevarla fuera de L.A, de nuevo a Rosemary. Tenía que llamar a mi madre. Ella debería estar lidiando con esto. No yo.
Mateo no iba a hacer nada al respecto.Daniela quería algo que nunca tendría. Era hora de que lo dejara ir. Una enfermera abrió la puerta y caminó hacia mí. La miré y decidí que era el momento que dejara de tratar de ser todo para Daniela porque me estaba absorbiendo.
—Tengo que hablar con el médico. Cuando esté lista, la quiero admitida en un centro que le pueda ayudar a conseguir un control sobre las cosas. Necesita ayuda que yo no le puedo dar —dije en voz alta por primera vez en mi vida.
Estaba admitiendo que le había fallado a mi hermanita. En lugar de sentirme culpable, sentí una enorme liberación de la carga sobre mis hombros.
—El doctor Jones estará aquí en breve. Querrá admitirla, también. Necesita ayuda, me alegro de que esté de acuerdo.
Eso siempre hace que estas cosas sean más fáciles.
Nada de esto sería fácil, pero era lo mejor para todos.
CAPITULO 113
Paula
Durante los siguientes días, las cosas se volvieron más tensas.Pedro apenas estaba en la mansión. Cuando lo hacía, era por poco tiempo.
Daniela y Mateo siempre peleaban y ella salía corriendo. Pedro iba siempre detrás de ella.
Sabía que ésta era la razón por la que habíamos venido aquí, pero no me esperaba esto. Daniela realmente era más inmadura de lo que pensaba. Mateo era un dolor en el trasero. Carolina lo veía y lidiaba con ello. Ella no asaltaba la casa gritando no ser amada. Casi siempre se quedaba escondida en su habitación leyendo. De vez en cuando venía afuera conmigo, cuando hacía bastante calor.
Extrañaba a Pedro. Echaba de menos verlo sonreír. Ya no lo estaba haciendo mucho. La noche anterior le había mencionado que tal vez tenía que darle a Daniela algo de espacio para lanzar un ataque, y dejarle ver que él no iba a ir tras ella. Ver cómo lo manejaba. Pero liberó su frustración conmigo—: Ella está amenazando con suicidarse, Paula. No puedo ignorar eso.
No creo que lo haga, pero todavía no puedo ignorarlo. A alguien tiene que importarle una mierda. Ese alguien soy yo.Nadie más lo hace.
No había dicho nada más después de eso. No quiso escucharme y yo no quería que me hablara bruscamente. Eso me desgastaba. Toda la situación lo hacía.
Estaba empezando a entender por qué Caro se escondía. Dos veces ya había encontrado a Mateo con alguna chica que parecía de mi edad, enroscada a su alrededor. No era una imagen mental que quisiera. Él lo hacía siempre que quería.
Había aprendido a permanecer alejada de la sala de juegos. Esa mesa de billar no se usaba para billar.
Un golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos, y por una vez me alegré. No quería pensar en la distancia entre Pedro y yo en estos momentos. Me ponía tensa.
Caro asomó la cabeza dentro de la habitación. —¿Quieres ir a la piscina conmigo? Papá no está en casa, así que ninguna aventura sexual se está llevando a cabo ahí —dijo con una sonrisa tímida.
También habíamos encontrado a Mateo desnudo en la piscina con, no una,sino dos chicas.
Eso había sido incómodo. Él se había reído tan fuerte que seguro sus vecinos lo oyeron. En lugar de estar avergonzado o apenado por su comportamiento, pensaba que era gracioso.
—Suena bien. Me pondré el traje de baño y me encuentro contigo afuera — le dije.
Carolina era lo único bueno de este lugar. Estaba lista para volver a Rosemary y tener a mi Pedro de vuelta, en lugar de esta tensa y furiosa versión que había tomado su lugar. Pero iba a extrañar a Caro.
Rápidamente me cambié y me puse mi bata antes de dirigirme a la piscina.
Era una elaborada pieza de trabajo. Las cascadas y la fuente de agua en el medio eran la guinda.
