sábado, 18 de enero de 2014

CAPITULO 125




Paula

Todavía no puedo asimilar que me cantaste una canción y tocaste la guitarra. Simplemente, guau, Pedro. Guau. —Estaba todavía aturdida de haber visto a Pedro esperándome con una guitarra en sus brazos. Entonces, en lugar de Jason Mraz, él había cantado una canción que había escrito para mí. Después de los diversos regalos y cartas enviadas a mi habitación me pareció que no podría superarse a sí mismo. Me había equivocado.
—Dejé de cantar cuando estaba en la universidad. Decidí que estaba cansado de las chicas estuvieran interesadas en mí por Luca. Si cantaba, sólo empeoraba mi conexión con Slacker Demon. Así que lo dejé. Pero para ti… Quería
que caminaras por el pasillo hacia mí con mis palabras y mi voz cantando algo escrito para ti. No un tema genérico que se pone en un millón de otras bodas. —Pedro besó el lugar justo debajo de mi oreja—. No hay otras bodas como ésta y
nunca las habrán —susurró en mi oído.
Me acurruqué más cerca de él mientras bailábamos la versión de nuestra banda en vivo de la canción de Ed Sheeran, "Kiss Me". Luca se había ofrecido a conseguir una "banda de verdad", pero yo no quería eso. No quería que nuestra boda fuese más que una pequeña reunión íntima. No quería hacerla un concierto para la banda. 
Pedro había acordado conmigo y habíamos encontrado la mejor banda de covers que el dinero podía comprar.
—Me gustaría que no tengamos la casa llena de gente esta noche —dije en su pecho.
—Eso no importa. No vamos a estar ahí —respondió Pedro.
Me aparté y lo miré a los ojos. —¿Qué quieres decir?
Él sonrió. —¿De verdad crees que voy a compartir una casa con todas esas personas en mi noche de bodas? Por supuesto que no. 
Tenemos el apartamento pent-house en el club esperando por nosotros cuando nos vayamos de aquí.
Me alegré de que hubiera pensado en eso. No quería pensar en su padre y mi padre en la misma casa que nosotros esta noche. —Bueno —contesté.
Su pecho vibró por su risa. Miré por encima a los otros huéspedes. Todos nuestros amigos estaban aquí. Todo el mundo nos felicitó. 
Excepto su hermana… y su madre. Pero no lo habrían aprobado. Ambas me odiaban. 
Aún así, me sentí mal de que se hubiesen perdido este día por el bien de Pedro. 
Sólo esperaba que algún día fueran a ser parte de nuestras vidas, por Pedro. Sabía que, a pesar de que no las mencionó, las extrañaba.
—¿Dónde pusiste el satén? —preguntó.
Sonreí mordiéndome el labio inferior. —No tenía bolsillos —respondí.
—Lo sé. Entonces, ¿dónde está?
—Escondido en mi sujetador —admití.
—Supongo que tendrá un nuevo significado para mí de ahora en adelante —dijo, tocando el frente de mis pechos con los pulgares.
—Gracias por todo. El collar, la pulsera para el tobillo, el anillo, y voy a dejar que te quedes con el satén. Aunque me encantó tenerlo allí con nosotros.Sabiendo que había tocado la vida de ambos. Fue perfecto.
Pedro apretó sus brazos alrededor de mí. —Sí, lo fue. —El momento en que su cuerpo se puso tenso, lo sentí. Mirando hacia él vi sus ojos enfocados en algo por encima de mi hombro. 
Miré hacia atrás para ver a Facundo de pie mirándonos—.
Probablemente debería dejarlo bailar contigo —dijo Pedro, aún sosteniéndome firmemente.
Le sonreí y su expresión se suavizó. —Si no quieres que baile con Facundo, entonces yo tampoco quiero. Necesito ir a hablar con él y, si quieres ir conmigo y aferrarte a mí cuando haga eso, puedes hacerlo. Relájate. 
Soy Paula Alfonso ahora.
La chica a la que él amaba era Paula Chaves.
Al usar mi nuevo nombre todo su cuerpo se relajó y me abrazó más fuerte.—Dilo de nuevo. Al menos la parte en que dices tu nombre —dijo con voz ronca.
—Paula Alfonso —repetí.
—Maldita sea, eso suena bien —dijo, dándome un beso en la frente—. Ve a hablar con él. Pero si no te importa… nada de baile. No quiero sus manos sobre ti.
—¿Así que tampoco abrazos? —pregunté antes de caminar hacia Facundo.
Pedro frunció el ceño y sacudió la cabeza. —No, si quiere mantener los brazos atados a su cuerpo —respondió, haciéndome reír. Mi hombre posesivo.
Me acerqué a Facundo, que estaba allí esperando por mí, con las manos metidas en los bolsillos y una expresión de dolor en su rostro. Esto no podía ser fácil para él. En su mente habíamos sido algo eterno. Realmente no había pensado que Pedro estaría allí para mí al final. 
Se había equivocado.
—Me alegro de que hayas venido —le dije mientras me detenía a pocos metros de él, manteniendo una distancia suficientemente cómoda.
—No voy a mentir. No quería hacerlo. Carmen me obligó —respondió—.Pero te ves hermosa. Tan impresionante que duele mirarte.
—Gracias. No sabía que Pedro te había enviado las entradas e invitaciones hasta que Carmen entró en mi cuarto hoy.
Facundo asintió. —Sí, me lo imaginé, un poco. 
Ya que fue Pedro el que nos invitó y no tú. Carmen estuvo decidida en que vendríamos una vez que la recibió.
—Estoy feliz, Facundo.
Él me dio una sonrisa triste y asintió. —Puedo ver eso. Es difícil pasarlo por alto. Él está malditamente gritando de alegría.
No había mucho más que decir. Nuestro tiempo estaba en el pasado. Había sido mi mejor amigo una vez, pero ahora Pedro era mi todo.
—Cuídate —le dije, sabiendo que tenía que volver a Pedro antes de que decidiera que habíamos hablado mucho tiempo.
—Tú también, Paula. Envía fotos del bebé. Carmen querrá verlas —respondió.
Di media vuelta y me dirigí a Pedro, que estaba de pie en el borde de la pista de baile, con los ojos fijos en mí.

