martes, 24 de diciembre de 2013

CAPITULO 68








Pedro

No recuerdas lo que te pedí el otro día, Daniela? —gruñí una vez que Paula y su carro se perdieron de vista.
—Te veías tan patético. Intenté ayudarte a no parecer un perdedor enamorado.
Me di la vuelta y me dirigí hacia ella. Ella me estaba presionando. Nunca sentí el consumidor enojo que la mayoría de los hermanos tienen de dañar físicamente a sus hermanas cuando éramos niños. Pero en este momento lo estaba experimentando.
Fede se puso delante de mí, poniendo una barrera entre nosotros.
—Guau. Necesitas retroceder y calmarte.
Cambié mi mirada de Daniela  a Federico. ¿Qué demonios estaba haciendo? Odiaba a Daniela. —Muévete. Esto es entre mi hermana y yo —le recordé. Nunca la había reclamado antes. Incluso cuando su padre se había casado con mi madre, se aseguró de que todos supiéramos que él odiaba Daniela. Jamás hubo una conexión remota de hermanos entre los dos.
—Y tendrás que pasar sobre mí para llegar a tu hermana —respondió Federico dando un paso hacia mí—. Porque ahora mismo no estás pensando en los sentimientos de nadie sino en los de Paula. ¿Recuerdas cómo afecta la presencia de Paula a Daniela? Ya lo sabes.
¡Qué mierda! ¿Estaba alucinando? ¿Desde cuándo Federico comenzó a defender Daniela? —Sé exactamente cómo afecta Paula a Daniela. Pero esto no es culpa de Paula. Dani ha odiado a la persona equivocada durante tanto jodido tiempo que no lo puede superar. ¿Qué demonios está mal contigo, de todos modos? ¡Ya lo
sabías! Tú fuiste quien defendió a Paula cuando apareció por primera vez aquí.
Nunca creyeron que esto era culpa de ella. Sabías de su inocencia desde el principio.
Federico se movió incómodo y luego volvió a mirar a Daniela, cuyos ojos se habían abierto tan redondos como platos. —Te has concentrado en ella siempre.
Toda su vida la has protegido. Ella confió en ti. Entonces, tú vas y la olvidas y centras toda tu atención en Paula y esperas que Daniela esté bien. Puede que ella sea un adulto, pero ha sido tan dependiente en ti toda su vida que no sabe vivir de otra manera. Si no estuvieras tan concentrado en conseguir que Paula vuelva verías esto.
Empujé Federico fuera de mi camino y me encontré con la mi hermana. No necesitaba este sermón de él, incluso si había algo de verdad en ello. En el fondo, me complacía que estos dos finalmente hubieran encontrado un terreno común.
Quizás Federico se preocupaba por ella después de todo. Habíamos vivido en la misma casa desde hace años. Habíamos sido descuidados juntos.
—Te amo, Daniela. Tú lo sabes. Pero no puedes pedirme que elija. No es justo.
Daniela puso ambas manos en las caderas. Era su posición desafiante. —No se puede amar a dos. Nunca voy a aceptarla. ¡Ella me señaló con una pistola, Pedro!
Tú la viste. Está loca. Iba a matarme. ¿Cómo puedes amarla y amarme a mí? Eso no tiene sentido.
—Nunca te habría disparado. También le apuntó a Federico. Se puso encima de él. Y sí que yo puedo amar a las dos. Te quiero de otra manera.
Daniela desvió la mirada hacia Federico y le dio una sonrisa triste. Eso era aún más extraño. —Él no me escucha, Federico. Me doy por vencida. Él escogió su amor por ella sobre mí y mis sentimientos.
—Daniela, sólo escúchalo. Vamos. Tiene razón —Le dijo Federico en un tono suave que nunca le había oído usar con ella. Me sentía en la zona desconocida.
Daniela pisoteó su pie. —No. La odio. No puedo soportar mirarla. Le está haciendo daño ahora y la odio más por eso —gritó Daniela. Miré a mí alrededor para ver si alguien la había oído y vi a Antonio caminando hacia nosotros. Mierda.
Federico dio media vuelta y siguió mi mirada. —Ah, diablos —murmuró.
Antonio se detuvo frente a nosotros y miró a Daniela, Fedrico y luego a mí. —Ya oí lo suficiente para saber lo que trata esta conversación —dijo, manteniendo su enfoque bloqueado en mí—. Déjame hacer esto más claro para mí. Todos hemos sido amigos la mayoría de nuestras vidas. Conozco la dinámica de su familia— Desvió la mirada hacia Daniela con un gruñido de disgusto y luego de vuelta a mí—.Si alguien tiene un problema con Paula, entonces también lo tienen conmigo. Ella trabaja aquí. Puede que a ninguno de los tres les gusta, pero a mí personalmente
me importa un carajo. Así que superarlo. Ella no necesita está mierda. Tranquilícense. ¿Estamos entendidos?
Lo estudié. ¿Qué quiso decir y por qué estaba actuando como protector de Paula? No me gustó. Mi sangre comenzó a hervir y empuñe mis manos a mis costados. ¿Él pensaba que podía hacer su movimiento ahora? ¿Aprovecharse ahora
que ella era débil y ser el héroe? Diablos, no. Eso no sucederá. Paula era mía.
Antonio no esperó una respuesta. Se alejó en su lugar.
—Parece que tienes competencia —dijo Daniela arrastrando las palabras.
Federico se acercó a ella y la puso detrás de él otra vez. 
—Ya es suficiente, Daniela—susurró y luego me miró.
Terminé con esto. No podía hacer frente a los dos en estos momentos. Lancé mi cerveza y fui tras de Antonio.
O bien me oyó o sintió la ira saliendo en ondas de mí, porque se detuvo justo antes de llegar a la casa club y se dio vuelta para mirarme. Una de sus cejas se alzó como si la situación le fuera divertida. Eso me molestó más.
—Los dos queremos lo mismo. ¿Por qué no tomas unas cuantas respiraciones profundas y te calmas? —dijo Antonio cuando cruzó los brazos sobre el pecho.
—Aléjate de ella. ¿Me oyes? Retrocede. Paula me ama, ella está confundida y herida. Ella también es muy vulnerable. Con la ayuda de Dios, incluso si tú piensas aprovecharte de su actual estado, voy a acabar contigo.
Antonio, inclinó la cabeza hacia un lado y frunció el ceño. No parecía afectado de mi advertencia. Tal vez debería ser más claro. 
—Sé que la amas. Yo nunca te he visto actuar de esta forma en tu vida. Lo entiendo. Pero Daniela la odia. Si te gusta Paula, entonces protégela del veneno que gotea en los colmillos de tu hermana. O yo lo haré.
Sentí si me hubiera abofeteado en la cara. Antes de que pudiera responder, él abrió la puerta y entró. Me quedé mirando la puerta cerrada durante varios minutos antes de continuar. Iba a perder a una de ellos. Amaba a mi hermana, pero con el tiempo ella me perdonaría. Yo podría perder a Paula para siempre. No iba a permitir que eso ocurra.

