domingo, 12 de enero de 2014

CAPITULO 111



Paula




Intentaba con todas mis fuerzas de no sonar como un bebé, pero estaba enojada.
—Debí haberte llamado antes. Lo siento. Daniela comenzó a amenazar con quitarse la vida y entré en pánico. Me encontraba en modo de hermano mayor.
Siempre se encontraba en modo de hermano mayor con Daniela. Al venir aquí sabía que tendría que lidiar con mucho de Ella, pero estaba resultando ser más difícil de lo que había imaginado. Especialmente luego de la forma en la que me había tratado anoche. No creía ni por un segundo que se suicidaría.
—Te está manipulando. Odio verla manipulándote.
Pedro se levantó y pasó una mano por su pelo, caminando hacia la ventana.
No estaba de acuerdo conmigo. Podía darme cuenta por la manera tan tensa en la que tenía los hombros. Lucía a la defensiva. 
—Está molesta y dolida. Sé que en el pasado fue una perra contigo, pero en este momento, yo te necesito. ¿Podrías no
decirle cosas feas? ¿Por mí? En verdad estoy muy preocupado por su estabilidad mental en estos momentos.
¿Cosas feas? Yo no le había dicho nada a Daniela. ¿Acaso pensaba que lo haría?
—Yo fui la que dijo que debíamos venir. Entiendo que necesite tu ayuda. ¿Por qué crees que le diría cosas malas? —dije, levantándome.
Pedro dejó caer su cabeza hacia atrás, y cerró los ojos con fuerza, como si en verdad no quisiera estar teniendo esta conversación. Algo andaba mal.
—Sé lo que le dijiste en la mesa anoche. Ella me lo contó. Y sí, tienes todo el derecho de decirle esas cosas, pero en este momento, simplemente necesito que no lo hagas. Mientras más pronto pueda arreglar esto, más pronto regresaremos a Rosemary y abandonaremos esta pesadilla.
—¿Qué fue lo le que le dije anoche en la mesa? 
No entiendo lo que me estás diciendo —respondí, sintiendo un nudo en mi estómago. ¿Daniela estaba mintiendo
sobre mí? Ella era la que había dicho cosas feas en la mesa. No yo.
—Siente como que te burlaste de ella. Sólo… probablemente, lo mejor sería que no le hablaras.
Volví a sentarme sobre la cama y permití que por mi mente corrieran todas las conversaciones de anoche. ¿En qué sentido siente que me burlé de ella? Si fue ella quién me atacó.
Un suave toque en la puerta interrumpió lo que estaba a punto de decir, y Pedro dejó salir un gruñido de frustración antes de levantarse para ir a abrir.
—Lo siento. No quisiera interrumpirlos, pero Daniela está exigiendo saber cuál es la habitación de papá. No necesita despertarlo. Eso sería malo. —La suave voz de Carolina sonaba ansiosa.
—Mierda —murmuró Pedro. Me lanzó una mirada—. Lo lamento. Regresaré en unos minutos. Sólo regresa a la cama y descansa un poco. No permitiré que nadie más te perturbe.
Permití que las lágrimas cayeran una vez que la puerta se cerró. Cuando le había dicho que viniera a lidiar con Daniela, creí que esto sería más sencillo. Tenía la esperanza que después del accidente y de su comentario de querer ser parte de la vida del bebé, estaría un poco más manejable. Me equivoqué. Venir aquí había sido una mala idea.
Mi estómago se retorció y me congelé. Me senté quieta y esperé a que el bebé pateara y me asegurara de que todo se encontraba bien. Nada ocurrió.
Coloqué ambas manos sobre mi estómago y sentí otro retorcijón. Haciendo una mueca de dolor, intenté calmar mi corazón que estaba comenzando a acelerarse.
Algo andaba mal. Una ola de náuseas me golpeó de pronto, y me recosté hacia atrás y cerré los ojos. Tal vez me había levantando demasiado rápido esta mañana.
Necesitaba comenzar a ser más cuidadosa. Toda esa intensa tensión acumulada en esta casa comenzaba a afectarme.
Cerré los ojos y tomé varios respiros lentos y profundos. No volvieron más retorcijones, y sentí una suave patadita contra mi mano. Con ese poquito de alivio, comencé a quedarme dormida.

