domingo, 5 de enero de 2014

CAPITULO 95




Pedro

Si no estuviera tan capturado por Paula y la forma en que iluminaba la habitación, lo habría visto entrar. 
Pero no lo hice. No fue hasta que cesó el ruido a
mi alrededor y todos miraron a la puerta a mis espaldas. Observando a Paula, que seguía hablando con Antonio y no había notado el cambio en la habitación, la puse detrás de mí en modo de protección antes de girar para ver quién había capturado la atención de todos.
Los mismos ojos color plata gris que miraba todos los días en el espejo se encontraban fijos en mí. 
Había pasado bastante tiempo desde que había visto a mi
padre. Normalmente nos manteníamos más en contacto, pero con la llegada de Paula a mi mundo y completamente girándolo en su eje, no me había tomado ni el tiempo ni la energía para buscar a mi padre y hablar con él.
Al parecer, él vino a buscarme esta vez.
—Ese es tu padre —dijo Paula calladamente a mi lado. Se había movido de donde la había puesto a mi espalda, y ahora sostenía mi brazo.
—Sí, lo es.


Paula



Sin maquillaje escénico y la ropa de cuero negro, parecía una versión mayor de Pedro. Tuve que caminar con rapidez para mantenerle el paso a Pedro, quien tenía mi mano fuertemente estrechada en la suya mientras caminaba para alejarse de los otros invitados en el bar. Su padre guió el

camino. No estaba segura si Pedro estaba feliz de verlo o no. 
La única interacción que habían tenido fue cuando Pedro le había indicado la puerta con un movimiento de cabeza. 
Era evidente que no quería que esta presentación tuviera una audiencia.
Luca Alfonso, el baterista más famoso del mundo, se detuvo varias veces durante el camino para firmar autógrafos. 
No sólo eran mujeres. Incluso un chico se había puesto en su camino para pedirle que firmara una servilleta del bar. 
El brillo amenazador en los ojos de Pedro mientras trataba de sacar a su padre del local mantuvo al resto de los admiradores alejados. En su lugar, todos permanecieron en silencio mientras el baterista de Slacker Demon se dirigía hacia la puerta.
La brisa de la noche era fría. Inmediatamente me estremecí y Pedro se detuvo y envolvió sus brazos a mi alrededor. 
—Tenemos que ir a la casa. No voy a permitir que ella esté de pie aquí mientras hablamos. Hace demasiado frío —le dijo Pedro a su padre.
Luca finalmente se detuvo y me miró. Sus ojos lentamente me observaron y pude ver el momento exacto cuando notó mi estómago.
—Luca, ésta es Paula Chaves. Mi prometida. Paula, él es Luca Alfonso, mi padre —dijo Pedro con voz tensa. No parecía querer presentarnos.
—Nadie me dijo que iba a ser abuelo —dijo Luca en un acento lento. No estaba segura de cómo se sentía al respecto porque no había ninguna emoción en su rostro.
—He estado muy ocupado —fue la única respuesta de Pedro. 
Eso era extraño. ¿Estaba avergonzado de decirle a su papá? Sentí mi estómago contraerse y comencé a alejarme de él.
Sus brazos se apretaron a mi alrededor y pude sentir su atención en mí. —¿Qué pasa? —preguntó, dándole la espalda a su padre y agachándose un poco para poder mirar directamente a mis ojos.
No quería tener esta conversación delante de Luca. 
Podía sentir los ojos de su padre en ambos. Negué con la cabeza pero mi cuerpo aún estaba tenso. 
No podía evitarlo. El hecho de que no le había dicho a su padre me estaba molestando.
—Voy a llevarla al coche. 
Nos vemos en casa— dijo Pedro por encima de su
hombro, pero manteniendo sus ojos fijos en los míos. 
Dejé caer mi mirada, deseando no haber reaccionado. Estaba haciendo una escena. Luca iba a pensar que era una princesa llorona.
Abrí la boca para discutir cuando Pedro envolvió su brazo alrededor de mi cintura y me guió hacia la Range Rover. 