CAPITULO 67




Paula

el primer día de vuelta al trabajo Antonio me asignó el comedor. En los turnos de desayunos y almuerzos. No era bueno. Me encontraba afuera de la cocina, preparándome mentalmente para no pensar en el olor. Me había despertado un poco mareada y me obligué a comer un par de galletas saladas y algo de té de jengibre, pero eso era todo lo que podía manejar.
En el momento en que entrara a la cocina, el olor me golpearía. El tocino… oh ,Dios, el tocino…
—¿Sabes, dulzura? Tienes que entrar para poder trabajar —dijo Marcos detrás de mí. Me giré, sobresaltada por mi batalla interna, para verlo sonriéndome con una mueca divertida—. Los cocineros no son tan malos. Te acostumbrarás al griterío en un dos por tres. Además, la última vez los tenías enamorados a todos, babeando detrás de tus pies.
Forcé una sonrisa. —Tienes razón. Puedo hacer esto. Es solo que, no estoy preparada para que la gente me haga preguntas, supongo. —No era exactamente la verdad, pero tampoco era mentira.
Marcos abrió la puerta y el olor me pegó de golpe. Huevos, tocino,salchichas, grasa. Oh, no. Mi cuerpo comenzó a sudar frío y mi estómago se revolvió. —Yo, uh, necesito usar el baño primero —expliqué y me dirigí hacia el baño de empleados tan rápido como pude sin salir corriendo. Eso solo se vería aún más sospechoso.
Cerré la puerta detrás de mí y puse el cerrojo para luego caer de rodillas sobre el frío azulejo. Agarré el inodoro mientras devolvía todo lo que había comido anoche y esta mañana.
Varias arcadas después, me levanté sintiéndome débil. Mojé una toalla de papel para limpiarme. Mi camisa blanca se encontraba toda pegada a mi cuerpo luego del ataque de sudor que se había apoderado de mí. Necesitaba cambiarme.
Me enjuague la boca con el enjuague bucal que estaba sobre el mesón y enderecé mi blusa lo mejor que pude. Quizá nadie lo notase. Podía hacer esto.
Simplemente sostendría el aliento mientras estuviese en la cocina. Eso funcionará.
Tomaré aire profundamente cada vez que tuviera que entrar. Tenía que resolver esto.
Cuando abrí la puerta, mi mirada se encontró con la de Antonio. Se encontraba apoyado contra la pared frente al baño, con los brazos cruzados sobre su pecho, observándome. Iba tarde.
—Lo lamento. Sé que voy tarde. Sólo necesitaba un momento antes de comenzar. Prometo que no volverá a suceder. Me quedaré hasta tarde para compensarlo.
—A mi oficina. Ahora —interrumpió y se giró para dirigirse por el pasillo.
Mi corazón se aceleró, y lo seguí rápidamente. No quería que Antonio estuviera enojado conmigo. Este trabajo había sido mi solución para los próximos meses. En verdad no quería irme ahora que me había convencido a mi misma de
quedarme aquí y descifrar lo que iba a hacer. Aún no.
Antonio me abrió la puerta y entré.
—En verdad lo siento mucho. Por favor, no me despidas todavía. Yo sólo…
—No voy a despedirte. —Antonio me interrumpió.
Oh…
—¿Has ido a ver a un doctor? Asumo que es de Pedro. ¿Lo sabe? Porque si es así y estás aquí trabajando para mí en esta condición, personalmente iré a romperle el jodido cuello.
Lo sabía. Oh no, oh no, oh no. Sacudí la cabeza frenéticamente. Tenía que detener esto. Antonio no podía saberlo. Nadie más que Isa debía saberlo. —No sé
de qué estás hablando.
Antonio alzó una ceja. —¿En serio? —La incredulidad en su voz era desconcertante. No iba a creerse la mentira. Pero yo tenía un bebé que proteger.
—No lo sabe. —La verdad salió de mi boca antes de poder detenerla—. Y aún no quiero que lo sepa. Necesito encontrar alguna manera de hacer esto por mi cuenta. Ambos sabemos que Pedro no quiere esto. Su familia lo odiaría. No puedo permitir que mi bebé sea odiado por nadie. Por favor, compréndeme —supliqué.
Antonio murmuró una maldición y pasó sus manos a través de su cabello. — Merece saberlo, Paula.
Sí, así era. Pero cuando este bebé fue concebido, no sabía cuán manchados estaban nuestros mundos. Lo imposible que sería para nosotros tener una relación.
—Ellos me odian. Odian a mi mamá. No puedo. Sólo, por favor, dame tiempo para demostrar que puedo hacerlo sin ninguna ayuda. Eventualmente se lo contaré, pero necesito estar estable y preparada para irme luego de hacerlo. Esta vez, lo que yo o él queramos no es prioridad. Voy a hacer lo que es mejor para este bebé.
El ceño de Antonio se pronunció. Nos quedamos en silencio por algunos minutos.
—No me parece, pero tampoco me corresponde decírselo. Ve a cambiarte y anda a ver a Elena. Hoy puedes hacer las rondas en el auto. Hazme saber cuando el olor de la cocina no sea tanto problema.
Quería lanzar mis brazos a su alrededor y abrazarlo. No me iba a obligar a contárselo a nadie y me daba la oportunidad de salir del turno en la cocina. Solía amar el tocino, pero ahora… Simplemente no podía lidiar con él. —Gracias. En la cena no es tan malo. Sólo es en las mañanas y a veces a los mediodías.
—Copiado. Sólo te pondré en el comedor para los turnos de las tardes. Esta semana sólo trabajaras en las rondas. Pero no pases demasiado calor. Mantén algo de hielo y eso para refrescarte. ¿Puedo decirle a Elena?
—No —respondí incluso antes de que pudiera terminar la pregunta—. No puede saberlo. Nadie puede enterarse. Por favor.
Antonio suspiró y luego asintió. —De acuerdo. Mantendré tu secreto. Pero si necesitas cualquier cosa, es mejor que me lo digas… si no quieres que Pedro se entere.
—Está bien. Gracias.
Antonio me dio una sonrisa tensa. —Te veré más tarde, entonces. Y me permitió irme.