El detalle y la idea que se había puesto en esta piscina la hacían parecer realmente algo salido de una selva tropical exótica de algún lugar. Era relajante sólo mirarla.
Caro estaba sentada en una reposera, leyendo en su E-Reader cuando llegué ahí. Tomé el asiento de su lado y estiré las piernas. Hoy era el día más caluroso que habíamos tenido hasta ahora. Estábamos a treinta grados. Loco, considerando que faltaban dos días para diciembre.
Empecé a preguntarle cómo celebran las fiestas, cuando algo me detuvo.
Los calambres estaban de vuelta. Levanté las rodillas y acuné mi estómago tratando con fuerza de no llorar. He querido decirle a Pedro sobre esto después de la última vez, pero antes de que tuviera la oportunidad, se iba con Daniela de nuevo.
—¿Paula? ¿Estás bien? —preguntó Caro a mi lado.
—No estoy segura —le contesté con sinceridad. Sentí que una lágrima se deslizaba y odiaba que ella estuviera a punto de verme así. Quería ir a casa.
Carolina se acercó para sentarse al borde de mi reposera y me estudió. —¿Te duele algo? —preguntó.
Me limité a asentir. Carolina frunció el ceño y observó alrededor. —¿Dónde está Pedro?
—Fue a ver a Daniela —le contesté. Mi estómago se apretó de nuevo e hice una mueca.
Ella se puso de pie. —No creo que las mujeres embarazadas hagan muecas y lloren de dolor. Necesitamos que te hagan un chequeo.
Puedo conducir hasta mi doctor. Él es un verdadero fan de mi papá y podrá atenderte sin una cita. Voy a llamar a su oficina por el camino.
No quería ser quien exagerara. Así que tener a Caro haciéndolo por mí,hizo la decisión más fácil. Asentí, dejé que tomara mi mano y me ayudara a levantarme.
—Tengo que ir a cambiarme de ropa primero —dije mirando el traje de baño y la bata que acababa de ponerme.
—Ve a cambiarte, yo también lo haré. Llevaré mi coche alrededor de la entrada principal. Puedo llamar a mi médico en el camino.
—Gracias —le contesté antes de ir adentro y subir al cuarto de Pedro. Pensé en llamarlo, pero cambié de opinión. Ya tenía una mujer que lo necesitaba. Esto podría no ser más que gases, por lo que sabía. Lo llamaría si el médico creía que debía. No había razón para poner más presión sobre él.
La pequeña voz en mi cabeza me susurró lo que no quería admitir—: Tienes miedo de que tú y el bebé no estén primero. No quieres que tenga que elegir.
Empujé lejos ese pensamiento. Cambié mi bikini por un par de bragas y me puse un vestido antes de dirigirme rápidamente abajo. Me sentiría mejor después que el doctor me dijera que todo estaba bien.
Justo al llegar al último escalón, otro dolor me golpeó y me tuve que agarrar de la barandilla para mantenerme de pie. Los calambres me hicieron gemir.
—¿Estás bien? —El tono de preocupación en la voz de Luca me sorprendió.
Forcé una sonrisa y asentí. —Sí, estoy bien. Sólo voy a que me revise el ginecólogo de Caro. Estaré de vuelta pronto. Dile a Pedro que lo llamaré si lo necesito.
—¿Dónde está Pedro? —gritó Luca detrás de mí mientras me dirigía hacia la puerta.
—Con Daniela —contesté, y luego abrí la puerta y fui hacia el Audi convertible de Caro.
***
Carolina no se había equivocado cuando dijo que el médico me atendería de inmediato. Habíamos llegado y la enfermera me había llevado sin pedirme que llenara papeles o incluso haberme registrado.
—Voy a esperar aquí —me dijo Caro.
Me alegré de que no viniera conmigo. Ella me agradaba, pero no éramos lo suficientemente cercanas para dejar que me acompañara a un exámen, por el momento.
—Entre y quítese las bragas. Puede dejarse su parte superior. Y cúbrase con la manta sobre la mesa. El médico estará con usted en un momento —me informó la señora.
Asentí y le di las gracias. Una vez que la puerta se cerró detrás de ella, entré en el vestuario y deslicé mis bragas fuera.