viernes, 17 de enero de 2014

CAPITULO 124




Pedro

Había estado esperando en la parte inferior de la escalera a que bajara cada persona que había enviado después de dar los regalos.
Cuando su padre había subido supe que no podría esperar más tiempo. Tenía que salir. Quería ser yo el que le diera los regalos, pero ella había estado convencida de que no podía verla antes de la boda.
De pie bajo la pérgola cubierta de hiedra y rosas blancas sobre la arena entre mi casa y el golfo, esperé con el ministro en un lado y Federico en el otro.
—¿Estas nervioso? —preguntó él.
—¿De que ella decida no caminar por ese pasillo? Sí —le contesté.
Federico rió y negó con la cabeza. —Eso no es lo que quise decir.
—Un día lo comprenderás. Y cuando lo haga, me reiré como la mierda.
—No hay tales chances ni en el infierno —respondió.
Isabel apareció bajo las rosas de color rosa, lo que significaba que Paula estaba esperando detrás de ella. 
Cogí el micrófono inalámbrico oculto que me consiguió el tipo de sonido, colocándolo estratégicamente para mí, y lo puse en mi solapa. 
Entonces busqué detrás de las flores y cogí mi guitarra. Hacía años que nadie me había visto tocar esto. Sólo podía imaginar lo que pasaba por sus cabezas.
Sólo mi padre sabía lo que estaba pasando, porque él me ayudó con los acordes.
—¿Qué estás haciendo? —susurró Federico. La incredulidad en su voz en cuanto adivinó la respuesta fue obvia. No necesitaba decirle. Tan pronto como Isabel estuvo en su lugar me puse delante del ministro y miré directamente hacia el pasillo. 
Cuando apareciera Paula, comenzaría la música. Ya había revisado todo con el equipo de sonido de fondo.
Cuando ella dio un paso adelante en el brazo de su padre, sus ojos se encontraron con los míos y luego se abrieron con sorpresa. Ella había supuesto que caminaría por el pasillo con "I Won't Give Up" de Jason Mraz. Pero yo no había querido a otro hombre cantando para ella. Hoy no. Quería que caminara por el pasillo mientras cantaba las palabras escritas sólo para ella, que caminara por el pasillo mientras le regalaba mi mundo.
—Bueno, eh, no he sido de los que cantan... bueno, ya sabes, delante de la gente… pero pensé que después de todo lo que hemos pasado... este sería un buen momento para decir lo que siempre he querido decir. Paula, te amo, nena, hasta la luna y de vuelta. —Vi como ella quedó paralizada mirándome.
Todo el lugar se desvaneció y todo lo que pude ver era a Paula.


Cuando me miraste por primera vez
Me olvidé de respirar
Ese momento marcó mi endurecido corazón
Y prometí jamás alejarme.


Y el tacto de tu piel
Sanó algo muy profundo
Que me dejó queriendo más de ti
Cuanto menos tenía, más crecía.


Oh, no pude evitar enamorarme, enamorarme de ti.