***
Cuando abrí los ojos, el sol se había movido y ahora brillaba con fuerza por las ventanas. Tenía que ser pasado el mediodía. Estiré la mano para buscar mi teléfono y ver la hora. Era la una. Debía haber estado más agotada de lo que pensé.
Rodé para levantarme y una bandeja de comida se encontraba sobre una mesita al lado de la cama. Envolví la sábana a mí alrededor y fui hacia ella. 
Sonreí al recoger la pequeña notita con la letra de Pedro en ella.
Lamento lo de esta mañana. Estabas agotada y me descargué contigo. Nada de esto
es tu culpa. Sólo quiero que todo esto termine para llevarte de vuelta a casa. Come algo. Yo
iré a ver si puedo hablar con Mateo.
Te amo más que a la vida,
Pedro.
Levanté la cubierta de metal que se encontraba protegiendo mi plato, para encontrar fresas frescas y crema, salmón, y una rebanada de tostada. Mi estómago aún no se sentía muy bien, así que decidí mantenerme lejos del salmón, pero tomé una fresa y la introduje en la crema antes de darle una mordida. El dulce sabor golpeó mi lengua, y me sentí mejor. Sentada en el borde de la cama, me comí todas las fresas y la tostada antes de levantarme e ir a tomar una ducha.

sábado, 11 de enero de 2014

CAPITULO 110




Pedro

Daniela era un desastre sollozante. Por más mala que era, mi corazón se rompía por ella. Todavía era mi hermana pequeña, le habían hecho tanto daño. Ambos padres. Había intentado toda mi vida ser la persona con la que pudiera contar, pero no había sido suficiente. Necesitaba sentirse amada y aceptada por uno de sus pésimos padres, siempre llenos de excusas.
—Ella me odia. —Daniela sorbió por la nariz, hipando—. 
Me hizo quedar como una tonta justo enfrente de Mateo. Ni siquiera le importa que esté buscando una manera de que él me quiera.
Estaba seguro de que Daniela había empujado a Paula a decir las cosas que había dicho, pero no señalé eso. Justo ahora, después de una hora, conseguía que Daniela se calmara lo suficiente para hablar conmigo. Necesitaba a alguien ahora mismo y estaba bastante seguro de que yo era la única persona en el planeta a la que le importaban sus problemas.
—Sé que la amas, pero es mezquina. Es fría y cruel. ¿Recuerdas cuando me apuntó con un arma? —Daniela sollozó y se limpió la cara empapada de lágrimas.
—Eso fue un poco diferente. Mamá y Miguel acababan de destruir su mundo. Estaba enfadada y tú estabas burlándote de ella.
Daniela dejó salir una risa dura. —Siempre vas a ponerte de su parte. Incluso si se burla de mí y de mi necesidad de tener un padre que me quiera allí mismo, delante de todos. Enfrente de Carolina. Luca. Mateo. No se preocupa por mis
sentimientos.
Paula estaba embarazada y le costaba más controlar sus emociones. Sin embargo, necesitaba hablar con ella acerca de estar tranquila entorno a Daniela.
Cuanto antes consiguiera que ella y Mateo estuvieran en buenos términos, más pronto nos podríamos marchar. No me gustaba tener que hacer malabares entre Paula y mi hermana. Era demasiado.
—Ella no debería haber dicho lo que dijo. Sin embargo, tú tampoco deberías haberle dicho nada a ella.
—Sólo estaba recordándole que tú también me amas. Me estaba mirando con odio.
Paula tenía muchas razones para odiar a Daniela. Sabía eso. Sólo deseaba que aprendiera a dejarlo ir. Cuando había insistido en venir aquí, había pensado que era su forma de perdonar a Daniela. Parecía que estaba equivocado.
—Yo trataré con Paula. Esto no sucederá otra vez. Pero tienes que empezar a encontrar formas de dejar ir esta amargura, Dani. No puedo ayudarte si sigues actuando de esta manera frente a Mateo. Él está acostumbrado a tratar con Carolina. No contigo. Caro es tranquila y cuida de sí misma. Eso es todo lo que Mateo soportará, y estoy seguro de que de niña, adivinó eso rápido. Tienes que darte cuenta que Mateo no te aceptará por ti. Es mimado y egoísta. Es una leyenda. La gente le adora y se nutre de ello.
—Odio mi vida. Yo… a veces pienso que sería más fácil para todos si simplemente termino con ella.
Sentí un fuerte dolor en mi pecho, y extendí una mano y tiré de ella hacia mis brazos. —No puedes hacer eso porque te amo. Te quiero alrededor. Necesitas un cambio para encontrar la felicidad, Daniela. No te hagas esto a ti misma. Y nunca, y quiero decir NUNCA, digas algo así de nuevo.
Asintió contra mi pecho y empezó a llorar suavemente. Me pregunté si mi herida hermana nunca sanaría.