***


El horario para el resto de la semana me tuvo trabajando en el carro de las bebidas. Dentro de más o menos una semana habría un torneo, y tendría que trabajar todo el día. No podía estar más feliz al respecto. El dinero sería genial. Y aunque el calor era intenso al estar en el campo de golf todo el día, era mucho mejor que estar en el aire acondicionado con olor a tocino o cualquier otra carne
grasienta para luego salir corriendo a vomitar.
Progresivamente, el club había adoptado más demanda desde que me fui.
Según Elena, los miembros que sólo venían durante las vacaciones de verano, ahora todos eran residentes. Isa y yo teníamos que conducir dos autos para poder mantener a todos hidratados. Antonio casi nunca estaba en el campo, así que no tenía que inquietarme por su mirada preocupada. Estaba ocupado trabajando.
Jose le había dicho a Isa que Antonio intentaba demostrarle a su papá que estaba listo para un ascenso.
Luego de abastecer el carro por tercera vez hoy, me dirigí de nuevo al primer hoyo para mi siguiente ronda. Reconocí de inmediato la parte trasera de la cabeza de Federico. Se encontraba jugando con… Daniela. Sabía que este día llegaría, pero no me encontraba preparada para ello. Bien podría saltarme este hoyo, y hacer que Isabel los atendiera en su próxima ronda, pero eso sólo retrasaría lo inevitable.
Estacioné el carro y Fede se giró en mi dirección. Lucía como si estuviese en medio de una muy seria conversación con Daniela. El ceño frustrado sobre su frente no era para nada reconfortante. Sonrió, pero pude notar que era forzado.
—Estamos bien, Paula. Puedes ir directo al siguiente hoyo —dijo Federico. 
La cabeza de Daniela saltó de pronto al oír mi nombre, y la mueca de odio en su rostro me hizo poner el auto en reversa. Tal vez mis primeros instintos habían estado en
lo correcto. No debí haberme detenido.
—Espera. Quiero algo. —Al escuchar la voz de Pedro, mi corazón dio un pequeño saltito que sólo él era capaz de provocar. Giré mi rostro hacia el sonido de su voz para verlo trotar hacia mí con un par de pantaloncillos azul claro y un polo blanco. Nunca dejaba de sorprenderme que siempre luciera tan ridículamente bien en un conjunto tan estirado. Los chicos en Alabama jamás se vestirían de esta
manera, sin importar la ocasión. Jugaban golf en sus vaqueros, gorras de béisbol y cualquier camisa con suerte o de franela que hayan sacado de la secadora ese día.
Pero Pedro los lucía como algo tan sexy que te aguaba la boca.
—Necesito una bebida —dijo con una sonrisa al llegar a mi auto. Se detuvo justo frente a mí. No lo había visto en un par de días. No desde nuestro viaje.
—¿Lo usual? —pregunté al salir del carro, sólo para estar aún más cerca de él. No se apartó, y nuestros pechos casi se tocaban. Subí la mirada hacia él.
—Sí. Eso sería genial —respondió, pero no se movió. También mantuvo su mirada pegada a la mía. Uno de nosotros tendrá que moverse y acabar con este concurso de miradas. Sabía que debía ser yo. No podía permitir que creyera que las cosas habían cambiado.
Pasé a su lado y caminé hasta la parte trasera del carro para buscarle una Corona. Me incliné para sacar una del hielo y lo sentí moverse detrás de mí.
Demonios. No me lo estaba poniendo sencillo.
Enderezándome, no miré hacia atrás ni me giré. Estaba demasiado cerca. — ¿Qué estás haciendo? —pregunté en voz baja. No quería que ni Federico ni Daniela nos
escucharan.
—Te extraño. —Fue su respuesta.
Cerrando con fuerza los ojos, tomé aire profundamente e intenté calmar el frenesí al que estaba enviando a mi corazón. También lo extrañaba. Pero eso no hacía que la verdad cambiara.
Decirle que lo extrañaba no era astuto. No necesitaba que comenzara a creer que las cosas podían volver a ser como antes.
—Toma tu bebida y vámonos —soltó Dani detrás de él. Fue suficiente para hacer que me moviera. No me encontraba de humor para aguantarme los ataques verbales de Daniela. Hoy no.
—Apártate, Daniela —gruñó Pedro, y le tendí la Corona para luego caminar rápidamente hasta el lado del conductor—. Paula, espera —dijo Pedro, siguiéndome una vez más.
—No hagas esto —supliqué—. No puedo lidiar con ella.
Contrajo su rostro en una mueca y luego asintió antes de apartarse. Aparté mi mirada de él y puse el auto en reversa. Sin mirar atrás, me dirigí al siguiente hoyo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