La raya roja en mi ropa interior me hizo hacer una pausa y tomar una profunda respiración. El terror que lentamente comenzaba a invadir mis pensamientos dificultó mi respiración.
Me quedé mirándolas fijamente preguntándome si esto era normal. Si esto podría estar bien. Debería haber llamado a Pedro. Me tomé un momento para orar. No lo hago a menudo, pero en este momento necesitaba a alguien para proteger a mi bebé.
Después de mi súplica silenciosa salí del vestuario, me acerqué a la mesa y cubrí mi desnuda parte inferior. Un golpe rápido en la puerta y luego una pausa antes de que se abriera me hicieron sentir ligeramente mejor. Iba a tener ayuda. Este médico sabría qué hacer. Tenía esperanza.
Un hombre mucho más joven de lo que me esperaba entró seguido por la enfermera que me había traído a la habitación.
—Señorita Chaves, soy el doctor Sheridan. Carolina me dijo que está experimentando dolores y que está muy lejos de su médico en Florida.
Asentí. —Sí, señor. También estoy sangrando un poco. —Las palabras salieron en un sollozo ahogado que no había estado esperando.
—Bueno, esto podría ser algo tan simple como deshidratación. No se preocupe, todo estará bien —dijo mientras se sentaba y me hacía deslizar mis pies en los estribos—. ¿Qué está haciendo tan lejos de casa? —preguntó mientras empezaba a examinarme.
—Mi novio y yo estamos aquí visitando a su padre —le expliqué, y lo dejé así. No hay razón para decirle la verdadera razón por la que estábamos aquí.
—¿Cómo conoce a Carolina? —preguntó
—El padre de mi novio es Luca Alfonso —dije, pensando que si el hombre era un fan de Mateo sería capaz de entenderlo fácilmente.Hizo una pausa. —¿En serio? ¿Así que este bebé que estamos comprobando aquí es nieto de Luca Alfonso?
Asentí y deseé que dejara de hacer tantas preguntas y siguiera adelante con la revisión. Necesitaba saber que mi bebé estaba bien. Debería tener más interés en su examen.
—No quiero alarmarla, señorita Chaves, pero hay que hacer una ecografía para comprobar al bebé.
Después de eso, quiero vigilarlos a usted y al bebé durante un par de horas aquí en la oficina. Esto sucede a menudo. Estoy tomando precauciones y asegurándome que todo está bien. También quiero que beba líquidos. Patricia le traerá algo de beber una vez que terminemos con el ultrasonido. Tenemos una habitación en la parte de atrás especial para esto. Cuenta con una cómoda cama.Patricia atenuará las luces y reproducirá música relajante mientras usted descansa.
No me iba a internar en el hospital. Era algo bueno… ¿no? Me las arreglé para asentir otra vez.
—Voy a enviar a Patricia a que le diga a Carolina lo que vamos a hacer, en caso de que quiera ir a hacer otra cosa hasta que la llame. ¿Está bien para usted? — preguntó.
Me había olvidado de Caro. —Sí, por supuesto. Dígale que dije que saliera. Voy a dejarle saber cuándo tenga que volver. No la quiero sentada aquí todo el tiempo.
El médico asintió y salió por la puerta. La enfermera que supuse era Patricia, me ayudó a levantarme. —Vaya a ponerse tus bragas de nuevo y luego la llevo a hacer el ultrasonido.
domingo, 12 de enero de 2014
CAPITULO 112
Pedro
Estaba anormalmente cálido para ser finales de noviembre. Me había puesto unos pantalones cortos y una camiseta para salir a disfrutar el calor del sol de California.
Paula todavía no había salido del cuarto. Si no se levantaba pronto iba a ir a conseguirle un nuevo plato de comida e iría alimentarla yo mismo. Estaba agradecido de que pudiera dormir, pero también necesitaba comer. Caro había dicho que no creía que Paula hubiese comido mucho en la cena de anoche. Debería haberme quedado con ella e ir tras Dani una vez que Paula se hubiera ido a la cama.