***


Pasaron varias horas más antes de que volviera a la casa. Daniela estaba en su hotel. Se negó a quedarse con Mateo y Caro. Le había escrito mensajes a Paula dos veces y no había oído nada de ella. Estaba preocupado. Seguí diciéndome a mí mismo que estaba dormida.
Corrí a nuestra habitación y abrí la puerta para encontrarla acurrucada en la cama, dormida. Todavía llevaba su vestido y parecía tener frío. Caminé hacia ella y empecé a desvestirla con delicadeza. No quería despertarla, pero tampoco quería que estuviera incómoda mientras dormía.
Una vez que la desnudé, retiré las mantas y la metí dentro. No podía creer que le hubiera dicho algo hiriente a Daniela. Pero Dani había sido firme respecto a que Paula había arremetido contra ella. Probablemente eran las hormonas del embarazo. Me incliné y besé la cabeza de Paula antes de levantarme y dirigirme a la ducha. Ni siquiera habíamos estado aquí durante un día y ya estaba estresado y listo para irme.


***


Los golpes en la puerta comenzaron justo después de que mi cabeza tocara la almohada. O al menos se sintió de esa forma. Paula se agitó en mis brazos y me di cuenta del sol que entraba por las ventanas. Tal vez sí había conseguido dormir algo.
—¿Quién es? —preguntó Paula en un susurro somnoliento.
No lo sabía, pero no quería que Paula se despertara de esta manera. Sabía que se había quedado hasta tarde esperando por mí. —No estoy seguro. Quédate
aquí —respondí y la besé en la frente antes de salir de la cama y ponerme mis pantalones vaqueros desechados.
Abrí la puerta de la habitación de un tirón para encontrar a mi padre con aspecto de tener resaca y estar enfadado. 
—Tienes mierda con la que tratar. Lo que sea que le dijiste ayer a Daniela, no ayudó. Su culo se va a mudar aquí —gruñó Luca.
Ese era un paso en la dirección correcta. Ella necesitaba una oportunidad de acostumbrarse a Mateo. Esto sería bueno para ambos. —Entonces mi charla ayudó.Es hora de que Mateo la acepte y recupere el tiempo perdido.
Luca dejó salir una risa dura. —Eso no sucederá, Pedro. Estás haciendo que se haga falsas esperanzas si eso es lo que le estás diciendo. Mateo es Mateo. No es una maldita figura paterna y eso es lo que ella quiere.
Tal vez. Pero al menos tenía que ayudarla a intentarlo.
—Simplemente ve abajo y ayuda antes de que todo el infierno se desate — dijo Luca antes de darse la vuelta y marcharse.
Cerré la puerta antes de volver junto a Paula. Estaba sentada en la cama con su cabello desordenado por el sueño y la sábana frente a su pecho desnudo. 
Lo que realmente quería era volver a meterme en la cama con ella y olvidar toda esta mierda con Daniela.
—Lo siento —le dije mientras caminaba de regreso a la cama. Frunció el ceño. —¿Cuándo volviste anoche?
—Tarde. Daniela fue difícil.
Paula asintió con rigidez y luego dejo caer su mirada de la mía. Me acerqué a su lado de la cama y me senté junto a ella, luego deslicé un dedo bajo su barbilla y le levanté la cabeza para que me mirara. 
—Oye, ¿qué pasa? Dejó escapar un profundo suspiro de cansancio. —Podrías haber llamado. Esperé por tu llamada. Me quedé dormida preocupándome por ti.
—Llamé —le aseguré—. No respondiste.
Paula alcanzó su teléfono y lo miró. —Me llamaste después de las once. Me había quedado dormida para esa hora. Quiero decir que podrías haber llamado antes que eso.
Tenía razón. Debería haberlo hecho. Malditos Daniela y Mateo. No iba a poner a Paula en segundo lugar de nuevo. Había jurado que ella venía primero y lo decía en serio. Sin embargo, ayer por la noche, la decepcioné.