Estaba inquieto. No le gustaba verme molesta, algo en lo que teníamos que trabajar. Me iba a enojar. Él no podía
controlarlo.
Pedro abrió la puerta del lado del pasajero y me levantó para subirme como si tuviera cinco años. Cuando él pensaba que estaba molesta, comenzaba a tratarme como si fuera una niña. Realmente necesitábamos trabajar en eso,
también.
Ni siquiera había cerrado su puerta antes de mirarme. 
—Algo anda mal. Necesito saber qué es para poder arreglarlo.
Suspiré y me recargué contra el asiento. Era mejor terminar con esto aunque estaba siendo un poco quisquillosa al respecto. —¿Por qué no le has dicho a tu padre sobre el bebé?
Pedro se acercó y puso su mano sobre la mía. 
—¿Ese es el problema? ¿Estás molesta porque no le he dicho a Luca?
Asentí con la cabeza y mantuve mis ojos en nuestras manos apoyadas en mi pierna.
—No he tenido tiempo para buscarlo. Y sabía que iba a venir cuando se lo dijera porque él querría conocerte. Aún no estaba preparado para compañía. Especialmente la suya.
Estaba siendo tonta. Últimamente mis emociones estaban en alerta máxima.
Alcé los ojos y me encontré con su mirada preocupada. 
—Está bien. Lo entiendo.
Pedro se inclinó y me besó en los labios suavemente. 
—Lamento haberte molestado —susurró antes de presionar un beso más en la esquina de mi boca para después echarse para atrás. En momentos como estos era cuando me volvía gelatina.
—Él está aquí ahora. Por lo tanto, vayamos a ver qué lo trajo antes de que mi madre se entere. Te quiero para mí solo. No me gusta tener a mi jodida familia por aquí.
Pedro  no soltó mi mano mientras encendía el motor y se dirigía hacia la calle. Apoyé la cabeza en el asiento y di la vuelta para poder mirarlo. 
Su mandíbula sin afeitar lo hacía parecer mayor y salvaje. Demasiado sexy. Me gustaría que no se afeitara más a menudo. También me gustaba cómo se sentía. 
Se había quitado su arete y casi nunca lo usaba.
—¿Por qué crees que está aquí? —le pregunté.
Pedro me miró. —Tenía la esperanza de que fuera para conocerte. Pero no creo que supiera sobre ti. Parecía sorprendido. Lo que significa que esto podría tratarse de Daniela.
Daniela. Su hermana no había vuelto a Rosemary desde su salida del hospital.
Pedro no parecía estar preocupado por ella, pero la amaba. Odiaba ser yo la razón por la que se mantenía alejada. Ahora que sabía quién era su verdadero padre y que yo nunca le había quitado nada, esperaba que pudiéramos ser amigas por el bien de Pedro . No parecía que fuera a suceder.
—¿Crees que Dani fue a ver a Mateo? —le pregunté.
Pedro se encogió de hombros. —No lo sé. Ella parece diferente desde su accidente.
El coche se detuvo enfrente de la gran casa de playa que fue comprada para Pedro por su padre cuando él apenas era un niño. 
Pedro apretó mi mano. —Te amo, Paula. 
Estoy malditamente orgulloso de que vayas a ser la madre de mi hijo. Quiero que todos los sepan. Nunca dudes de eso.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y asentí con la cabeza antes de levantar su mano y besarla. 
—Me pongo emocional. Tienes que ignorarlo cuando eso me
sucede.
Pedro negó con la cabeza. —No puedo ignorarte. Quiero tranquilizarte.
La puerta del lado del pasajero se abrió y volví mi cabeza para ver a Luca Alfonso de pie allí con una sonrisa en el rostro. —Deja salir a la mujer del coche, hijo.Es hora de que conozca a la madre de mi nieto.
Luca tendió su mano y puse la mía en la suya sin saber qué más hacer. Sus dedos largos se cerraron alrededor mío y me ayudó a bajar del Range Rover. 
Pedro estaba allí inmediatamente para quitar mi mano de la de su padre y acercarme a él.
Su padre se echó a reír y sacudió la cabeza. 
—Que me condenen.
—Vamos adentro —respondió Pedro.