Si mi dramática hermana no fuera tan volátil, no estaría tratando de ayudarla. Simplemente no sería capaz de vivir conmigo mismo si la ignoro y algo le pasa.
Por más dolor en el trasero que fuese, ella seguía siendo mi hermana. Yo aún seguía viendo a la pequeña niña con coletas sonriéndome con la boca sin dientes. Ella había sido mía mientras crecíamos. Nadie más se había preocupado
por ella. Me era difícil olvidar eso.
—¿Dónde está esa chica tuya? —preguntó Mateo mientras se dirigía hacia el patio trasero donde había decidido esconderlo de Daniela.
—Está durmiendo —respondí, contento de ver que Mateo estaba fumando afuera en vez de adentro.
—Es tan linda. Me recuerda a mi Carolina —dijo antes de poner el cigarrillo que estaba sosteniendo entre sus labios.
—Sí. Es bastante perfecta —concordé.
—Necesitas protegerla un poco más de Daniela. Estaba derramando veneno sobre ella anoche. Tu chica lo manejó bien. Me quedé malditamente impresionado.
Pero necesitas cuidar mejor de ella —dijo arrastrando las palabras, entonces sacudió las cenizas de su cigarrillo antes de darse la vuelta y caminar de regreso a la casa.
Empecé a preguntarle de qué estaba hablando cuando Daniela salió disparada por la puerta llevando un bikini y un par de tacones de aguja.
—¿Que estás haciendo, chica? —le pregunto Mateo en un tono molesto.
—Yendo a tomar algo de sol. ¿Por qué? ¿Quieres acompañarme? ¿Tal vez hablar conmigo? —escupió Daniela con odio. Quería sacudirla y preguntarle por qué
tenía que ser tan malditamente difícil.
—No, quiero saber cuándo vas a sacar tu trasero fuera de mi casa. Sigues removiendo el drama. Carolina nunca va a salir de su maldita habitación. Es hora de ir a fastidiar a tu mamá por un tiempo y dejarme en paz. —Hice una mueca al
ver el dolor en los ojos de Dani. Maldita sea,Mateo era cruel.
—¿Por qué estoy tratando, siquiera? No quieres conocerme. No te importa conocerme. Tienes a Carolina y eso es todo lo que quieres. No soy nada para ti — gritó Daniela.
—Carolina no es una perra malvada, Daniela. Trata de ser un humano normal y podría querer conocerte. No me quedé con tu mamá por una razón, chica. Adivina cuál fue —gruñó, pasándola, y entró a la casa.
Los ojos de Daniela se veían vacios mientras permanecía allí mirando a la puerta. Diablos. Me puse de pie y me acerqué a ella. Ella me vio y movió su cabeza.
—No. No te quiero a ti tampoco. Tú también me odias.
La elegiste a ella. Todos eligen a alguien más. Nadie me quiere —sollozó Daniela y se dio la vuelta y echó a correr hacia la casa.
Me paré en la puerta y escuché cómo sus tacones pisaban ruidosamente el piso hasta que se desvanecieron. Tendría que ir y hablar con ella pero le iba a dar tiempo para calmarse. Necesitaba algo de tiempo a solas.
—Eso no sonó bien —dijo Paula, interrumpiendo en mis pensamientos. Me volví para verla bajando por las escaleras. Su largo cabello rubio estaba recogido y llevaba un traje de baño azul claro con un pareo transparente blanco que colgaba de su hombro y le llegaba a la mitad del muslo. Sus ojos parecían cansados pero lo que acababa de oír había causado un gesto de preocupación.
—Sí, fue brutal —respondí, acortando la distancia entre nosotros y tirando de ella antes de besar esos rellenos labios rosas. No me gustaba ver su ceño fruncido. Deslizó sus manos alrededor de mi cintura y abrió la boca para mí. Probé el sabor a menta de su pasta de dientes y disfruté de la calidez sedosa de su boca.
Movió sus labios sobre los míos y un suave gemido escapó de su boca.
Llevarla de regreso por las escaleras hacia el cuarto sonaba bien. Empezó a retroceder y miré sus ojos entrecerrados. Sonreía con satisfacción.