CAPITULO 66






Pedro


Parecia que ella estaba a punto de llorar y me daba miedo preguntarle si estaba bien.Mi miedo a que cambiara de idea y se quedara en Sumit me mantuvo callado hasta que estuvimos seguros fuera de los limites de la ciudad.Ver sus manos fuertemente entrelazadas en su regazo me molesto.
deseaba que dijera algo.
-¿estas bien?-le pregunte.incapaz de detenerme.mi necesidad de protegerla me supero
Asintio-si.Es solo un poco aterrador,supongo.Esta vez,se que no voy a volver.Tambien se que no tengo un padre esperando para ayudarme.Marcharse fue mas dificil esta vez.
-Me tienes a Mi-Respondí
inclinó su cabeza a un lado y me miró-Gracias,necesitaba escuchar eso ahora mismo
Diablos,lo grabaria para que ella pudiera escucharlo una y otra vez si eso ayudaba-nunca pienses que estas sola.
Me dio una debil sonrisa y volvio su atencion de nuevo a la carretera-sabes que yo podria conducir si quieres dormir esta vez
la idea de ser libre para mirarla todo lo que quisiera era tentadora,pero esperaria que yo durmiera y no desperdiciaria nada del tiempo que tuviera a su lado durmiendo-Estoy bien.Aunque gracias
Pase por un establecimiento de autos y consegui algo para comer mientras yo conducia de vuelta.Ella habia estado dormiendo y no quise molestarla, pero debia tener hambre
-Tengo hambre,¿que te apetece?-pregunté,volviendo a la interestatal que nos llevaria de vuelta a Florida
-um...yo...no sé.sopa quizas 
¿sopa? Esa era una peticion extraña.Pero diablos,si queria sopa le conseguiria sopa
-sopa será. Mantendre mis ojos abiertos  para encontrar un  restaurante que crea que tiene sopa
-si estas hambriento,por favor,solo para en donde quieras.puedo encontrar cualquier cosa para comer en cualquier lugar-sono nerviosa de nuevo
-Paula,te voy a conseguir sopa-repeti,observandola.Me asegure de sonreir para que supiera que queria conseguirle su sopa
-Gracias-dijo y se estudio las manos las manos que estaban en su regazo otra vez
No hablamos por un rato,pero se sentia bien el solo tenerla en el coche conmigo.No queria que sintiera que tenia que hablar.
señale el primer establecimiento con menú-Parece que allí hay buenas opciones.Escoge un lugar-le dije
Se encogio de hombros-No importa. si quieres volver a la carretera puedo comer algo en el coche.
Queria alargar este dia tanto como pudiera-Vamos a conseguirte sopa
Una risita me sobresaltó y la miré para verla realmente sonriendo.Hacerla hacer eso mas seguido era mi nueva meta.



Paula estaba dormida de nuevo cuando entramos en el garage del apartamento de Isabel tarde esa noche.Cuidadosamente,Mantuve nuestra conversacion sencilla.Despues de un rato,se instalo un comodo silencio y luego se quedo dormida.
Aparqué el Rover y me recosté,mirandola.le habia lanzado miradas para verla durmiendo un millon de veces de camino a casa.sólo por unos minutos queria la libertad de observarla dormir.Los circulos oscuros bajo sus ojos me preocupaban.¿No dormia lo suficiente? Isabel podria saberlo.podia hablar eso con ella.Preguntarle a Paula algo como eso ahora mismo probablemente no seria muy inteligente 
un suave golpe en la ventana llevó mi atencion de Paula a Jose,quien estaba fuera del coche con una mirada divertida en la cara.Abri la puerta y sali antes que la despertara.Yo queria despertarla y no queria audiencia cuando lo hiciera.
-¿Planeas despertarla o estas considerando el secuestro' pregunto Jose.
-Cállate,idiota.
Río entre dientes-Isabel esta esperando a que lleguen y poder escuchar todo sobre el viaje.Te ayudare con sus cosas si la despiertas y la llevas adentro.
-Esta cansada.Isabel puede esperar hasta mañana-No queria que despertara para estar con la entrometida  de Isabel. Obviamente,ella necesitaba más horas de sueño y más comida.Apenas tocó su sopa antes.Intente alimentarla de nuevo pero dijo que no tenia hambre.Eso tenia que cambiar.Era como esos jodidos sandwiches de maní otra vez
-Entonces dile eso a isabel-Respondio a jose mientras yo ponia la caja en sus manos y sacaba la maleta de la parte trasera 
-Yo llevo la maleta,Tú lleva la caja dentro y la despertaré
-¿momento privado?- Jose sonrio y empuje la caja en sus manos un poco demasiado fuerte.Lo hice tropezar y cacarear de la risa
Lo ignoré y caminé hacia el asiento del pasajero.Despertarla y permitirle que se fuera no era exactamente lo que queria hacer.Me inquietaba.¿Que pasaba si esto era todo? ¿Que si Paula nunca me dejaba acercarme a ella así de nuevo?No.No podia dejar que eso pasara.Lo haria despacio,pero me aseguraria de que este no fuera nuestro final.Aunque con haberla tenido todo el dia iba a ser realmente dificil volver a la normalidad.
Le quite el cinturon,Apenas se movio.Un mechon de pelo habia caído en su cara,Así que cedí a la tentación de tocarlo.Lo coloque detras de su oreja.Ella era tan jodidamente hermosa.Yo nunca podria superar lo nuestro.No era posible.Tenia que encontrar la manera de que volviera conmigo.Ayudarla a sanar.
Abrió los ojos y nuestras miradas se quedaron fijas.
-Estamos aqui-Susurré,sin querer sobresaltarla.
se sentó y me sonrió timidamente-Lo siento,me quede dormida de nuevo
-Necesitabas descanso.No me importo- Queria quedarme alli y mantenerla en mi coche,Pero no podia hacer eso.Me aparte para que pudiera salir.Tenia justo en la punta de la lengua el preguntarle si podria verla mañana.Pero no lo hice.No Estaba lista para eso.Tenia que darle espacio-Te vere por ahi-dije,y su sonrisa vaciló
-Bien,uh,si,nos vemos.y gracias de nuevo por ayudarme hoy.Te pagaré la gasolina
Como el infierno-No,no lo haras.No quiero tu dinero.Me hizo feliz ayudarte 
Empezo a decir algo pero cerró bruscamente la boca.Con un gesto tenso se dio la vuelta y fue hacia el apartamento