sábado, 4 de enero de 2014

CAPITULO 94






Pedro

Sostenía la mano de Paula entre la mía y miraba por encima de su hombro mientras ella hojeaba una revista paternal. Todas las fotografías de pañales y artículos para bebés eran terroríficas. No se lo quería admitir, pero la idea de un bebé estaba empezando a asustarme. 
Los senos grandes, el sexo en medio de la noche y dulces caderas de Paula eran grandes ventajas y era fácil de olvidar exactamente por qué eso estaba sucediendo.
—Paula Chaves —La enfermera llamó su nombre y miré el diamante en su dedo. En dos semanas ese nombre iba a cambiar. 
Estaba listo para ello. No me gustaba que la llamaran Chaves. Ella ya era Paula Alfonso para mi.
—Esos somos nosotros —dijo, sonriéndome antes de ponerse de pie. Muy apenas su barriga se notaba. 
No estaba seguro cómo era que íbamos a poder ver
algo más grande que un chícharo pero Paula me aseguraba que en realidad podríamos ver al bebé. 
Que ya tenía brazos y piernas, tan loco como eso sonara.
No solté su mano mientras nos guiaban a la sala de examen. 
La enfermera me miró varias veces. Más vale que no estuviera a punto de decirme que no iba a poder entrar porque yo iba a estar presente le guste o no. Ya era hora de que viera a mi bebé.
—Aquí —dijo la enfermera, dando un paso atrás e indicándonos que entráramos a la habitación—. Adelante, quítate todo y ponte el vestido. El Doctor Nelson va a tener que hacer un examen vaginal también el día de hoy. Pero primero va a hacer el ultrasonido.
Paula no actuaba como si fuera la gran cosa el hecho de que estaba a punto de desnudarse. La enfermera me miró de nuevo. 
—¿Está bien que éste sí esté aquí?
¿Éste? ¿Qué rayos significaba eso?
Paula sonrió y me miró. —Sí, éste es el padre.
La enfermera se enderezó y me dio una sonrisa enorme y llena de alivio. 
—Eso es maravillo. Odiaba la idea de que alguien tan joven como tú que pasara por esto sola.
Paula se sonrojó y se dirigió a una pequeña habitación con una cortina por delante. Una vez que la enfermera se fue me acerqué y entré en lo que parecía ser un pequeño vestidor.
—¿Qué quiso decir con “éste”? —le pregunté.
Se mordió el labio inferior y cerró los ojos con fuerza. 
—¿Tengo que responder a esa pregunta?
—Uh, sí. Especialmente después de ese comentario. 
    —Estaba preparándome para que no me gustara la respuesta.
—Antonio me acompañó a mi última cita. Ellos le dijeron que podía entrar y yo les dije que no, que él sólo era un amigo.
Casi me había olvidado de eso. Sabía por qué ella había tomado un aventón con él. Yo no estaba con ella. 
Pero saber que otro hombre había estado allí con ella
cuando me necesitaba era difícil de digerir. Me di cuenta que su rostro palideció y me incliné para besar sus labios. —Está bien. Debería haber estado aquí. No lo estuve.
Ella asintió con la cabeza. —Lo siento.
—No lo estés. Soy yo quien lo siente.
La puerta de la sala de examen se abrió de nuevo y asomé la cabeza fuera del vestuario.
La enfermera estaba sonriéndome y tirando de una máquina con una pantalla pequeña en ella. 
—¿Está ella casi lista? —La sonrisa divertida en el rostro
de la enfermera era graciosa.
—Ya casi —le dije antes de mirar a Paula quien estaba de un color rojo brillante. No pude evitar reírme—. Cámbiate, sexy. Voy a estar al otro lado.
Paula asintió y salí de detrás de la cortina.
Me acerqué a la mesa y miré a la máquina. 
—¿Así que es de esta forma en que vemos el bebé? —le pregunté preguntándome cómo lo hacían exactamente.
—Sí. Debido a que Paula sólo tiene Medicaid tenemos que usar esto. Esto es todo lo que Medicaid cubre. Tenemos una nueva en 3D que utilizan la mayoría de las mamás y realmente deseo que Medicaid cubriera ésta porque se puede ver al bebé con claridad. Pero no lo hace.
Hice una pausa y miré de la máquina a la enfermera. 