—Caro dijo que el día estaba cálido. Pensé en venir a tomar un poco de sol. He estado demasiado tiempo adentro —dijo.
Ella necesitaba aire fresco. —Creo que es una buena idea. ¿Por qué no te vas a acostar en una tumbona y te masajeo los pies?
Sus ojos brillaron con tanta emoción que casi reí. Últimamente le encantaba que le masajearan los pies. Sabía que era porque llevaba más peso con el bebé y no estaba acostumbrada a eso. —Suena maravilloso —concordó, y se apresuró a sentarse en el sillón más cercano.
Mi celular sonó en mi bolsillo y empecé a ignorarlo.
Paula me miró mientras me paraba sobre ella. —¿No vas a contestar? —preguntó.
Deslicé la mano a mi bolsillo y vi el número de Daniela en la pantalla. Debería ignorarlo. No podría ser bueno. Quería tiempo con Paula. Quería masajear sus pies y mirar las sexys caritas que hacía cuando lo hacía.
—Sólo atiende, Pedro. Si no lo haces te vas a preocupar luego —dijo.
Murmurando una maldición, di clic al botón de contestar y lo acerqué a mi oído. Antes de que pudiera decir hola, los sollozos de Daniela me saludaron.
—No vengas tras de mí. Te dije la otra noche que quería terminar con todo y lo hago. Esto es todo. Todos me odian, me cansé. Adiós, Pedro —grito en el teléfono antes de cortar la llamada.
—Mierda —gruñí, metiendo el teléfono en mi bolsillo. Tenía que ir tras ella.
Quería creer que Paula tenía razón y Daniela no se haría daño, pero no podía asumirlo.
—Está amenazando con suicidarse otra vez —dije, observando a Paula y la mirada de decepción en su cara. La estaba decepcionando. Odiaba eso. Desearía que nunca hubiéramos venido, pero entonces jamás sería capaz de perdonarme si algo le pasaba a Daniela.
—Adelante. Todo está bien. Te necesita, así que está actuando para tener tu atención —respondió Paula. Sus palabras tenían sentido. Probablemente tenía razón.
—No sabemos si realmente va a tratar de hacer algo. No puedo simplemente creer que es una amenaza vacía.
—Lo sé.
—Soy todo lo que tiene, Paula —solté, sin querer. No estaba enojado con Paula. Me enojaba que fuera tan malditamente comprensible, y no tenía que serlo.
Me enojaba que siguiera siendo puesta en espera por mi familia. Odiaba que simplemente me dejara ir todo el tiempo sin hacerme sentir culpable. Odiaba todo esto.
—Lo sé —respondió otra vez. Esta vez pude oír el dolor en su voz y me odiaba por ponerlo ahí.
—Lo siento, yo sólo…
—Solamente necesitas ir a checar a tu hermana. Lo entiendo —terminó Paula por mí. El duro tono en su voz me preocupó, pero no teníamos tiempo para manejar esto ahora. Cuanto más tiempo que me quedara aquí, peor se iba a poner esto. Iba a solucionar las cosas con ella después. También iba a amenazar a Daniela con meterla en un hospital mental hasta que parara de amenazar con herirse a sí misma. Luego regresaríamos a Rosemary. Quería recuperar mi vida.
CAPITULO 111
Paula
Intentaba con todas mis fuerzas de no sonar como un bebé, pero estaba enojada.
—Debí haberte llamado antes. Lo siento. Daniela comenzó a amenazar con quitarse la vida y entré en pánico. Me encontraba en modo de hermano mayor.
Siempre se encontraba en modo de hermano mayor con Daniela. Al venir aquí sabía que tendría que lidiar con mucho de Ella, pero estaba resultando ser más difícil de lo que había imaginado. Especialmente luego de la forma en la que me había tratado anoche. No creía ni por un segundo que se suicidaría.
—Te está manipulando. Odio verla manipulándote.
Pedro se levantó y pasó una mano por su pelo, caminando hacia la ventana.