CAPITULO 65






Paula

Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo. Esto había sido una mala idea. Estar cerca de él era tan confuso. Era fácil olvidar quien era él. Que me tocara, incluso si era solo mi cara, me hacía sentir ganas de llorar. Quería más que eso. Lo extrañaba. Todo sobre él y estaría mintiendo si dijera que la idea de estar tan cerca de él todo el día no me mantuvo despierta la mayor parte de la noche.
Pedro encendió la radio cuando yo no dije nada. Debería decir algo después de eso, pero ¿qué? ¿Cómo respondo a eso que está causándonos más dolor? Decirle que lo extraño y lo quiero no haría las cosas más fáciles. Solo sería más duro.
Esta vez, cuando el teléfono sonó, la pantalla del ordenador en su coche destelló el nombre “Fede.” Pedro presionó algún botón y luego recogió su celular.
—Hola —dijo en el teléfono. Por casualidad, miré hacia él ya que su atención no estaba en mí. Las duras líneas de expresión en su cara me entristecieron. No las quería ahí.
—Sí. Estamos en camino —respondió al teléfono—. No creo que esa sea una buena idea. Te llamaré cuando vuelva —Apretó su mandíbula y sabía que lo que sea que Federico le decía estaba molestándolo—. Dije que no —gruñó y terminó la llamada antes de lanzarlo en su portavasos.
—¿Estas bien? —pregunté antes de poder pensar en ello.
Ladeó su cabeza para mirarme. Fue como si estuviera sorprendido de que yo estuviera hablándole —Uh, sí. Estoy bien —respondió en un tono más calmado,luego regreso los ojos a la carretera.
Esperé unos minutos, luego decidí decir algo sobre lo que me había dicho. Si no empezaba a hablar de esto con él, siempre tendríamos este tonto silencio entre nosotros. Incluso si lo dejara en cuatro meses y nunca lo viera de nuevo… No, tendría que verlo de nuevo. Tendría que hacerlo, ¿no te parece? ¿Podría nunca contarle sobre este bebé? Empujé eso al fondo de mi mente. No había ido al doctor aun. Cruzaría ese puente cuando llegara a él. Incluso si había vomitado otra vez esta mañana cuando abrí el compactador de basura y me llegó un olorcillo del
pescado frito que Jose arrojó la noche anterior. No era normalmente tan sensible. El té de jengibre caliente que había estado bebiendo cuando Pedro me recogió ayudó a
aliviar mi estómago. Podría fingir que la prueba de embarazo estaba mal o afrontar la verdad.
—Sobre lo que dijiste, yo, uh, realmente no sabía cómo responder a eso. Quiero decir, sé lo que siento y deseo que las cosas fueran diferentes, pero no lo son. Yo quiero que nosotros… quiero que nosotros encontremos una forma de ser amigos… quizas. No lo sé. Eso suena tonto. Después de todo —Me detuve porque mi intento de hablar con él sonaba confuso. ¿Cómo podríamos ser amigos? Así fue como todo comenzó y aquí estoy yo, enamorada y embarazada de un hombre con el que no podía construir un futuro.
—Seré lo que sea que tú me permitas ser, Paula. Solo no me dejes fuera de nuevo. Por favor.
Asentí. Está bien. Le daría tiempo a esta cosa de amigos. Luego… luego le diría sobre él bebé. Él huiría como si le persiguiera el diablo o querría ser parte de la vida de nuestro bebé. De cualquier forma, yo necesitaba tiempo para prepararme. Porque no dejaría a mi hijo tener algo que ver con esta familia, nunca.
Eso estaba fuera de cuestión. Odiaba a los mentirosos… pero estaba a punto de volverme una por un tiempo. Esta vez, era yo la que tenía un secreto que ocultar.
—De acuerdo —respondí pero no dije más. Mis ojos estaban volviéndose pesados y la falta de sueño de la noche anterior y el hecho de que no puedo beber cafeína para despertarme estaban apoderándose a mí. Cerré mis ojos.
—Tranquila, dulce Paula. Tienes sueño y un calambre en el cuello si te duermes así. Recuestaré sobre mí —Un profundo susurro le hizo cosquillas a mi oído y me estremecí. Giré hacia él pero estaba tan adormecida que no pude despertar completamente. Algo suave rozó mis labios y luego caí de nuevo en mis sueños.
—Necesitas despertar, dormilona. Estoy aquí, pero no tengo idea de dónde ir —La voz de Pedro acompañada de su mano apretando suavemente mi brazo me despertó. Me froté los ojos y los abrí. Estaba acostada. Miré a Pedro y él sonrió
—No podía dejarte lastimar tu cuello. Además, estabas durmiendo tan profundo que quise que estuvieras cómoda —Se desabrochó y se inclinó para jugar con un botón
en el lado de mi asiento. Poco a poco se echó para atrás y pude ver el semáforo en Sumit, Alabama delante de mí.
—Lo siento. Dormí todo el camino. Tuvo que ser un viaje aburrido.
—Tengo el control de la radio, así que no fue un fracaso —respondió Pedro con una sonrisa y luego miró de regreso al semáforo—. ¿A dónde voy desde aquí?
—Derecho hasta que veas el gran cartel de madera que está pintado de rojo que dice: Productos frescos y leña para la venta y luego gira a la izquierda. Será la tercera casa a la derecha, pero es sobre un kilómetro y medio por ese camino. La carretera se volverá grava después de aproximadamente un cuarto de milla — Pedro siguió mis indicaciones y no dijimos mucho. Estaba aún despertando y mi estómago se sentía mareado. No había comido aun y sabía que ese era el problema.