¿Paula tenía Medicaid? ¿Qué rayos? Ni siquiera había pensado en el hecho de que ella necesitaba seguro. Siempre había tenido lo mejor que el dinero podía comprar; eso no era algo sobre qué pensar.
—Quiero la máquina 3D. Voy a pagar lo que sea que cueste ahora mismo, pero quiero lo mejor que este hospital pueda proporcionar.
La enfermera observó mis aretes y luego mi camiseta la cual había visto mejores días. Era una que mi papá me dio después de una de sus giras hace casi cinco años. 
Me gustaba porque me quedaba ajustada y Paula parecía gustarle las camisetas apretadas. 
—Yo…eh…no creo que entiendes cuanto los ultrasonidos
como ese cuestan. Es muy dulce de tu parte querer darle esa experiencia a Paula pero es muy…
—Puedo cubrir todo procedimiento disponible. Te dije que pagaría por él ahora. Quiero el mejor ultrasonido para Paula y mi bebé.
La enfermera comenzó a abrir la boca cuando Paula salió de la habitación llevando un vestido de algodón fino. 
—Por favor, no discutas con él. Va a causar problemas si lo haces. Sólo dame la ecografía 3D.
La enfermera se encogió de hombros. 
—Está bien, si eso quieren, pero va a tener que pagar por adelantado.
Abrí mi billetera y le entregué mi tarjeta de color negro American Express.
Sus ojos se abrieron y asintió con la cabeza antes de salir de la habitación.
—Debo decirte que estaba perfectamente bien con un ultrasonido regular pero eso sería una mentira. 
He visto las fotografías de los ultrasonidos 3D en las
revistas para futuros padres y realmente quería uno.
Paula estaba sonriendo como el niño que estaba a punto de ir a Disney World por primera vez. Diablos, para verla sonreír así compraría la máquina 3D.
—Mi chica y mi bebé van a tener lo mejor. Siempre.
La puerta se abrió otra vez y la enfermera entró mirándome como si estuviera soñando. Me entregó mi tarjeta. La tomé y la metí de nuevo en mi billetera.
—¿Eres el hijo de Luca Alfonso? —preguntó, por fin.
—Sí. Ahora vamos a ver a mi bebé —respondí.
La mujer asintió entusiasmadamente y se volvió para ver a Paula. —La máquina 3D está en una habitación especial. ¿Estás cómoda caminando a través del pasillo en eso?
—¿Alguien va a verla? —le pregunté poniéndome enfrente de Paula,porque yo no estaba cómodo con eso.
La enfermera abrió la puertita de un gabinete y tiró de una manta. —Toma, envuélveme esto alrededor de ella.
La envolví hasta que estuvo completamente cubierta. 
Paula presionó sus labios tratando de no sonreír. Le guiñé un ojo y le di un beso en la nariz.
Caminamos por un largo pasillo donde pasamos a otra pareja y al doctor de Paula,quien preguntó por qué estábamos cambiando de habitación. 
La enfermera rápidamente le dijo que yo había pagado por el ultrasonido 3D y el doctor parecía muy complacido mientras nos siguió a la habitación.
Paula se acostó en una mesa y comenzaron a prepararla mientras yo me senté a esperar pacientemente. Una vez que tuvieron su estómago descubierto, la enfermera puso un poco de gel transparente en él y luego se volvió hacia mí.
—¿Quieren saber el sexo del bebé?
—Pregúntale a la madre —le respondí, molesto porque me preguntó a mí en lugar de Paula.
—Me gustaría saberlo —dijo Paula, mirándome.
—Yo también —dije.
Luego el doctor comenzó a mover algo sobre el estómago de Paula y un ruido de latidos pequeños llenó la habitación. Era más rápido de lo normal. 
—¿Es ese el latido de mi bebé? —pregunté, poniéndome de pie porque estar sentado ya era imposible. Mi corazón latía tan fuerte como el de la pantalla.
—Sí, lo es —respondió el médico—. Y allí…allí esta él —dijo.
Me quedé mirando la pantalla mientras una pequeña vida comenzó a tomar forma.
—¿Él? —preguntó Paula.
—Sí, es definitivamente un niño —dijo el doctor.
Extendí mi mano y tomé la de Paula, incapaz de apartar los ojos de la pantalla. Ese era nuestro bebé. Iba a tener un hijo. Joder…Estaba a punto de llorar.