Así que estoy aquí parado, oh, nena, sabes
Que después de todo lo que hemos pasado no podríamos dejarlo ir
Y mientras esté vivo, miraré en tus ojos
Sosteniéndote muy cerca, juraré solenmente
Que me he enamorado demasiado
Que me he enamorado demasiado, demasiado de ti.
De ti.


Cuando finalmente te encontré
Al fin me encontré a mí
Ese día que no olvidaré pronto
La razón de todo.


Te daré un nuevo nombre
Nada en la vida será lo mismo
La historia ahora está completa
Nuestra vida y amor es todo lo que necesitamos.


Porque no pude evitar enamorarme, enamorarme de ti.


Así que estoy aquí parado, oh, nena, sabes
Que después de todo lo que hemos pasado no podríamos dejarlo ir
Y mientras esté vivo, miraré en tus ojos
Sosteniéndote muy cerca, juraré solenmente
Que me he enamorado demasiado
Que me he enamorado demasiado, demasiado de ti.


Mi corazón está latiendo
Rogando por ti
Esta noche será
Un sueño hecho realidad
Así que ven, ven, ven a mis brazos.


Así que estoy aquí parado, oh, nena, sabes
Que después de todo lo que hemos pasado no podríamos dejarlo ir
Que me he enamorado demasiado
Que me he enamorado demasiado, demasiado de ti.
De ti.



http://www.youtube.com/watch?v=0JBQrTS0fXI


Cuando toqué la última línea, rápidamente saqué la correa de la guitarra sobre mi cabeza y se la entregué a Federico. Paula no esperó a cualquier indicación del ministro antes de arrojarse a mis brazos con un sollozo.
—Eso fue hermoso —dijo contra mi pecho.
—No tan hermoso como tú —le contesté, sujetándola contra mí.
Ella dejó escapar una pequeña risa. —No sabía que podías hacer eso —dijo,moviéndose hacia atrás para mirarme.
—Estoy lleno de todo tipo de sorpresas emocionantes —le aseguré, y guiñé un ojo.
—De acuerdo, ustedes dos. Permítanme entregar a la chica en primer lugar —dijo Miguel,cogiendo el brazo de Paula y tirando de ella a su lado con una sonrisa divertida.
Miguel besó la mejilla de su hija y luego me miró. 
—Te diría lo especial que es ella, pero ya lo sabes. Y esa es la única razón por la que puedo entregártela. Te pedí que fueras el hombre que no pude ser, e hiciste como te pedí. No por mí, sino por ella. No podría estar más orgulloso de la mujer en la que se ha convertido y el hombre que ha elegido para pasar el resto de su vida. 
—Tomó la mano de Paula y la puso en la mía. Luego se volvió para ocupar su asiento.
Metí su mano en el hueco de mi brazo mientras nos dábamos la vuelta para hacer frente al ministro. 
Ella saltó a mi lado y miró su estómago con una sonrisa.
Puse mi brazo alrededor de su cintura y mi otra mano sobre su estómago mientras nuestro bebé se movía. Esto era mío.

CAPITULO 123




Paula

Isabel me dio un beso en la mejilla, luego sacó algo de detrás de su espalda. Un pequeño paquete plateado con garabatos familiares de Pedro en la nota estaba sostenido adelante mío. 
—Pedro quería darte tu algo antiguo —explicó.
No había tratado de conseguir ninguna de esas cosas. Me había olvidado de esa tradición. Sonriendo, tomé el paquete y lo abrí. 
Dentro había un anillo con una perla que parecía muy cara. La banda de plata era elegante y estaba grabada. 
Lo levanté para ver el grabado. Decía: "Mi amor" en el. Eso también era viejo. No es algo que Pedro habría hecho.
Una pequeña nota estaba escondida al lado de él. La tomé y la abrí.



Paula:
Esto perteneció a mi abuela. La madre de mi padre. 
Ella me vino a visitar antes de morir. 
Tengo muy buenos recuerdos de sus visitas y cuando pasó, me quedé con este anillo.
En su testamento me dijo que se lo diera a la mujer que me completara. Dijo que se lo dio mi
abuelo, que murió cuando mi padre era sólo un bebé, pero que nunca había amado a otro
como lo había amado a él. Él era su corazón. Tu eres el mío.
Esto es tu algo antiguo.
Te amo,Pedro.


Sollocé e Isabel también. La miré y ella estaba a mi lado, leyendo la nota. 
—Maldita sea, quien diría que Pedro Alfonso podría ser tan romántico —dijo, y volvió sollozar.