CAPITULO 109



Paula


No tenía que preguntarle a Pedro qué estaba haciendo. Ya lo sabía.Regresaría con comida que pudiera comer. 
Si no estuviera tan hambrienta me gustaría tratar de detenerlo, pero realmente quería comer algo más que sólo pan.
—Has convertido a mi hermano en tu perra. Es patético —siseó Daniela a través de la mesa.
—Guárdate las garras, Daniela, Paula está embarazada y necesita comer. Pedro está cuidando de lo que es suyo —respondió Luca antes de lanzar de nuevo una ostra cruda de la concha en su boca abierta.
—¿No entiendes lo que es control de natalidad? ¿O fue tu plan desde el principio? ¿Amarrarlo con un bebe?
Era bastante probable que el resto de mi vida tuviera que lidiar con este tipo de actitud por parte de Daniela. Enojarme y alejarme de ella no era una opción para mí. De hecho, no tenía la intención de pegarle una pistola en la cara otra vez, pero no iba a dejar que me hablara así sólo por ser la hermana de Pedro .
—Me doy cuenta que estás herida y enojada. Pero no te he hecho nada. Así que, por favor, retrocede.
Luca rió a mi lado. Los ojos de Daniela sólo brillaron más. Fabuloso. No había hecho nada más que enfurecerla.
—Escúchame, pequeña perra. No importa lo que creas que tienes, no lo tienes. Yo soy su hermana. Su sangre. Él me va a elegir si se da el caso. Así que no te atrevas a amenazarme.
Por más que quería subir a la habitación de Pedro y esconderme de todo esto, solo la haría ponerse peor. Tenía que demostrarle que no me iba a rendir.
—Esto no es una competencia. Tú eres su hermana. Yo soy la madre de su hijo. 
Él no tiene que amar sólo a una, Daniela. Es inmaduro e inseguro pensar de esa forma. Pedro está aquí porque te ama y quiere ayudarte. 
No lo abofetees en la cara tratándome de esta manera.
Daniela abrió la boca y la cerró de nuevo. Su mandíbula estaba flexionada con la molienda de dientes que estaba haciendo.
—Esa es mi chica, Paula —gritó Mateo y el dolor que brilló en los ojos de Daniela me hizo sentir pena por ella. Sabía lo que se sentía tener un padre que no te quisiera. Pero también sabía lo que se sentía tener un padre que te adoraba. Ella no.
—No sé por qué siquiera lo intento. Nadie me acepta aquí. Pedro era todo lo que tenía y ahora él se ha unido a ti y tú me odias —chilló mientras se paraba y tiraba su servilleta en la mesa.
—Te llevaste a Pedro —me señaló con un dedo y después cambió su atención hacia Carolina—. Y tú, tú tuviste el amor de mi padre. No tengo nada. —Se dio la vuelta y salió corriendo de la habitación.
Pedro entró justo cuando sus tacones resonaban con fuerza en el suelo y miró a Mateo. La ira en su rostro era evidente. —¿Qué hiciste? Sólo me fui por cinco minutos.
Mateo se encogió y me señalo. —No me mires a mí. Fue tu mujer quien la hizo correr.
La ira de Pedro se convirtió en confusión mientras cambiaba su mirada hacia mí. —¿Paula? ¿Qué pasó?
Sacudí mi cabeza. —Me estaba acusando de cosas y sólo le dije la verdad.
Pedro dejó escapar un suspiro y fue detrás de su hermana.
Me senté ahí preguntándome si debía irme, también. O si se suponía que tenía que quedarme. Mi pan fue olvidado en mi plato y mi estómago estaba hecho nudos.
—Esta cena familiar está menguando lentamente. ¿Alguien más quiere salir corrienMateodo antes de que nos den la ensalada? —preguntó Mateo en un tono jovial.
Como podía estar haciendo bromas después de lo que había pasado, no lo entendía.
Luca estiró la mano y apretó mi brazo. —Va a volver. A veces Daniela solo necesita a Pedro. Él lo sabe.
Desafortunadamente, también lo sabía.