CAPITULO 93







Paula

Necesito estar dentro de ti —susurró Pedro en mi oído mientras besaba a lo largo de mi mandíbula y deslizaba sus manos debajo de mi camiseta de tirantes.
—Bien —le contesté, tratando de alcanzar su camisa y tirando de ella por encima de su cabeza. Él se rió y levantó las manos para que me fuera más fácil,después me quité la parte de arriba también.
—Maldita sea, han crecido desde que me fui —murmuró, ahuecando cada uno de mis pechos en sus manos—. ¿Hay... leche en ellos ya? —preguntó.
—No —me reí.
—Estoy tratando muy duro de no ser un hombre sobre esto, pero no puedo evitarlo. Estoy jodidamente emocionado al respecto —admitió ante mirándome a través de sus pestañas mientras ponía un pezón en su boca.
—Oh —gemí y agarré su cabeza para mantenerlo allí. De alguna manera, se habían puesto aún más sensibles. 
Con cada tirón de su boca, mi clítoris palpitaba.
Era como si hubiera una línea directa entre ambos.
—Quitemos esas bragas —dijo Pedro con la boca llena mientras tiraba de mis bragas. 
Me relajé y las deslicé hacia abajo con su ayuda. Él dejó de chupar un pezón sólo para ir al otro.
—Mierda —gruñó, deslizando un dedo dentro de mí—. Estás mojada.Siempre tan húmeda y lista.
Alcancé su hebilla y comencé a desabrochar sus vaqueros. Yo quería que estuviera desnudo también.
—Todavía no —dijo, moviéndome de su regazo, y recostándome en el sofá—. 
Necesito probarte.Lo observé mientras empujaba mis piernas y bajaba la cabeza para lamer justo a través del centro de mis pliegues.
—¡Oh Dios! ¡Pedro! —grité, levantando mis caderas para estar más cerca de su boca. La barra se deslizó sobre mi clítoris mientras él lo tiraba contra mi yema hinchada, una y otra vez. Me volvía loca.
—Me encanta cuando te retuerces —dijo con una sonrisa maliciosa. 
A mí me encantaba cuando él me hacía retorcer.
Su dedo se deslizó en mi calor mientras él continuaba la tortura en mi clítoris con el piercing de su lengua. 
Ese hombre sexy y salvaje era mío. 
Era difícil de entender a veces, pero yo estaba tan contenta de haberme presentado en su puerta hacía cuatro meses.
Se puso de pie y empujó sus pantalones y calzoncillos boxer hasta salir de ellos. Me miró a los ojos. Era hermoso. Dejé que mis ojos recorrieran su cuerpo.
Nada podía hacerlo más perfecto. Excepto... 
—¿Pedro?
—¿Sí?
—¿Podrías perforar tus pezones? —le pregunté, sorprendiéndome a mí misma por el pedido.
Pedro rió mientras volvía sobre mí. —Ahora quieres mis pezones perforados,¿cierto?
Asentí con la cabeza, deslicé las manos por su pecho y corrí mis pulgares sobre sus pezones. —Me gustan tus otros piercings.
Besó mi cuello y pasó la mano por mi pierna hasta que enganchó su brazo por debajo de la rodilla y tiró de ella. 
—¿Vas a besarlos y hacer que se sientan mejor? Porque estoy pensando que va a doler como la mierda.
—Te prometo que haré que se sientan muy bien. —Sonreí.
—Todo lo que quieras, bebé. Eso sí, no me pidas que perfore nada al sur de mi cintura.
Levanté las cejas. Yo no había pensado en eso. 
Antes de que pudiera decir nada más, Pedro estaba empujando dentro de mí, y todos los otros pensamientos se
alejaron. 
Me estaba llenando y estirando, y todo fue perfecto en el mundo otra vez.
—¡Mierda! ¿Cómo llegaste a estar tan apretada? —jadeó Pedro por encima de mí, mientras sus brazos temblaban teniendo mi espalda.
Tiré mi cabeza hacia atrás y levanté las caderas. Era mejor. No había pensado que eso podría mejorar. 
—Es más sensible —logré decir con un grito ahogado.
—¿Te duele? —preguntó, tirando hacia atrás. Me agarró el culo y me sostuvo.
—¡NO! Es bueno. Es muy bueno. Más duro, Pedro. Por favor. Se siente increíble.
Pedro gimió y se terminó de hundir en mi interior. 
—No voy a durar mucho tiempo. Estás muy apretada. Me voy a venir. —Él dejó de moverse, y poco a poco se echó hacia atrás. Yo estaba tan cerca. No quería que fuera más despacio. 
La sensación que cada embestida enviaba a través de mí era increíble. Necesitaba más de él. 
Lo empujé hacia atrás con toda la fuerza que tenía. Se sentó, mirándome mientras yo rápidamente me subía sobre él y me dejaba caer duro y rápido.
—¡Santa MIERDA! —gritó agarrando puñados de mi cabello.
Me moví hacia arriba y hacia abajo en él, mientras mi cuerpo se encontraba cada más cercano al éxtasis.
—Bebé, me voy a venir, ¡ARRRRGGGGHHHH!  gritó Pedro. 
Entonces, agarró mi cara y me besó con una fiereza que me envió al borde con él. Gritando en su boca, fui golpeada con la liberación mientras él me abrazaba con fuerza, saboreando y chupando mi lengua en su boca. Me dejé caer sobre él y me abracé a su cuerpo. 
Nos quedamos allí, jadeando en silencio. Mi vagina se mantenía contraída como si mi cuerpo estuviera experimentando réplicas. Cada vez que lo hacía, Pedro gemía.
Cuando estuve segura de poder hablar de nuevo, incliné mi cabeza hacia atrás y lo miré. 
—¿Qué acaba de pasar? —pregunté.
Él se rió y negó con la cabeza. —No lo sé. Sólo sacaste el jodido el infierno fuera de mí. Te lo juro, ese va directo al libro, bebé. No creía que podría ser mejor y acabas de demostrarme que estaba equivocado. Santo infierno, eres salvaje.
Enterré mi cara en su pecho y me eché a reír con él. Yo había estado un poco fuera de control.
—Más vale que esto no sea una cosa de las embarazadas, o tu pequeño culo caliente va a vivir embarazado durante los próximos treinta años.