Yo lo sabía. Me lo demostró más de una vez. Me puse el anillo en la mano derecha y encajaba perfectamente. Pensaba que no era una coincidencia. Sonreí, mirando a Isabel. 
—Gracias por todo —le dije.
Ella me abrazó y asintió. —Yo debería agradecerte. Eres la mejor amiga que he tenido. —Antes de que pudiera decir nada más se escabulló de la habitación con un saludo final.

Me volví a mirar en el espejo para estudiarme. El raso de color perla reunido sobre mis pechos permanecía en su lugar, sin tirantes gracias al tamaño de la taza de embarazada. La cintura era alta y justo debajo de mis pechos, cubierta con un millón de pequeñas perlas. 
Sobre el raso había una capa de gasa que colgaba en
una línea recta llegando hasta unos centímetros por encima de las rodillas. Había elegido ir descalza ya que tenía que caminar sobre la arena. Mis uñas estaban pintadas de un rosa pálido para que coincidiera con los pétalos de rosa esparcidos por el pasillo.

Un golpe en la puerta me sorprendió y me volví para ver entrar a Carolina en la habitación. Llevaba una pequeña caja. 
—Te ves como una princesa —dijo sonriendo.
—Gracias—le contesté. Me sentía como una.
—Tengo algo de Pedro. Quería ser el que te diera tu algo nuevo —dijo, y me entregó el pequeño regalo—. Me iría, pero creo que necesitarás mi ayuda.
Tomé la caja y la abrí rápidamente, emocionada por ver lo que había enviado para mí esta vez. 
Ubicado en el interior había una delicada cadena de oro
con varios diamantes cortados en la forma exacta de mi anillo, pero mucho más pequeños. Sostuve la tobillera y el sol que entraba por las ventanas atrapó los diamantes y bailó alrededor de la habitación.
—La pondré por ti —dijo Caro y puso la tobillera en su mano, luego la ató alrededor de mi tobillo.
Le había dicho a Pedro que sentía que necesitaba algo en mis pies, pero que no me podía imaginar caminando por la arena en zapatos. Esta fue su respuesta.
Sonreí y le agradecí a Caro.
—No hay de qué. Luce hermosa en ti —dijo antes de salir de la habitación tan silenciosamente como había entrado.

Miré mi tobillo en el espejo para admirarlo cuando llegó otro golpe en la puerta. Una cara familiar que no había esperado en absoluto me sonrió y corrí a abrazar a Carmen. 
No había invitado Carmen porque me preocupaba que Pedro se molestara porque Facundo estuviera aquí. Sabía que iba a ser el que trajera a su abuela y no podía dejar de invitar a Facundo también. Las lágrimas escocían mis ojos mientras me apretaba.
—No puedo creer que estés aquí. No puedo creer que condujeras hasta aquí —dije efusivamente.
Me palmeó la espalda y se echó a reír. 
—Bueno, yo no conduzco. Ese hombre tuyo envió para mí y Facundo billetes de avión. Primera clase. Nunca he estado tan mimada en mi vida. Fue toda una experiencia, ya te lo digo. —Si no amara a Pedro Alfonso con cada fibra de mi ser, entonces lo amaría más por esto. Pero tenía todo de mí.
—Ahora, no vas a lloriquear sobre mí y estropear el maquillaje. Te pareces a tu madre. Justo igual que ella. No creo que tu padre pudiera ser más feliz de lo que lo es ahora. No tengo que venir aquí y hacerte llorar. Vine para darte algo de Pedro.Él quería ser el que te diera tu algo prestado.
No pude evitar la sonrisa tonta en mi cara. Él me enviaba otro regalo. Ella me entregó una pequeña caja envuelta como la que Carolina había traído. Lo tomé y lo desenvolví rápidamente.
Ubicado en una caja de raso había una pequeña nota. Lo recogí y debajo de ella estaba una vieja muestra de satén rosa. Estaba bastante gastada y obviamente había sido cortada de otra cosa. Abrí la nota.



Paula:

He esperado hasta hoy para mostrarte esto. 
No ha sido fácil no decir nada al respecto. 
Pero cuando recordé quién era tu madre, también recordé este pedazo de tela.
Había olvidado de dónde venía hace mucho tiempo, pero sabía que era especial, así que lo guardé conmigo.
 Todo el tiempo. Al crecer, cuando estaba asustado y solo, lo sostenía en mis manos y lo frotaba en mi cara.
 Era un secreto que no quería que nadie conociera. 
Pero me tranquilizaba. Cuando tu padre me recordó los panqueques con forma de Mickey Mouse, mis recuerdos de tu madre regresaron. Con ellos me acordé del día que conseguí este pedazo de tela.
Tu madre siempre llevaba un pijama de raso rosa a la hora de dormir. 
A menudo me ayudaba a dormir porque era difícil conseguir calmarse lo suficiente como para cerrar los ojos. Me encantaba cuando me abrazaba. 
Mi propia madre no lo hacía. 
Me gustaba ir a dormir por la noche frotando la nariz a través de su brazo y los pijamas de raso rosa. 
El día que se fue, recuerdo que me asusté. 
No quería que me dejaran con Georgina. 
Tu madre me abrazó fuertemente y luego guardó esta pieza de raso cortado de su pijama en mi mano y me dijo que lo usara en la noche cuando me iba a la cama.