***


Pedro no había regresado cuando la cena acabó. Mateo estaba completamente metiendo mano debajo del vestido de la camarera. Caro lo estaba ignorando y se terminó su vino en silencio. Luca tenía su atención sobre la otra camarera. Estaba más que segura de que las mujeres estaban en el menú de ambos hombres. La que Luca estaba mirando se mantenía riendo y encontrando razones para caminar
hacia él. Con suerte, él no iba por ninguna parte del cuerpo todavía. Yo estaba más que lista para pararme e irme.
—Creo que puede ser hora de que Paula y tú suban y vayan a la cama —le dijo Mateo a Caro sin mirarla. Estaba enfocado en los senos de la camarera y su mano seguía debajo de su falda.
—Estoy totalmente de acuerdo —respondió Carolina, poniéndose de pie y mirándome con una sonrisa de disculpa.
La imité y comencé a agradecer a Mateo y a Luca por la cena cuando me di cuenta que la mano de Luca estaba ahora entre las piernas de la otra camarera.
Decidí salir de prisa detrás de Caro.
—Lamento que hayas tenido que presenciar eso. Papá bebe más ahora que Daniela está levantando el infierno. Cuando bebe, él … eh… requiere una gran cantidad de mujeres.
En otras palabras, tiene sexo más a menudo. Asentí. Sin embrago, ¿cuál era el problema de Luca? Sólo una caliente leyenda del rock acostumbrada a obtener lo que quiere, supongo.
—Pensé que Pedro ya habría vuelto —contesté, con ganas de cambiar el tema.
Caro asintió. —Sí, yo también. Me estoy dando cuenta que Daniela puede ser una niña problemática.
Problemática era una palabra amable para Daniela. Estaba pensando en algo más como “perra”. —Me odia. Supongo que necesito aceptarlo y aprender a vivir con ello. Sólo que no me gusta en el lugar en que pone a Pedro.
Un grito fuerte y luego un gemido salieron del comedor. Caro hizo un ruido de arcada. —Ugh, vamos. Podemos tomar el ascensor en lugar de las escaleras. Amortiguará el ruido.
—¿Están… haciéndolo en el comedor? —pregunté, asombrada por la falta de privacidad y el hecho de que el resto del personal del servicio podían oírlos en la cocina.
—Lo harán en cualquier lugar. Confía en mí. No quieres saber lo que he visto en los últimos años. Creo que es la razón por la que todavía soy virgen.
Bueno, eso y el hecho de que soy muy tímida con los chicos.
Era un milagro que Carolina fuera tan inocente como con este tipo de comportamiento de su padre. 
—Yo era virgen hasta Pedro. A veces lo mejor es esperar a que llegue la persona correcta.
Carolina sonrió y asintió con la cabeza. 
—Sí. Pero también está la posibilidad de que nunca suceda. No socializo mucho. Mi vida aquí es muy privada. Siempre
he odiado el sexo por lo que he visto hacer a mi papá. Pero últimamente me pregunto si tal vez sólo tengo que verlo en una luz diferente. Pedro y tú parecen felices juntos.
Me sentí triste por ella. Al parecer, había crecido muy sobreprotegida por su abuela y luego había visto el lado contrario de las cosas viviendo con Mateo. 
Tenía que estar muy confundida. —¿Tenías citas en Carolina del Sur? —pregunté.
Se encogió de hombros. —No mucho. Mi abuela no era fanática de que tuviera citas. Decía que eso guiaba al sexo. Tenía que esperar hasta estar casada para tener sexo. Así decía en su Biblia. ¿Pero si no tenía citas como se suponía que llegara a casarme? —Caro dejó escapar una risa suave—. Sin embargo, no importaba. Nunca podía encontrar palabras cuando un chico que me atraía estaba cerca. Me convertía vergonzosamente en tímida y torpe. Estoy mejorando con la edad, creo.
Carolina era una belleza clásica. Elegante y perfecta. Era difícil creer que no hubiera tenido muchas citas.