No estaba de acuerdo conmigo. Podía darme cuenta por la manera tan tensa en la que tenía los hombros. Lucía a la defensiva.
—Está molesta y dolida. Sé que en el pasado fue una perra contigo, pero en este momento, yo te necesito. ¿Podrías no
decirle cosas feas? ¿Por mí? En verdad estoy muy preocupado por su estabilidad mental en estos momentos.
¿Cosas feas? Yo no le había dicho nada a Daniela. ¿Acaso pensaba que lo haría?
—Yo fui la que dijo que debíamos venir. Entiendo que necesite tu ayuda. ¿Por qué crees que le diría cosas malas? —dije, levantándome.
Pedro dejó caer su cabeza hacia atrás, y cerró los ojos con fuerza, como si en verdad no quisiera estar teniendo esta conversación. Algo andaba mal.
—Sé lo que le dijiste en la mesa anoche. Ella me lo contó. Y sí, tienes todo el derecho de decirle esas cosas, pero en este momento, simplemente necesito que no lo hagas. Mientras más pronto pueda arreglar esto, más pronto regresaremos a Rosemary y abandonaremos esta pesadilla.
—¿Qué fue lo le que le dije anoche en la mesa?
No entiendo lo que me estás diciendo —respondí, sintiendo un nudo en mi estómago. ¿Daniela estaba mintiendo
sobre mí? Ella era la que había dicho cosas feas en la mesa. No yo.
—Siente como que te burlaste de ella. Sólo… probablemente, lo mejor sería que no le hablaras.
Volví a sentarme sobre la cama y permití que por mi mente corrieran todas las conversaciones de anoche. ¿En qué sentido siente que me burlé de ella? Si fue ella quién me atacó.
Un suave toque en la puerta interrumpió lo que estaba a punto de decir, y Pedro dejó salir un gruñido de frustración antes de levantarse para ir a abrir.
—Lo siento. No quisiera interrumpirlos, pero Daniela está exigiendo saber cuál es la habitación de papá. No necesita despertarlo. Eso sería malo. —La suave voz de Carolina sonaba ansiosa.
—Mierda —murmuró Pedro. Me lanzó una mirada—. Lo lamento. Regresaré en unos minutos. Sólo regresa a la cama y descansa un poco. No permitiré que nadie más te perturbe.
Permití que las lágrimas cayeran una vez que la puerta se cerró. Cuando le había dicho que viniera a lidiar con Daniela, creí que esto sería más sencillo. Tenía la esperanza que después del accidente y de su comentario de querer ser parte de la vida del bebé, estaría un poco más manejable. Me equivoqué. Venir aquí había sido una mala idea.
Mi estómago se retorció y me congelé. Me senté quieta y esperé a que el bebé pateara y me asegurara de que todo se encontraba bien. Nada ocurrió.
Coloqué ambas manos sobre mi estómago y sentí otro retorcijón. Haciendo una mueca de dolor, intenté calmar mi corazón que estaba comenzando a acelerarse.
Algo andaba mal. Una ola de náuseas me golpeó de pronto, y me recosté hacia atrás y cerré los ojos. Tal vez me había levantando demasiado rápido esta mañana.
Necesitaba comenzar a ser más cuidadosa. Toda esa intensa tensión acumulada en esta casa comenzaba a afectarme.
Cerré los ojos y tomé varios respiros lentos y profundos. No volvieron más retorcijones, y sentí una suave patadita contra mi mano. Con ese poquito de alivio, comencé a quedarme dormida.
***
Cuando abrí los ojos, el sol se había movido y ahora brillaba con fuerza por las ventanas. Tenía que ser pasado el mediodía. Estiré la mano para buscar mi teléfono y ver la hora. Era la una. Debía haber estado más agotada de lo que pensé.
Rodé para levantarme y una bandeja de comida se encontraba sobre una mesita al lado de la cama. Envolví la sábana a mí alrededor y fui hacia ella.
Sonreí al recoger la pequeña notita con la letra de Pedro en ella.
Lamento lo de esta mañana. Estabas agotada y me descargué contigo. Nada de esto
es tu culpa. Sólo quiero que todo esto termine para llevarte de vuelta a casa. Come algo. Yo
iré a ver si puedo hablar con Mateo.