Me encantaría decir que este recuerdo volvió a mí 
por mi cuenta, pero no fue así.

Simplemente supe que la tela tenía que ver con la mujer 
que me hizo panqueques. 
Entonces, le pregunté a tu padre. Él me contó la historia y me di cuenta de que el sueño recurrente con el que había crecido, de la mujer con el pijama de raso rosa, era real. 
No era un sueño.
Esto es mío y no puedes tenerlo (a menos que realmente lo quieras y entonces es tuyo).
Esto es tu algo prestado.
Te amo,Pedro.


—Espero que no estés usando un montón de maquillaje porque te quitaste la mitad llorando —se quejó Carmen.
Le sonreí y tomé el pañuelo que sostenía y me limpié las lágrimas de la cara.
No llevaba mucho maquillaje, para consternación de Isabel. La máscara de pestañas que tenía era resistente al agua lo que era una algo bueno. Froté el raso en mi mejilla y pensé en mi dulce mamá dejándole esto a Pedro. Entonces me doblé y lo metí en mi sujetador sin tirantes. Puse la nota en la cómoda. Quería eso también. Por siempre.
—Bueno, tengo que ir abajo e ir a mi asiento. Nos vemos pronto —dijo Carmen y me lanzó un beso antes de dirigirse a la puerta.
Me acerqué al espejo para comprobar mi maquillaje cuando otro golpe rápido llegó a la puerta. Mi padre entró con una sonrisa en su rostro. 
—Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida. Es un hombre afortunado el que está allá abajo. Será mejor que lo recuerde.
—Gracias, papá —le contesté.
Metió la mano en el bolsillo y sacó otra pequeña caja de regalo similar a las que los demás habían traído aquí. 
—Tengo algo para ti de Pedro. Él quería ser el que te diera tu algo azul.
No pude evitar la sonrisa tonta en mi cara. Ya me había dado cuenta de que esa era la razón de por qué estaba allí. Papá me lo entregó. 
—Me quedaré. Vas a necesitar mi ayuda.
Abrí la caja, emocionada por conseguir algo más de Pedro. Una delicada cadena de oro, que hacía juego con la tobillera que me había enviado, se encontraba en el raso. 
La saqué y colgando de ella había un topacio en forma de
lágrima. Al lado había otra nota. La agarré de forma rápida y la desdoblé.



Paula:

Esta lágrima representa muchas cosas. 
Las lágrimas que sé que has derramado sobre la pieza de raso de tu madre. Las lágrimas que has derramado sobre cada pérdida que has experimentado. 
Pero también representa las lágrimas que ambos hemos derramado cuando hemos sentido la pequeña vida 
dentro de ti empezar a moverse. 
Las lágrimas que he derramado por el hecho de que me han dado a alguien como tú. 
Nunca me imaginé alguien como tú, Paula. 
Pero cada vez que lo pienso en estar contigo para siempre, me siento honrado de que me eligieras.
Esto es tu algo azul.
Te amo,Pedro.


Me limpié otra lágrima y reí. Estaba en lo cierto. Habíamos tenido lágrimas tristes y felices. Quería este recuerdo de ambos mientras decíamos nuestros votos.
Mi padre la tomó de mis manos y me la sujetó al cuello. Me moví para que se apoyara contra mi pecho. 
Estaba completa. Yo tenía algo viejo, algo nuevo, algo
prestado y algo azul.
—Es hora de que bajemos —dijo a papá antes de caminar para abrir la puerta. Lo seguí y me llevó por las escaleras y salió por la puerta principal. 
Tenía que pasar por debajo de la casa y a través de un arco de rosas de color rosa y luces parpadeantes blancas.
Deslizando la mano en el hueco del brazo de mi padre, dejé que me guiara.

jueves, 16 de enero de 2014

AVISO:


LA NOVELA TERMINA EL MIERCOLES
VOY A EMPEZAR A SUBIR UNA NOVELA CORTA
Y DESPUES UNA TRILOGIA AL ESTILO 
50 SOMBRAS DE GREY
AVISENME SI QUIEREN QUE SE LAS PASE