viernes, 10 de enero de 2014

CAPITULO 108




Pedro

Con Paula a mi lado durante la cena no iba a ser capaz de
concentrarme en Daniela. Iba a estar protegiendo a Paula. Cuando Daniela despertó de su coma y supo del bebé, parecía haberse descongelado un poco con Paula. Luego se enteró que Miguel no era su padre. Que Mateo lo era.
Había estado fuera de control desde entonces. Entendía su deseo de tener un padre que la quisiera. Yo había odiado a Miguel Chaves durante años por el hecho de que mi pequeña hermana estuviera tan destrozada. Pero no había sido su culpa.
Mi madre debió haber sido honesta, y el jodido de Mateo debió haber dado un paso al frente, como mi padre, y haber hecho algo al respecto.
Paula apretó mi mano con fuerza a medida que entrábamos en el comedor.
Escaneé la habitación y me sentí aliviado de que Daniela todavía no estuviera allí.
Quería que Paula se sentara y relajara antes de que mi hermana apareciera.
—Pediste esta reunión familiar y llegas tarde. —Mateo arrastró las palabras mientras se recostaba en la silla y miraba a Paula. Estaba comenzando a odiar al tipo. Por varias razones.
—Daniela no está aquí todavía. No llegamos tarde —respondí y guié a Paula al otro extremo de la mesa, la senté junto a Luca y tomé la silla a su lado.
—Está raro. Comenzó a beber ron temprano —le explicó Luca a Paula. La mirada de disculpa en el rostro de mi padre me recordó que él no era tan cruel como su amigo. 
Ya sabía eso. Él no me había ignorado. Pero Mateo no había ignorado a Carolina, tampoco. Sin embargo, me preguntaba cómo habría sido si la madre de su madre no la hubiese tomado. Mateo sólo suministraba el dinero. 
Su abuela la había criado. Él sólo aparecía con ponis y promesas que nunca mantuvo.
—Sólo estoy siendo yo —gritó Mateo desde el otro lado de la mesa—. ¿Estás manteniendo a tu linda chica lejos de mí, no? —dijo con una risa—. Sólo estoy mirando, chico. No es como que si la fuera a tocar. Ella lleva a tu hijo. Me mantengo alejado de las embarazadas. No quiero que me culpen de tener más hijos.
Paula se tensó a mi lado y puse mi mano en su pierna. Esto no era algo que debía molestarla. Era bueno. Incluso si quería que él dejara de mirarla.
—Papi, deja a Pedro y Paula en paz. Molestándolos sólo haces que todo el mundo se incomode —dijo Caro. Ella había estado sentada tranquilamente al lado de Mateo. Raramente hablaba, así que no estaba acostumbrado a su suave voz.
Todavía me asombraba que este tipo la hubiese hecho. No era nada como él. Ella era la única persona que podía hacer que se calmara. Su voz parecía tranquilizarlo.
—Está bien, querida. No quiero arruinar tu cena. Sólo me estaba divirtiendo.
—Sin diversión —respondió ella en una suave orden.
Paula agachó la cabeza a mi lado. —Me agrada —susurró tan suave que casi no la escuché. Sonreí. 
No había estado equivocado sobre Carolina si a Paula le
agradaba. Ella era una genuina chica buena. Daniela le iba a dar el infierno.
El fuerte sonido de tacones golpeó el suelo de mármol que llegaba al comedor. Me tensé y preparé para Daniela. 
Ella se abalanzó en la habitación vistiendo
un corto y esponjoso vestido azul como el hielo y tacones, su largo cabello rojo estaba en lo alto de su cabeza con rizos que caían alrededor de su cara. Se había asegurado de verse bien para esto. Esa era Daniela. Noté como sus ojos observaban a todo el mundo en la mesa.
La mirada irritada con la que miró a Paula no era nada comparada con la llena de odio que le lanzó a Caro. Esperé a ver si decía algo que necesitara callar.