Tenía las galletas en mi bolso que Isa me había dado, pero comerlas frente de Pedro era una mala idea. Las galletas eran un regalo importante.
En el momento en el que nos detuvimos en la entrada de la abuela, yo ya comenzaba a sudar frío. Estaría enferma si no comía algo. Abrí la puerta para salir antes de que Pedro pudiera ver mi rostro. Estaba probablemente verde o pálida por lo menos.
—¿Quieres que vaya contigo o es mejor si me quedo aquí? —preguntó.
—Oh, um… quizas deberías quedarte aquí —respondí. El camión de Facundo estaba aquí, así que eso significaba que probablemente habría tensión. No quería que Pedro y Facundo se metieran en más peleas. Tampoco confiaba en Facundo para mantener su boca cerrada sobre la prueba de embarazo. Cerré la puerta del coche y me dirigí a la casa.
Facundo abrió la mosquitera y salió antes de que incluso llegara al último escalón. Su rostro era una mezcla de preocupación e ira. 
—¿Por qué está él aquí? Te trajo a casa, ahora puede irse —gruñó Facundo, mirando más allá de mí hacia Pedro.
Sí, fue una buena idea de Pedro mantenerse en el coche. Mi estómago se enrollo y luché contra las náuseas.
—Porque él me dará un aventón de regreso. Cálmate, Facundo. No tienes que pelear con él. Tú eres mi amigo. Él es mi amigo. Vamos adentro. Necesito recoger mis cosas.
Facundo dio un paso atrás y me dejó pasar, luego me siguió dentro dejando que el mosquitero se cerrara detrás de él.
—¿Qué quieres decir con que vas a regresar con él? ¿La prueba resulto positiva? ¿Corriste de regreso a él incluso aunque te rompió el corazón tan fuerte que llegaste aquí hace tres semanas hecha un lio? Yo cuidaré de ti, Pau. Sabes eso.
Levanté mis manos para detenerlo. —Esto no se trata de mi embarazo, Facundo. Él es un amigo que me dio un aventón. Si, fuimos amigos antes… cosas pasaron, pero ahora no lo somos. No corrí hacia él. Conseguí mi trabajo de vuelta en Rosemary y viviré con Isabel por un tiempo. Luego iré a algún lugar más y empezare de nuevo. Yo no me puedo quedar aquí.
—¿Por qué no puedes quedarte aquí? Demonios, Paula. Me casaré contigo hoy. Sin hacer preguntas. Te amo. Más que a mi vida. Tienes que saberlo. Metí la pata cuando éramos más jóvenes y esa cosa con Carla, ella no significa nada. Es
solo una chica con la que paso el rato. Tú eres todo lo que yo quiero. He estado diciéndote eso por años. Por favor, escúchame —suplicó.
—Facundo, detén esto. Eres mi amigo. Lo que nosotros teníamos murió hace mucho tiempo. Te pillé en el momento en el que le hacías cosas que no deberías a otra chica. Esa noche todo cambio. Te quiero, pero no estoy enamorada de ti y nunca lo estaré de nuevo. Necesito hacer las maletas y seguir con mi vida.
Facundo golpeó su mano contra la pared. —¡No digas eso! No ha terminado. No puedes simplemente irte sola. No es seguro —Hizo una pausa—. ¿Estas embarazada? —preguntó.
No respondí. En su lugar, regresé a la habitación en la que había estado viviendo mientras estaba aquí y comencé a empacar mi maleta —Lo estás—dijo, siguiéndome a la habitación.
No respondí. Estaba concentrada en mis cosas. —¿Él lo sabe? ¿El hijo de la estrella de rock se hará responsable? Está mintiendo, Pau. El bebé nacerá y huirá. No será capaz de manejarlo. Un bebé no encaja en su vida. Sabes eso. Infiernos, todo el mundo lo sabe. Él bien podría ser una estrella de rock. Vi su casa en la playa. No parece ser alguien que estará ahí cuando las cosas se pongan difíciles. No les gustan los niños. Puede que yo lo haya jodido, pero no voy a huir. Siempre estaré aquí.
Me di la vuelta. —Él no lo sabe, vale. Ni siquiera estoy segura de si se lo diré. No quiero a alguien que me cuide. Yo puedo hacer esto. No estoy indefensa.
Empezó a abrir la boca para discutir cuando la abuela entró a la habitación.
No me había dado cuenta de que ella estaba aquí.
—Deja de rogarle, Facundo. Has hecho tu cama, hijo, ve a acostarte en ella. Ella siguió su camino. Su corazón ha seguido adelante. Terminó mostrándonos a todos que puede ir a la escuela y cuidar a su mamá enferma y de sí misma—Miró de Facundo a mí y una sonrisa triste tocó sus labios—. Me rompe el corazón que tengas otro obstáculo cuando eres tan joven, sin embargo esta habitación es tuya si lo necesitas. Pero si decides irte, entonces te deseo lo mejor. Solo quiero que estés segura —Caminó más y me atrajo en un abrazo—. Te quiero como si fueras mi propia hija. Siempre lo he hecho—susurró en mi cabello.
Lágrimas picaron mis ojos. —Yo también te amo.
Se apartó e inhaló. —Mantente en contacto —dijo y comenzó a salir, luego miró de vuelta a mí
—Cada hombre merece saber que tiene un bebé. Incluso si no será parte de su vida, él necesita saberlo. Mantén eso en mente.
Salió de la habitación dejándonos a Facundo y a mí solos de nuevo. Puse lo último de mis cosas en mi maleta y cerré la cremallera. Agarrando la manija. La recogí. Mis nauseas se habían vuelto peores. Cubrí mi boca con una mano.