CAPITULO 122




Pedro

Estaba viendo cómo Paula bailaba con su papá cuando vi a Federico entrar en el salón de baile como un hombre huyendo de un demonio.
¿Qué diablos le pasaba? Miré hacia Paula y estaba sonriendo felizmente a su padre. Así que me fui de la mesa para ir a ver a Federico.
Generalmente era un chico del tipo estable. Este comportamiento no era normal.
Lo encontré mientras tomaba de un trago el whisky que el camarero depositó frente a él. Tomó de nuevo, le entregó la copa al camarero y pidió otra.
Algo se había metido definitivamente en su culo.
—¿Por qué mierda no me dijiste? —gruñó Federico sin mirarme.
—¿De qué estás hablando? —le pregunté, observándolo tragar y pedir otra copa más.
Volvió la mirada hacia mí. —Carolina. Conocí a la maldita Carolina. Podrías haber mencionado que la hermana de Daniela es una diosa caminante. Prepararme mentalmente para que no me la follara mentalmente de todas las formas
imaginables, y no convenciera a mi polla de que iba a conseguir alguna acción antes de que se enterara de que es imposible. —Tomó otro trago y estrelló la copa en el bar—. Eso está mejor —suspiró.
—¿Así que conociste a Carolina? —le pregunté, todavía no lo entendía. ¿Por qué estaba tan enojado? Le hablé de Caro.
—Sí, conocí a Carolina. Jesús, Pedro, es necesario advertir a un hombre primero.
Todavía estaba completamente confundido. Aún no tenía sentido. 
—Voy a ser honesto. No sé qué demonios te molesta. 
Federico dejó escapar una risa dura. —Mierda, realmente estás atado firmemente por las pelotas —murmuró—. Dado que parece que no puedes quitarle los ojos de encima a Paula y ver a otras mujeres, permíteme darte una pista.
Carolina es jodidamente perfecta. Pedro, maldita sea, su boca. —Se estremeció y sacudió la cabeza—. Dios, lo que podría hacer ella con esa boca. Y sus ojos. Juro que nunca he visto nada igual.
¿Así que estaba hablando sin parar sobre cómo se veía Caro? —Está bien.
¿Y esto te enojó porque…? —le pregunté, pensando que tal vez yo necesitaba un trago para esta conversación.
—Porque no puedo tocarla y me molesta. Quiero tocarla, tanto. De muchas, muchas maneras. Nunca he estado así de encendido, tan malditamente rápido en mi vida. Y para enterarme luego que no puedo tocarla jamás. Jodidamente apesta—gruñó de nuevo.
Ah. Así que Carolina era el juguete con el que Federico no podía jugar.
Grandioso. Me alegraba de que se fuera de casa en dos días. No necesitaba este drama. Carolina no era material para Federico. Era demasiado inocente para los gustos
de mi hermano. 
—Sí, bueno, eso es bueno porque Carolina no va a tu ritmo. La romperías.
Federico me frunció el ceño. —¿Qué se supone que significa eso?
—Eso significa que es tranquila y tímida. No sale. No hace nada más que ir a la universidad. No la ha tocado nada del mundo de Mateo. Es amable y no quiere volver sus pelos de punta. Incluso con Daniela gritándole y diciéndole cosas que no son verdad, lo escucha y se va. No es tu tipo. Es posible que tengas algo por su boca, pero ella no sabría cómo usarlo de la manera que quieres. Tampoco querría.
No es así.
Paula terminó su baile con su padre y sus ojos se abrieron al instante que vio mi asiento vacío. Me estaba buscando. Tenía que ir. Le di una palmada en la espalda a Federico. 
—Ve a buscar a algún coño aquí esta noche, que no sea más virginal que una monja —pedí y me dirigí de nuevo a Paula.
Me vio y sonrió mientras me dirigía a ella. La música cambió y la canción de Bruno Mars “I Will Wait For You” comenzó a sonar a través de los altavoces. La atraje hacia mí y me sonrió. Me encantaba esta canción. Entendía cada palabra, ya que era exactamente lo que sentía. Nunca había cantado para Paula antes y tuve la tentación de hacerlo en su oído, pero quería esperar. Todavía no. Le cantaría... pero
todavía no.
—¿Te gustó bailar con tu papá? —le pregunté, sólo para poder escuchar su voz.
—Sí. Hablamos de mamá. Le habría gustado estar aquí. Lo habría amado.Siempre me dijo que Facundo no era para mí. Era demasiado débil. Que un día alguien iba a luchar por mí y que me querría más que cualquier otra cosa. La habrías hecho muy feliz.
Mi pecho se sintió apretado. Nunca una mujer me había dicho que su madre me amaría. Saber que Paula sentía que su madre me aprobaría, no decía más de lo que sabía.
 Me acordé de su madre. No claramente, pero me acordaba de ella. Me acordé de su sonrisa y su risa. Solía hacerme sentir feliz como un niño pequeño. El olor de sus panqueques me hacía sentir seguro. Saber que mi hijo iba a tener una madre trajo lágrimas a mis ojos. Él tendría lo que yo no tuve. Algo que sólo había probado apenas.
—¿Qué dije? —Paula hizo una pausa al notar las lágrimas contenidas en mis ojos, parecía que no podía controlarme. Maldición.
—Estaba pensando que mi hijo iba a tener a la madre que nunca tuve la oportunidad de tener. Tu mamá era lo suficientemente especial que su recuerdo me quedó grabado —admití.
Los ojos de Paula se llenaron de lágrimas y agarró mi cara y me besó. Sus suaves labios se abrieron y su lengua se deslizó en mi boca hambrienta. Ahí mismo, en frente de todos. Esto no era común en ella, pero lo aceptaría. 
Empecé a besarla de nuevo con la misma pasión, cuando se apartó lo suficiente para poder mirarme. Sus manos todavía sostenían mi cara. 
—Te amo, Pedro Alfonso. Vas a ser el mejor esposo y padre que el mundo haya conocido. Un día, la esposa de nuestro
hijo estará agradecida de que su marido haya tenido un modelo a seguir. Tendrá suerte por ti. Porque educarás a nuestro hijo para ser el hombre que ahora eres. La amará completamente, porque sabrá cómo hacerlo. —Se atragantó con un sollozo y apretó sus labios contra los míos de nuevo, mientras la acunaba en mis brazos, disfrutando de tenerla tan decidida a asegurarme que era un buen hombre. 
Nada en la vida era tan preciado como esta mujer. 
Nunca lo sería. 
Había encontrado mi felicidad.