Carolina mantuvo su mirada baja y jugó con la servilleta en su regazo. La tensión en la habitación era obvia, y odiaba que Daniela pensara que tenía que hacer esto para
llamar la atención.
—Siéntate, chica, y deja de estar parada ahí gruñendo. Queremos comer —dijo Mateo con ligereza y los ojos de Daniela lo miraron airadamente. 
Observó al otro lado del asiento de Mateo y luego caminó para sentarse al lado de Luca. 
La pequeña niña en ella todavía tenía miedo de ser rechazada. Sabía que mi padre no la iba a rechazar.
—No sabía que la habías traído —respondió Daniela.
Paula estaba tan tensa a mi lado que quería abrazarla hasta que se relajara.
—Por supuesto que lo hice. Va a donde yo voy.
Daniela rodó los ojos. —Extraño al viejo Pedro.
—Yo no —respondí.
—Este es un asunto familiar. ¿Crees que puedes mantenerte unos momentos lejos de él o planeas asfixiarlo por el resto de su vida? —El dolor de Daniela se estaba
convirtiendo en amargura rápidamente. Sin embargo, no iba a desquitarse con Paula.
Me incliné sobre la mesa y nivelé su mirada fija. 
—Nunca más le hables de esa manera. Si ella no hubiera aceptado venir conmigo, no habría venido. No subestimes su importancia. Ella es mía. Respeta eso.
Daniela se erizó y se recostó en su silla. Odiaba hablar de esa manera cuando sabía que le estaba haciendo daño. Pero Paula estaba primero. Siempre.
—Me muero de hambre. ¿Dónde está la maldita comida? —gritó Mateo fuertemente. Dos mujeres en sus veinte llegaron corriendo con bandejas.
Normalmente no había camareras por aquí. Luca y Mateo no iban a lo grande en cenas formales. Pero Luca había llamado a una empresa de catering para manejar
la cena de esta noche. La mujeres tenían una mirada de fascinación en sus ojos mientras ponían los aperitivos en la mesas y tomaban las órdenes de las bebidas.
—Mírate —dijo Mateo mientras deslizaba una mano por la pierna de una de las mujeres.
—Papi, no —susurró Carolina.
Mateo dejó escapar una risa dura y guiñó un ojo a la camarera. —Más tarde.
—Dios. No puedo creer que mi madre haya dormido con ese hombre —dijo Dani un poco demasiado alto.
—No vayas ahí, Daniela —advirtió Luca. Ya era demasiado tarde. Pude ver la molesta diversión en los ojos de Mateo.
—¿Por qué no? Soy un jodido Dios del rock, niña. Un jodido. Dios. Del. Rock. —Tomó un sorbo de su bebida y sonrió—. Todas las mujeres quieren una probada. Tu mami no fue la excepción.
—Papi, por favor —dijo Carolina, estirando la mano y tocando su brazo ligeramente.
—Mi madre era demasiado joven para ser más sabia —disparó Daniela en respuesta.
—No era tan joven. Sólo estaba intentando hasta lo imposible dormir con cada uno de nosotros. Creo que se puede decir que oficialmente puede aclamar el récord de “Se ha follado a todo Slacker Demon” y esa no es una tarea fácil. Luca es más exigente que la mayoría.
El rostro de Daniela palideció y sabía que tenía que intervenir antes que esto se saliera de control. 
—Gracias, Mateo, por asegurarte de que fuéramos conscientes de los hábitos sexuales de nuestra madre cuando era más joven. Ahora, ¿podemos pasar de eso y tratar de llevarnos bien?
Asintió. —Por supuesto. Vamos a comer algo de esta mierda.
Las meseras rápidamente comenzaron a caminar alrededor de la mesa con bandejas de comida y preguntándonos qué queríamos. Paula rechazó casi todos los aperitivos. Sólo tomó una rebanada de pan.
—¿Por qué no estás comiendo más que eso? —pregunté, preocupado.
Se inclinó hacia mí para que nadie más pudiera oírla
—Porque no puedo comer carne cruda o quesos con leche sin pasteurizar mientras estoy embarazada.
Mierda. Algo más que no sabía. Empujé mi silla y me dirigí a la cocina. Iban a hacer algo que ella pudiera comer.