viernes, 3 de enero de 2014

CAPITULO 92





Pedro

La casa estaba a oscuras y en silencio cuando abrí la puerta y entré.
¿Paula habría apagado todas las luces si estuviera aquí sola? Había estado tan concentrado en llegar a casa con ella después de hablar con Daniela, que no había considerado el hecho de que podría haberme dejado. 
¿Me había dejado?
Me volví y subí de a dos escalones a la vez. Una vez que llegué al escalón más alto, empecé a correr. 
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. No podía
haber desaparecido. Le dije que la amaba. Le había dicho que iba a venir a casa.
Tenía que estar aquí. Tenía que contarle todo. Tenía que decirle que las cosas serían diferentes. Decirle que me recordaba a su madre. 
Que me acordaba de sus panqueques de Mickey Mouse. Tenía que decirle que iba a ser el hombre que necesitaba. Iba a ser el mejor padre que el maldito mundo había conocido.
Tiré de la puerta que conducía a mi habitación y me precipité por las escaleras, necesitando verla. 
Dios, deja que esté allí. Por favor, que esté allí.
La cama estaba vacía. No. ¡NO! Recorrí la habitación en busca de sus cosas.
Algo que me dijera que no me había abandonado. No podía haberse ido. La perseguiría. Me pondría de rodillas y me arrastraría. Sería su maldita sombra hasta
que cediera y me perdonara.
—¿Pedro? —Su voz quebró el silencio y el martilleo en mi cabeza. Me di la vuelta para verla sentada en el sofá. 
Su pelo era una maraña y su rostro soñoliento
era perfecto.
—Estás aquí. —Me caí de rodillas ante ella y dejé caer mi cabeza en su regazo. Estaba allí. 
No me había abandonado.
Sus manos tocaron mi cabeza mientras pasaba las manos por mi cabello. — Sí, estoy aquí —respondió con voz insegura. 
La estaba asustando pero sólo necesitaba un minuto para asegurarme de que no me había dejado. Que no había
arruinado esto por completo. No quería ser como su padre. El hombre perdido y vacío que había visto ayer no era quien siempre quise ser. 
Y sabía que lo sería sin Paula a mi lado—. ¿Estás bien? —preguntó.
Asentí, pero mantuve mi cabeza en su regazo. Continuó tratando de calmarme, acariciándome suavemente. 
Cuando estuve seguro de poder hablar sin romperme completamente, levanté la cabeza para mirarla.
—Te amo. —La forma en que lo dije fue tan feroz que casi sonaba como si estuviera maldiciendo.
Una sonrisa triste y pequeña tiró de sus labios. 
—Lo sé y no pasa nada.
Entiendo. No voy a hacerte elegir. Sólo quiero que seas feliz. Te mereces ser feliz. He tenido mucho tiempo para pensar en ello y voy a estar bien. No tienes que preocuparte por mí. Soy fuerte.Puedo hacer esto por mi cuenta.
No estaba siguiendo lo que decía. ¿Qué hacía por su cuenta? 
—¿Qué? —pregunté, repitiendo sus palabras en mi cabeza.
—Hablé con mi papá hoy. Lo sé todo. Es difícil de comprender, pero todo tiene más sentido ahora.
¿Miguel había venido aquí? Vino y le contó todo. Ella sabía... pero lo que decía todavía no tenía sentido.
—Bebé, tal vez es porque no he dormido mucho en los últimos ocho días, o porque estoy tan aliviado de que estés aquí, pero no entiendo lo que estás tratando de decirme.
Una lágrima brillaba en sus ojos. Me levanté de un salto y tiré de ella en mi regazo. No quería hacerla llorar. Pensé que esto era una cosa feliz. 
Ella sabía la verdad, siempre la había sabido, su mamá era tan pura y sincera como creía. 
Yo estaba en casa y listo para ser todo lo que se merecía en su vida. Moriría para hacerla feliz.
—Te amo, y porque te amo te estoy dejando ir. Quiero que hagas de tu vida lo que quieres. No quiero ser una cadena alrededor de tu pierna.
—¿Qué acabas de decir? —pregunté cuando las palabras “dejarme ir” se hundieron en mí. Como el infierno que me dejaría ir.
—Ya me oíste, Pedro. 
No hagas esto más difícil de lo que es —susurró.
La miré con incredulidad. Ella realmente quería decir lo que decía. La había dejado aquí, pensando todo tipo de cosas mientras me sentaba en el hospital con Daniela. Debería haber llamado, pero no lo hice. Por supuesto, estaba confundida.
—Escúchame, Paula. Si tratas de ir a ninguna parte, voy a perseguirte. Voy a ser tu sombra. No voy a dejarte fuera de mi vista, porque no puedo vivir sin ti.
Cometí tantos malditos errores que no quiero ni contarlos, pero voy a empezar a hacer las cosas bien de aquí en adelante. Te juro que esto no volverá a suceder.
Ahora sé que aquí es donde se supone que debo estar. No más mentiras. Sólo nosotros.
Sollozó y enterró su cabeza en mi hombro. La tiré con más fuerza contra mí.
—Lo digo en serio. Te necesito. No me puedes dejar.
—Pero no encajo. Tu familia me odia. Puedo hacerte la vida difícil.
Ahí es donde se equivocaba. —No. Tú eres mi familia. Mi madre nunca ha sido mi familia. Nunca ha tratado de serlo. Mi hermana no podía venir, pero sí me dijo que te preguntara si podía ser capaz de ser parte de la vida de su sobrina o sobrino. Así que lo está intentando. Y en cuanto a hacer mi vida más difícil, tú, Paula Chaves, haces mi vida completa.
La boca de Paula cubrió la mía mientras agarraba puñados de mi camisa. Su lengua se deslizó en mi boca y la saboreó. La había extrañado tanto. Cómo pude haber pensado por un minuto que podía sobrevivir sin esto... Sin ella, no lo sé.

CAPITULO 91






Paula


No había estado durmiendo por mucho rato cuando mi teléfono sonó. Era media noche y sólo unas pocas personas tenían mi número. Mi estómago se anudaba mientras alcanzaba mi teléfono.
—Hola —dije casi asustada, temiendo lo qué había llamado para decirme.
—Hola, soy yo. —Su voz sonaba como que había estado llorando. Oh Dios… por favor no dejes que Daniela esté muerta.
—¿Ella está bien? —pregunté, esperando que esta vez Dios realmente haya oído mi plegaria.
—Está despierta. Está un poquito desorientada pero me reconoció cuando abrió sus ojos, así que su memoria está bien.
—Oh gracias a Dios. —Me senté sobre la cama y decidí que necesitaba intentar esa cosa de rezar un poco más a menudo.
—Lo siento, Paula. De verdad lo siento. —Su voz estaba ronca. Podía oír el dolor atado en sus palabras y no tenía que preguntar qué quería decir. Había llegado el momento. Simplemente no podía decirlo.
—Está bien. Sólo cuida a Dani. En serio me alegro de que esté bien Pedro.Tal vez puede que no me creas eso pero he estado rezando. Quería que estuviese bien.—Necesitaba que me creyera.
Aún si no hubo amor perdido entre Daniela y yo, ella era importante para él.
—Gracias —dijo—. Ya voy para la casa. Estaré allí a más tardar mañana por la noche.
No estaba segura si eso significaba que él quería que me fuera para entonces o si nos despediríamos en persona. Escapar sería mucho más fácil. No tener que enfrentarlo. 
Ya dolía suficiente por el teléfono. Ver su rostro iba ser muy difícil,pero no podía dejar que me destruyera. Tenía que pensar en nuestro bebé. Esto ya no era sólo sobre mí.
—Hasta entonces —respondí.
—Te amo. —Oír las palabras me lastimaba más que cualquier otra cosa.
Quería creer que lo hacía, pero no era suficiente. El amor que podría sentir por mí no era suficiente.
—También te amo —respondí y colgué el teléfono antes de hacerme un ovillo y llorar hasta quedarme dormida.