Te amo más que a la vida,
Pedro.
Levanté la cubierta de metal que se encontraba protegiendo mi plato, para encontrar fresas frescas y crema, salmón, y una rebanada de tostada. Mi estómago aún no se sentía muy bien, así que decidí mantenerme lejos del salmón, pero tomé una fresa y la introduje en la crema antes de darle una mordida. El dulce sabor golpeó mi lengua, y me sentí mejor. Sentada en el borde de la cama, me comí todas las fresas y la tostada antes de levantarme e ir a tomar una ducha.sábado, 11 de enero de 2014
CAPITULO 110
Pedro
Daniela era un desastre sollozante. Por más mala que era, mi corazón se rompía por ella. Todavía era mi hermana pequeña, le habían hecho tanto daño. Ambos padres. Había intentado toda mi vida ser la persona con la que pudiera contar, pero no había sido suficiente. Necesitaba sentirse amada y aceptada por uno de sus pésimos padres, siempre llenos de excusas.
—Ella me odia. —Daniela sorbió por la nariz, hipando—.
Me hizo quedar como una tonta justo enfrente de Mateo. Ni siquiera le importa que esté buscando una manera de que él me quiera.
Estaba seguro de que Daniela había empujado a Paula a decir las cosas que había dicho, pero no señalé eso. Justo ahora, después de una hora, conseguía que Daniela se calmara lo suficiente para hablar conmigo. Necesitaba a alguien ahora mismo y estaba bastante seguro de que yo era la única persona en el planeta a la que le importaban sus problemas.
—Sé que la amas, pero es mezquina. Es fría y cruel. ¿Recuerdas cuando me apuntó con un arma? —Daniela sollozó y se limpió la cara empapada de lágrimas.
—Eso fue un poco diferente. Mamá y Miguel acababan de destruir su mundo. Estaba enfadada y tú estabas burlándote de ella.
Daniela dejó salir una risa dura. —Siempre vas a ponerte de su parte. Incluso si se burla de mí y de mi necesidad de tener un padre que me quiera allí mismo, delante de todos. Enfrente de Carolina. Luca. Mateo. No se preocupa por mis
sentimientos.
Paula estaba embarazada y le costaba más controlar sus emociones. Sin embargo, necesitaba hablar con ella acerca de estar tranquila entorno a Daniela.
Cuanto antes consiguiera que ella y Mateo estuvieran en buenos términos, más pronto nos podríamos marchar. No me gustaba tener que hacer malabares entre Paula y mi hermana. Era demasiado.
—Ella no debería haber dicho lo que dijo. Sin embargo, tú tampoco deberías haberle dicho nada a ella.
—Sólo estaba recordándole que tú también me amas. Me estaba mirando con odio.
Paula tenía muchas razones para odiar a Daniela. Sabía eso. Sólo deseaba que aprendiera a dejarlo ir. Cuando había insistido en venir aquí, había pensado que era su forma de perdonar a Daniela. Parecía que estaba equivocado.
—Yo trataré con Paula. Esto no sucederá otra vez. Pero tienes que empezar a encontrar formas de dejar ir esta amargura, Dani. No puedo ayudarte si sigues actuando de esta manera frente a Mateo. Él está acostumbrado a tratar con Carolina. No contigo. Caro es tranquila y cuida de sí misma. Eso es todo lo que Mateo soportará, y estoy seguro de que de niña, adivinó eso rápido. Tienes que darte cuenta que Mateo no te aceptará por ti. Es mimado y egoísta. Es una leyenda. La gente le adora y se nutre de ello.
—Odio mi vida. Yo… a veces pienso que sería más fácil para todos si simplemente termino con ella.
Sentí un fuerte dolor en mi pecho, y extendí una mano y tiré de ella hacia mis brazos. —No puedes hacer eso porque te amo. Te quiero alrededor. Necesitas un cambio para encontrar la felicidad, Daniela. No te hagas esto a ti misma. Y nunca, y quiero decir NUNCA, digas algo así de nuevo.