CAPITULO 107




Paula

No estaba segura de que una cena familiar en esta casa fuese una buena idea.Pedro, sin embargo, estaba decidido a encontrar una manera de ayudar a que Daniela y Mateo se llevaran bien. 
A pesar de que estábamos a finales de noviembre, todavía hacía veinticinco grados afuera.
Estaba acostumbrada al loco clima cálido en invierno en Alabama, pero el sol parecía incluso más caliente aquí. 
Pedro se había sentado a mi lado y había hecho grandes esfuerzos para frotar el protector solar por todo mi cuerpo.
Después de la ducha, me sentí renovada y lista para aceptar a esta familia de locos, por amor a Pedro. 
Me agradó Carolina, al menos durante el poco tiempo que
había pasado con ella. No bromeaba acerca de permanecer encerrada en su habitación. Casi nunca salía. Casi me sentía mal por ella. Parecía una vida solitaria.
Me pregunté cómo había sido su vida en Carolina del Sur. ¿Tenía amigos allí a los que extrañaba?
Pedro entró en la habitación, pero se detuvo al momento que sus ojos se posaron en mí. 
—No. Paula, nena, te ves increíble. Pero no puedes llevar ese vestido en la cena. Tus tetas están ahí arriba haciéndome querer cancelar la cena y tenerte desnuda. Después las piernas y los tacones. No puedes ir a la cena así. Mateo es un pervertido y acabaré matándolo. Por favor, ponte algo que muestre menos escote y piernas. Demonios, usa vaqueros, un suéter y unos tenis.
Si no hubiera parecido tan angustiado y loco, me habría cabreado. 
Me encantaba este vestido. Aún me hacía sentir sexy a pesar de mi vientre. Cuanto más grande se ponía el bebé, menos atractiva me sentía yo.
 Mi cintura desaparecía rápidamente. 
—Ninguno de mis vaqueros me entra, y me gusta este vestido. Me hace sentir bonita.
Pedro gimió y se acercó a mí. 
—Te ves jodidamente hermosa. Bonita no es la palabra que uno usaría para describirte en ese vestido. Necesito que parezcas menos a una caliente inductora de orgasmos y más a mi prometida embarazada.No quiero escuchar a Mateo decirte cosas maleducadas. Quiero centrarme en que Daniela y él logren hacer las paces. De acuerdo. 
—Bueno, cuando lo pones de esa manera, creo que podría
cambiarme —respondí.
—Sí, por favor. Por mí —rogó Pedro.
—¿Puedes bajarme la cremallera, entonces? Lo pasé bastante mal intentando subirla.
Pedro se acercó, me bajó la cremallera y luego deslizó el vestido por mis hombros hasta que cayó alrededor de mi cintura. 
No estaba usando sujetador porque la parte de atrás era muy escotada, y mis pechos desnudos parecían haber
captado su atención.
—Y pónte un sujetador —dijo en un susurro ronco. Luego bajó la cabeza para tomar uno de mis pezones en su boca. El metal en su lengua frotó contra la sensible carne y me agarré a sus hombros, aferrándome con fuerza.
—Pedro, tenemos una cena pronto —le recordé mientras él deslizaba el vestido hacia abajo sobre mis caderas hasta que cayó al suelo.
—Ahora mismo me importa una mierda —murmuró mientras llevaba su atención de un pezón a otro. 
Su mano de coló en el interior de la parte delantera de
mis bragas y deslizó su dedo dentro de mí con un empuje suave. Mis rodillas se doblaron.
—Por favor, por… favor.
—¿Por favor, qué? —preguntó, recogiéndome y poniéndome sobre el tocador detrás de mí—. Abre las piernas —exigió.
Hice lo que me dijo. Su mano se deslizó por encima de mi montículo y su dedo comenzó a deslizarse dentro y fuera de mí en un ritmo constante. 
Cada vez que lo sacaba, la humedad en su dedo se deslizaba sobre mi clítoris, y luego bombeaba de nuevo en mí. Estaba muy cerca del orgasmo, Pedro parecía saber
cómo provocármelos fácilmente.
—¿Se siente bien? Alguien estaba toda mojada y lista —dijo en mi oído, y me estremecí cuando su dedo se deslizó fuera y esta vez se movió hacia atrás, hacia mi otra entrada. 
Lo giró a su alrededor y, por sorprendente que parezca, me
encendió en lugar de molestarme. Pensé que lo haría. El gemido que se me escapó no le pasó desapercibido.
—¿Te gusta eso? —preguntó mientras su dedo empujaba gentilmente esa entrada. Lo sentí en mi clítoris. Apretando los ojos, sólo asentí—. Joder, nena. No voy a ser capaz de pasar la maldita cena sin pensar en ti luciendo tan caliente y sin molestarte conmigo por jugar con tu culo.
No quería ir a cenar. Quería correrme.
Pedro movió su dedo de vuelta a mi clítoris y lo removió varias veces y luego lo pellizcó con el pulgar y el índice, mientras el anular se deslizaba dentro de mí.
Agarré sus brazos y grité en voz alta, mientras el orgasmo que había sentido construyéndose dentro de mí, estallaba.
Me volví inerte entre sus brazos y me abrazó con fuerza mientras su mano se deslizaba fuera de mi ropa interior. Comenzó a lamerse los dedos de uno en uno y mi estómago se estremeció mientras lo miraba. Una sonrisa tocó sus labios cuando el último dedo salió de su boca.
—Esto me mantendrá hasta que la pesadilla haya terminado. Pero hazme un favor y déjate las bragas puestas. Quiero bajar sabiendo que yo las puse mojadas.
Sus palabras hicieron que mis pechos doliesen de nuevo. 
Si no se detenía, nunca iríamos a cenar.
—Ponte algo que me mantenga calmado y vamos a enfrentar el infierno que nos espera —susurró  Pedro mientras me acercaba—. A menos que quieras quedarte aquí. Te traeré comida si prefieres evitarlo.
No había manera de que me fuese a esconder aquí mientras él iba por allí y lidiaba con Daniela. Iba a ir, también. Aunque tenía la intención de mantener la boca cerrada, estaría allí para el apoyo moral. 
—Voy contigo. Sólo dame un segundo. Estoy un poco sin aliento y débil.
Pedro sonrió.
—Justo como me gusta tenerte.
Recogí mi vestido desechado y se lo tiré. Luego me fui al armario donde había colgado mis cosas y encontré otro vestido que caía justo encima de mis rodillas y tenía un escote alto. Podía usar mis botas hasta las rodillas con este y sería bastante lindo.
Me lo puse y luego volví a agarrar mis botas.
—¿Llevarás botas? ¿Esas botas? —preguntó mientas metía uno de mis pies en la primera.
—Sí —le contesté.
Pedro gimió y sacudió la cabeza. 
—Malditas botas, hacen que un hombre piense en ti llevando nada más que eso.
—Pedro. Tienes que parar. Crees que todo el mundo quiere verme desnuda.
En caso de que no lo hayas notado, tengo una barriga que asusta. Ningún hombre quiere verme desnuda… excepto tú.
Ambas cejas se le dispararon hacia arriba. 
—¿De verdad crees eso, no?
—No lo creo. Lo sé.
Pedro dejó escapar un suspiro de derrota. 
—Y esa es una de las razones por las que eres tan condenadamente irresistible. Ven, mi dulce Pau. Vamos a cenar.