***

El timbre de la puerta sonó justo mientras salía de la ducha. Agarré la ropa que me había preparado para ponerme y rápidamente me vestí antes de envolver mi cabello en una toalla y bajar a toda prisa las escaleras.
Cuando abrí la puerta y vi a mi padre parado allí, no estaba segura de qué pensar. ¿Lo había enviado Pedro para deshacerse de mí? No. Pedro no haría eso.
Pero ¿por qué estaba aquí?
—Hola, Paula. Yo, uh, vengo para hablar contigo. —Se veía como si no hubiese dormido en días y su ropa se encontraba toda arrugada. Al ver a la hija que amaba en el hospital debía haber sido duro para él. Rechacé esa amargura. No iba a pensar eso. Era el papá de Daniela también. Al menos, él estaba allí para ella ahora aún si había jodido la primera parte de su vida.
—¿Sobre qué? —pregunté, sin moverme para dejarlo entrar. No estaba segura si había algo que tenía que decir que yo quisiera escuchar.
—Es sobre Daniela… y tú.Sacudí mi cabeza. —No me importa. No estoy de humor para escuchar cualquier cosa que tengas que decir. Tu hija despertó. Me alegra que no haya muerto. —Empecé a cerrar la puerta.
—Daniela no es mi hija —dijo las únicas palabras que me habrían detenido de cerrar la puerta de un portazo en su cara. 
Dejé que sus palabras penetraran mientras lentamente abría la puerta de nuevo. ¿Qué quiso decir con que Daniela no
era su hija?
Sólo lo miré fijamente. Esto no tenía sentido.
—Necesito decirte la verdad. Pedro va a decírselo a Daniela cuando esté preparada. Pero quería ser quien te lo dijera.
¿Qué sabía Pedro? ¿Había estado mintiéndome? No estaba segura de que pudiera respirar. 
—¿Pedro? —pregunté, retrocediendo en caso de que no pudiera respirar profundamente y me desmayara. Necesitaba sentarme.
—Le conté todo a Pedro ayer. Había sido informado de la misma mentira que tú, pero ahora sabe la verdad.
La verdad. ¿Cuál era la verdad? ¿Había una verdad o mi existencia entera era una mentira? Me senté en las escaleras y miré al hombre que pensé que era mi
padre mientras entraba y cerraba la puerta tras él.
—Siempre he sabido que Daniela no era mi hija. Lo que es más importante, tu madre sabía que Daniela no era mi hija. Tienes razón, tu madre nunca me hubiera permitido dejar a mi novia embarazada y huir con ella. Por nada del mundo. Casi no me dejó abandonar a mi ex novia ,quien estaba embarazada de otro miembro de los chicos de Slacker Demon porque le preocupaba lo que pasaría con Pedro. 
Su corazón era simplemente tan grande como sabes que era. 
Nada de lo que sabías era una mentira, Paula. Nada. El mundo que conocías no era una mentira.
—No entiendo. Sé que mi mamá no estaba involucrada en nada de esto. Eso nunca fue un interrogante en mi mente. Pero no comprendo. 
Si no eres el papá de Dani, ¿por qué nos abandonaste por ellas?
—Conocí a tu mamá al tiempo que trataba de ayudar a mi ex novia a lidiar con su último problema. Tu mamá también había venido para ayudar a su amiga.
Ambos nos preocupamos por Georgina. Nos había necesitado y tratamos de ayudarla. Pero mientras ella estaba de fiesta y actuando como si no tuviera un niño
pequeño en casa para cuidar y un embarazo que ignoraba, me enamoré de tu madre. 
Ella era todo lodo lo que Georgiana no era. La adoraba, y por cualquier razón, se enamoró de mí. Cuando nos marchamos, Luca había venido para llevarse a Pedro 
y Mateo, el vocalista de Slaker Demon y el verdadero padre de Daniela,habían intervenido para ofrecer su ayuda. Georgiana se enteró sobre Alejandra y yo.
Nos envió a hacer las maletas y con gusto nos fuimos. 
Tu madre se preocupaba por Pedro y llamó a Luca para que viera cómo estaba durante un tiempo.
—¿Mamá conocía a Pedro? Imaginar a mi mamá cuidando de Pedro como un pequeño niño atascado con dos padres jodidos hizo que se me llenaran los ojos de lágrimas. 
Él había conocido cuan maravillosa era mi madre antes aún si no lo recordaba.
—Sí.La prefería a ella que a Georgiana y eso tampoco se acomodó bien con Georgina. Cuando Georgiana recuperó de nuevo a Pedro, se rehusó a dejar que tu madre viera cómo estaba. 