CAPITULO 121





Paula

Pedro puso fecha a nuestra boda. Me dio una semana. No pude ni siquiera tratar de argumentar. La determinación en sus ojos me había dicho que no había salida. Estaba más que lista a casarme con ese hombre pero sentía que él estaba preocupado de que yo me echara para atrás.
Especialmente después de lo que sucedió entre su papá y Daniela.
Nos íbamos a casar doce días antes de Navidad. El plan era pasar Navidad y Año Nuevo en casa juntos, entonces irnos en Noche Vieja a disfrutar de nuestra luna de miel. 
Él se debatía entre quererme llevar por todo el mundo y no quererme hacerme viajar mucho. Estaba preocupado por mantenerme en reposo. Lo cual hacía los preparativos de la boda difíciles. 
Al final, tuve que convencerlo de que permanecer en el penthouse de Manhattan era lo que quería hacer. Nunca había estado en Nueva York, así que eso podía ser una aventura para mí. Además teníamos la comodidad de esta casa y mi obstetra estaba buscando otro allí para poder chequearme ya que estaba muy lejos.
Afortunadamente, Pedro tenía el dinero suficiente para hacer que esta boda sucediera rápidamente y aún así ser hermosa. 
Esperaba que fuera simple, y quería casarme aquí en nuestra casa. Sorprendentemente, la simplicidad tomaba muchos preparativos también. No podía mover nada de esto sin la ayuda de Isabel. Marcos tuvo que hacer muchas cosas para ayudar, también, pero ambos casi se terminan
matando más de vez en cuando. Pelaban por saber quien tenía el control.
Pedro había contratado a Lourdes para que estuviera con nosotros durante la semana entera antes de la boda. 
Ver a Lourdes entrar a la despensa cada noche al ir a su dormitorio debajo de las escaleras siempre me hacía sonreír. Tenía lindos recuerdos de ese dormitorio.
Cuando el timbre sonó después del desayuno, salté y me apresuré a atender.
Estaba esperando a mi papá y Gonzalo. Esta noche era el ensayo de la boda y necesitaba que mi padre estuviera aquí para practicar la caminata hacia el altar.
Tomando la puerta para abrirla, fui sorprendida al encontrar a Luca y Carolina ahí.
No los esperaba a ellos hasta mañana.
—Sorpresa, llegamos un día antes. No quería perderme ninguna celebración—dijo Luca con una sonrisa socarrona y entró a la casa trayendo sus maletas y dejando a Caro llevar las suyas cuando ella entró tranquilamente detrás de él—.
¿Dónde está mi chico? —me preguntó Luca viendo a los alrededores.
—Pedro salió esta mañana a hacer algunos encargos con Federico —expliqué—. Regresarán pronto. Sube y te muestro tu dormitorio, Caro. Luca, asumo que
sabes donde está el tuyo.
—Sí, ya subo en un rato. Necesito una bebida y algo de sol.
Sonreí a Carolina. —Dejé mi cuarto favorito para ti. Tiene la mejor vista. Solía ser mi dormitorio —le dije.
—Gracias. Odiaría tomar uno de los mejores dormitorios. Me encantaría tomar el más pequeño. Sé que tu familia vendrá también —dijo ella y se dejó de caminar.
—Mi papá y mi… em… mi hermano viven en un viejo bote de pesca. Confía en mí cuando te digo que el dormitorio más pequeño que tenemos aquí va a ser el más cotizado. Quiero que disfrutes de este cuarto. Está alejado de todos, también.Así que tendrás más privacidad.