—Mierda, Pau. no puedes hacer eso. Dámelo. No se supone que carges cosas pesadas. Ves, no puedes hacer esto. ¿Quién va a asegurarse de cuidarte?
El mejor amigo que he tenido en toda mi vida estaba de vuelta y el chico loco que pensó que estaba enamorado y listo para sacrificar su vida se había ido.
—Tengo a Isabel. Ella sabe y yo soy cuidadosa. No estaba pensando. Todo esto es nuevo para mí. Y creo que me voy a enfermar.
—¿Qué puedo hacer? —preguntó con una mirada de pánico en su cara.
—Galletas ayudarían.
Dejó la maleta en el piso y salió corriendo de la habitación para conseguirme galletas. Regresó en menos de un minuto con una caja de galletas saladas y un vaso.
—La abuela te escuchó. Ya tenía la caja fuera y un vaso de refresco servido. Dijo que calmaría tu estómago.
—Gracias —respondí y me senté en la cama para comer la galleta y beber el refresco. Ninguno de los dos hablo. Mis nauseas empezaron a ceder y aprendí de la experiencia de no comer demasiado. Si comía de más lo vomitaría pronto.
Poniéndome de pie, le entregué la caja y el vaso a Facundo.
—Solo déjalo allí. Lo buscare después —Recogió mi maleta—. Dame esa caja también. No puedes cargarla —dijo recogiendo la caja de cosas que ni siquiera había desempacado. Levanté la última pequeña bolsa en mi brazo y me dirigí a la puerta sin otra palabra. Lo seguí rezando para que no hiciera algo estúpido cuando viera a Pedro.
Llegamos al mosquitero que da al pórtico y se detuvo. Poniendo la maleta en el piso, se dio la vuelta para mirarme.
—No tienes que ir con él. Te dije que puedo arreglar esto. Tú me tienes, Pau Siempre me has tenido.
Facundo lo decía en serio. Lo podía ver en su cara. Pero yo no. Si necesitaba un amigo, Facundo estaría ahí, pero él no era salvador de nadie. Yo no necesitaba uno, de todas formas. Me tenía a mí misma. Levanté mi bolsa más arriba de mi hombro y pensé cuidadosamente como explicarle esto una vez más. Había tratado todo. No entendería la verdad. Sacara relucir como me falló cuando mi mamá estaba
enferma y yo estaba tan sola solo le lastimaría.
—Necesito hacer esto.
Facundo dejó escapar un gruñido de frustración y se pasó una mano por su cabello. —No confías en mí para cuidarte. Eso me duele —Dejó escapar una risa derrotada—. Pero entonces, ¿Por qué deberías? Te fallé antes. Con tu mamá… yo era un chiquillo, Pau. ¿Cuántas veces tengo que decirte que las cosas son diferentes ahora? Sé lo que quiero. Yo… Dios, Pau, yo te quiero. Siempre has sido tú.
Un nudo se formó en mi garganta. No porque lo amaba, si no porque me preocupaba por él. Facundo fue una gran parte de mi vida. Estuvo conmigo desde que podía recordar. Cerré la distancia entre nosotros y alcancé su mano. 
—Por favor, entiende. Esto es algo que tengo que hacer. Tengo que afrontar esto. Déjame ir.
Facundo dejó escapar un suspiro cansado. —Siempre estoy dejándote ir, Pau. me has pedido eso antes. Sigo intentándolo, pero eso poco a poco está destruyéndome.
Un día me agradecerá por dejarlo.
—Lo siento, Facundo. Pero necesito irme. Está esperándome.
Facundo recogió la maleta y abrió el mosquitero con su hombro. Pedro se apresuró a salir del Rover tan pronto como nos vio. —No le digas nada, Facundo — susurré.
Facundo asintió y lo seguí por las escaleras. Pedro nos encontró en la parte inferior y me miró. —¿Son todas tus cosas? —preguntó.
—Si —respondí.
Facundo no hizo movimiento de darle la maleta y la caja. Un musculo en la mandíbula de Pedro saltó y supe que intentaba ser bueno.
—Dale la maleta, Facundo —dije, dándole un codazo en la espalda.
Facundo  suspiró y le entregó la caja y la maleta a Pedro, quien los tomó y se dirigió hacia el auto.
—Necesitas decirle—murmuró Facundo cuando él se dio vuelta para mirarme.
—Lo haré, con el tiempo. Tengo que pensar en ello.
Facundo miró más allá de mí hacia mi camión. —¿Dejas tu camión?
—Tenía la esperanza de que puedas sacarlo del taller y ponerle un cartel de venta. Tal vez consiga mil por él. Luego puedes quedarte con la mitad y enviarme la otra mitad.
Facundo frunció el ceño. —Venderé la camioneta, Pau, pero no tomaré nada de dinero. Enviaré todo.
No discutí con él. Necesitaba ser capaz de hacer esto y continuar. —Está bien, está bien. Pero, ¿podrías darle a la abuela algo de ello, por lo menos? Por dejarme quedar aquí y todo eso.
Las cejas de Facundo se dispararon. —¿Quieres que mi abuela monte su culo a Rosemary para broncear su piel?
Sonriendo, cerré la distancia entre nosotros y aferrándome a sus hombros me puse de puntillas y le di un beso en la mejilla. —Gracias por todo —le susurré.
—Puedes volver si me necesitas. Siempre —Su voz se quebró y supe que tenía que irme. Di un paso atrás y asentí con la cabeza antes de caminar hacia el Rover.
Pedro tenía la puerta abierta del lado del pasajero cuando llegué allí y la cerró detrás de mí. Vi como miró a Facundo antes de ir a su lado. Realmente lo estaba haciendo. Dejando de lado lo seguro y dando el primer paso para encontrar mi lugar en el mundo.