Asintió contra mi pecho y empezó a llorar suavemente. Me pregunté si mi herida hermana nunca sanaría.
***
Pasaron varias horas más antes de que volviera a la casa. Daniela estaba en su hotel. Se negó a quedarse con Mateo y Caro. Le había escrito mensajes a Paula dos veces y no había oído nada de ella. Estaba preocupado. Seguí diciéndome a mí mismo que estaba dormida.
Corrí a nuestra habitación y abrí la puerta para encontrarla acurrucada en la cama, dormida. Todavía llevaba su vestido y parecía tener frío. Caminé hacia ella y empecé a desvestirla con delicadeza. No quería despertarla, pero tampoco quería que estuviera incómoda mientras dormía.
Una vez que la desnudé, retiré las mantas y la metí dentro. No podía creer que le hubiera dicho algo hiriente a Daniela. Pero Dani había sido firme respecto a que Paula había arremetido contra ella. Probablemente eran las hormonas del embarazo. Me incliné y besé la cabeza de Paula antes de levantarme y dirigirme a la ducha. Ni siquiera habíamos estado aquí durante un día y ya estaba estresado y listo para irme.
***
Los golpes en la puerta comenzaron justo después de que mi cabeza tocara la almohada. O al menos se sintió de esa forma. Paula se agitó en mis brazos y me di cuenta del sol que entraba por las ventanas. Tal vez sí había conseguido dormir algo.
—¿Quién es? —preguntó Paula en un susurro somnoliento.
No lo sabía, pero no quería que Paula se despertara de esta manera. Sabía que se había quedado hasta tarde esperando por mí. —No estoy seguro. Quédate
aquí —respondí y la besé en la frente antes de salir de la cama y ponerme mis pantalones vaqueros desechados.
Abrí la puerta de la habitación de un tirón para encontrar a mi padre con aspecto de tener resaca y estar enfadado.
—Tienes mierda con la que tratar. Lo que sea que le dijiste ayer a Daniela, no ayudó. Su culo se va a mudar aquí —gruñó Luca.
Ese era un paso en la dirección correcta. Ella necesitaba una oportunidad de acostumbrarse a Mateo. Esto sería bueno para ambos. —Entonces mi charla ayudó.Es hora de que Mateo la acepte y recupere el tiempo perdido.
Luca dejó salir una risa dura. —Eso no sucederá, Pedro. Estás haciendo que se haga falsas esperanzas si eso es lo que le estás diciendo. Mateo es Mateo. No es una maldita figura paterna y eso es lo que ella quiere.
Tal vez. Pero al menos tenía que ayudarla a intentarlo.
—Simplemente ve abajo y ayuda antes de que todo el infierno se desate — dijo Luca antes de darse la vuelta y marcharse.
Cerré la puerta antes de volver junto a Paula. Estaba sentada en la cama con su cabello desordenado por el sueño y la sábana frente a su pecho desnudo.
Lo que realmente quería era volver a meterme en la cama con ella y olvidar toda esta mierda con Daniela.
—Lo siento —le dije mientras caminaba de regreso a la cama. Frunció el ceño. —¿Cuándo volviste anoche?
—Tarde. Daniela fue difícil.
Paula asintió con rigidez y luego dejo caer su mirada de la mía. Me acerqué a su lado de la cama y me senté junto a ella, luego deslicé un dedo bajo su barbilla y le levanté la cabeza para que me mirara.
—Oye, ¿qué pasa? Dejó escapar un profundo suspiro de cansancio. —Podrías haber llamado. Esperé por tu llamada. Me quedé dormida preocupándome por ti.
—Llamé —le aseguré—. No respondiste.
Paula alcanzó su teléfono y lo miró. —Me llamaste después de las once. Me había quedado dormida para esa hora. Quiero decir que podrías haber llamado antes que eso.
Tenía razón. Debería haberlo hecho. Malditos Daniela y Mateo. No iba a poner a Paula en segundo lugar de nuevo. Había jurado que ella venía primero y lo decía en serio. Sin embargo, ayer por la noche, la decepcioné.
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