Caro sonrió brillantemente y asintió. Reposé la espalda en la pared del cuarto ya que quedé hiperventilada después de subir las escaleras.
—¿Estuvo bien el viaje? —pregunté cuando realmente quería preguntarle algunas cosas de la casa.
—Estuvo bien. Vi Orgullo y Prejuicio nuevamente. Hizo que el viaje fuera más rápido.
—Me encanta esa película —admití—. Así que, ¿Cómo están las cosas en la casa? ¿Con la ida de Daniela? —Pedro no había hablado de ella una vez que
regresamos a casa. Sabía que no estaba invitada a la boda y eso me hacía sentirme culpable. Pero el miedo de que pudiera hacer una escena y arruinar nuestra boda era real.
—Tranquila otra vez. Papá hace sus cosas. Yo las mías. Luca hace lo suyo. Ellos se irán de gira en un par de meses y eso dejará el ambiente realmente silencioso.
Sentía pena por ella. No tenía a nadie, realmente. Vivir en una casa grande con un papá como Mateo debía ser solitario. Y con él fuera era sólo ella estando ahí.
No era vida para nada. El dinero no puede comprarlo todo. Caro era la prueba de eso.
—¿Por qué no le dices a Mateo que compre una casa aquí? Es hermoso y hay gente de nuestra edad por doquier. Chicos lindos. —La destellé con una sonrisa burlona. Tan perfecta como lucía Caro con su apariencia sensata, no podía imaginármela con un chico. Era tan tímida. ¿Cómo podía abrirse a alguien y conocerlo?
—No puedo preguntarle eso a papá. Estoy en la Universidad de California con una beca completa en escolaridad. 
Él tendrá que pagar por mis clases si me voy a otro lugar. Y en realidad salgo y voy a las clases. —Se alejó. Sabía desde el inicio que aunque ella iba a sus clases, no tenía amigos
—Pensaba que él podía permitirse eso —le aseguré.
Ella se encogió de hombros pero no respondió. No quería importunarla ahora. Tal vez después. —Necesito ir a vestirme. Tengo una cita en el salón para la
manicura y pedicura en una hora. ¿Quieres venir?
Ella sacudió su cabeza. —No, gracias. Pensaba tomar una siesta. Salimos muy temprano y no pude dormir en el avión.
Asentí, tomé eso como mi pista para dejarla sola.

***

Era casi de noche cuando llegaron mi papá y Gonzalo. Estaba terminando de prepararme para el ensayo y la fiesta después de este. Tendríamos una fiesta por la boda en el salón de baile del Club. No me esperaba una despedida de soltera y Pedro no quería que tuviera una, tampoco. 
Él estaba preocupado sobre lo que Isabel tenía preparado para mí. Luego Federico quiso hacer una despedida de soltero, pero Pedro desechó rápidamente esa idea. Ésta fue nuestra decisión. Convenimos en hacer la fiesta juntos con todos nuestros amigos. Antonio nos prestó amablemente el
salón de baile y su equipo de cocina para el servicio de catering.
El ensayo era en treinta minutos y las personas estaban comenzando a llegar. Pedro bajó las escaleras en un par de pantalones y una camisa de lino blanca y mi corazón se saltó más de un latido. Él era hermoso. Su cabello estaba
desordenado. La camisa blanca hacía que sus ojos plateados fueran más brillantes,y su piel más bronceada.
—Eres precioso —susurré sin aliento cuando se acercó y detuvo a un paso de distancia de mí.
—Oye, esa es mi línea. —Sonrió burlonamente alzándome hacia él y presionando un beso en mis labios—. Me dejas sin aliento —respondió.
—Mmm, al igual que tú a mí —murmuré contra sus labios.