domingo, 22 de diciembre de 2013

CAPITULO 64




Pedro




Paula salió caminando del apartamento de Isabel sosteniendo dos tazas de café antes de que yo pudiera salir del coche. Abrí la puerta y salí del Range Rover. Llevaba el pelo suelto y colgando por su espalda. Me encantaba ese estilo. Sus pantalones cortos apenas cubrían sus piernas y sería difícil concentrarme cuando estuviera sentada en mi coche. Se subirían hasta sus muslos. Alejé mis ojos de sus piernas y me encontré con su mirada fija. Estaba forzando una sonrisa.
—Te he traído un poco de café ya que saliste de la cama tan temprano por mí. Sé que despertar temprano no es lo tuyo. —Su voz era suave e insegura mientras hablaba. Iba a ser mi misión cambiar eso en este viaje por carretera.
Quería que se sintiera cómoda conmigo de nuevo.
—Gracias —le contesté con una sonrisa que esperaba aliviara sus nervios
mientras abría la puerta del lado del pasajero para ella. Había sido incapaz de dormir desde las tres de la mañana. Me sentía ansioso. Estaba bastante seguro de que había pasado por dos ollas de café desde entonces. No le confesaría eso, sin embargo. Ella me trajo café. Una verdadera sonrisa tiró de mis labios mientras cerraba la puerta y me dirigía de nuevo a mi lado.
Sostenía su taza cerca de su boca mientras tomaba pequeños sorbos cuando la miré. —Si quieres música, prometo que es toda tuya —le recordé. Ella no se movió, pero una sonrisa levantó las comisuras de sus labios.
—Gracias. Confía en mí, lo recuerdo. Estoy bien en este momento. Puedes escuchar algo si quieres. Tengo que despertar primero.
No me importa la radio. Sólo quería hablar con ella. Lo que hemos hablado no ha sido importante. Hablar con ella era todo lo que importaba.

—Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Sabe Facundo que vamos a buscar tus cosas? — pregunté.
Se removió en su asiento y me obligué a mantener los ojos en la carretera y no en sus piernas. —No. Quería explicarle a él y a su abuela, Carmen, acerca de esto. También tengo que convencerlo de vender mi camioneta por mí y envíame el dinero. No regresará aquí de nuevo. Está en mal estado.
Su camioneta era vieja. La idea de que no estuviera dando vueltas en ella era un alivio. Sin embargo, no me agradaba la idea de ella sin un vehículo. Cómo demonios se suponía que debía arreglar eso, no lo sabía. Nunca me aceptaría un
coche. Tal vez su camión podía arreglarse y hacerse seguro.
—Puedo tomarlo y llevarlo a revisar mientras tú empacas. Puede que solo necesite que le hagan un par de cosas.
Ella suspiró. —Gracias, pero no te molestes. Facundo ya lo llevó a revisar. Lo arregló para que yo pudiera llegar a la ciudad, pero dijo que era un arreglo temporal. Necesita más trabajo de lo que yo puedo pagar.
Aferré el volante con fuerza. La idea de que Facundo hubiese estado cuidando de ella me volvía loco. Odiaba que él hubiese sido quien se encargara de su camión. Que fuese su familia quienes la ayudaron cuando más lo necesitaba. La mía le había jodido la vida. No estaba allí para ayudarla cuando llamara necesitando ayuda.
—¿Así que Facundo y tú...? —¿Qué demonios estaba preguntando? ¿Eran qué? Mierda. No quería escuchar esto.
—Somos amigos, Pedro. Lo hemos sido toda nuestra vida. Mis sentimientos hacia él no han cambiado.
Bajé mis manos del volante y pasé una de mis palmas sudorosas por mis vaqueros. Maldita sea, ella me volvía loco. Si iba a hacerla sentir cómoda conmigo de nuevo necesitaba calmarme. Empezaría conmigo no golpeando a Facundo cuando lo viera.
Antes de que pudiera decir nada más, Paula se inclinó hacia delante y encendió la radio. Encontró una estación de radio country y luego se echó hacia atrás en su asiento y cerró los ojos. Había presionado demasiado. Fue su manera educada de pedirme que me callara. Podía darme por aludido.
Treinta minutos de silencio pasaron antes de que mi teléfono sonara. El nombre de Daniela apareció en la pantalla. El maldito iPhone estaba programado para
el coche. Normalmente, esto era útil y hacia que tuviera las manos libres. Pero tener a Paula viendo el nombre de Dani no era bueno. No quería un recordatorio.
Mi plan era hacer que este día estuviera libre de recuerdos. Hice clic en ignorar y la radio empezó a sonar de nuevo.
No miré a Paula, pero sentí sus ojos sobre mí. Fue muy difícil no encontrarme con su mirada.
—Podrías haber hablado con ella. Es tu hermana —dijo Paula tan suavemente que casi se perdió con la música.
—Lo es. Pero representa cosas en las que no quiero pensar hoy. Paula no dejó de mirarme. Tomó toda mi fuerza para seguir casual. Detener el coche y girarme para enfrentarla y decirle lo importante que era y lo mucho que la amaba no era lo que necesitaba en estos momentos.
—Estoy mejor, Pedro. He tenido tiempo para asimilarlo todo. Veré a Daniela en el club. Estoy preparada para eso. Me estás ayudando hoy. Podrías estar haciendo otra cosa en vez de decidir tomarte el día para ayudarme. No quiero impedirte recibir las llamadas telefónicas de personas que te importan. No me voy a romper.
Mierda. Esto era todo en cuanto a dejarlo casual y fácil. Me acerqué a la orilla de la carretera y detuve el Rover en el arcén. Mantuve mis manos para mí mismo, pero le di toda mi atención a Paula. 
—Decidí tomarme el día de hoy porque no hay nada que prefiera hacer que estar cerca de ti. Estoy conduciendo
porque soy un hombre desesperado que hará lo que sea que tenga que hace para pasar tiempo contigo —Perdí el control y extendí la mano para pasar mi pulgar sobre su mejilla y luego por su sedoso pelo, que me había fascinado desde que había puesto los ojos en ella—. Haré cualquier cosa. Cualquier cosa, Paula, sólo para estar cerca de ti. No puedo pensar en nada más. No puedo concentrarme en
nada. Así que no creas que me estás incomodando. Si me necesitas, estoy ahí. —Me detuve. Sonaba patético incluso para mis propios oídos. Dejando caer mi mano de su rostro puse el Rover en marcha y volví a la carretera.
Paula no dijo nada. No la culpo. Soné como un loco. Probablemente ahora estaba asustada de mí. Infiernos, yo lo estaría.