Tu madre lloró durante semanas preocupándose por el pequeño niño que había llegado a amar. Pero esa
era tu mamá. Siempre preocupándose demasiado. 
Su corazón era más grande que el de cualquiera que jamás haya conocido… hasta ti. Eres como ella, cielo.
Levanté mis manos para detenerlo. No nos uniría esto. 
No lloraba porque sabía que mi madre era inocente de las mentiras que había escuchando antes.
Estaba llorando porque ella había querido a Pedro antes también, su niñez entera había sido solitaria.
—Casi he terminado. Déjame terminar, luego me iré y nunca me veras de nuevo. Lo juro.
Él sabía que también me iba. Que esta cosa con Pedro y yo había terminado.
El dolor agudo en mi pecho era casi demasiado.
—La muerte de Vale fue mi culpa. Pasé esa luz roja. 
No había estado prestando atención y perdí una de mis niñas ese día. Pero te perdí a ti y a tu madre también. Fueron heridas demasiado y fue todo mi culpa. 
No fui lo suficientemente hombre para quedarme y soportar verlas a las dos en tanto dolor. Así que huí. Dejé
que te encargaras de Ale cuando debí haber sido yo pero era demasiado débil.
No podía soportar la idea de ver a mi Ale enferma. Me acabaría. Me emborraché hasta quedar inconsciente. 
Era la única manera de permanecer insensible. Luego
llamaste y dijiste que había muerto. Mi Ale no estaba más en esta tierra. Iba a decirle a Dani la verdad sobre su padre e iba a marcharme. 
No estaba seguro de a donde iría pero no me importaba si vivía o moría.
Entonces llamaste y me necesitaste. No era ni siquiera un hombre. Era despreciable. Pero no podía defraudarte. Ya te había hecho sufrir tanto sola. Te envié hacia Pedro. 
No era exactamente el tipo de chico que un hombre quiere
alrededor de su hija pero sabía que vería en ti lo que vi en Ale. Un sustento. Una razón para vivir. Una razón para luchar. Una razón para cambiar. Él era fuerte.
Podía protegerte y sabía que si lo presionaba lo haría.
Todo esto era demasiado. No podía hacer que tuviera sentido. ¿Me había enviado hacia Pedro? 
¿El chico que adoraba a su hermana que me odiaba y me
culpaba por todo lo malo en su vida?
—Él me odia —le dije—. Odiaba lo que yo era.
La sonrisa de mi padre era triste. —Sí, odiaba a quien pensaba que eras, pero luego te conoció. 
Estaba a tu alrededor y eso fue todo lo que se necesitó. Eres excepcional, Paula. Justo como lo era tu madre. 
No hay muchas personas en este mundo tan fuerte como lo eres tú. Tan llena de amor y dispuesta a perdonar.
Siempre envidiaste la forma en que Vale podía cautivar una habitación. Pensaste que ella tenía lo mejor de las dos. Pero lo qué Vale sabía y lo qué yo sabía era qué éramos afortunados porque teníamos a personas como tú y tu madre en nuestras vidas. Vale te adoraba. Vio que tú eras quien tenía el espíritu de tu madre. 
Nosotros estábamos asombrados con las dos. Aún lo estoy y aunque todo lo que he hecho es lastimarte desde el día que perdimos a tu hermana, te he amado. Siempre lo haré.
Eres mi pequeña niña. Mereces lo mejor en este mundo y no soy lo mejor. Voy a irme y jamás voy a molestarte otra vez. Necesito vivir por el resto de esta vida solo.
Recordando lo que alguna vez tuve.
El dolor en sus ojos destrozaba mi alma. Tenía razón. Nos había abandonado a mí y a mamá cuando más lo necesitábamos. Pero tal vez nosotras lo habíamos abandonado también. No habíamos ido detrás de él. Sólo lo habíamos dejado irse. El día que perdimos a Valeria había marcado todas nuestras vidas.
Mamá y Vale se habían ido ahora y nosotros nunca podríamos recuperarlas. Pero estábamos aquí. 
No quería vivir el resto de mi vida sabiendo que mi padre se
encontraba ahí afuera en algún lugar solo. Mi mamá no querría eso. Nunca quiso que estuviera solo. Lo amó hasta que inhaló su última respiración. Vale no querría
eso. Había sido una niña de papi.
Me puse de pie y di un paso hacia él. Las lágrimas contenidas en sus ojos comenzaron a correr lentamente por su rostro. Era una sombra del hombre que una vez fue pero era mi papá. Un sollozo corrió por mi pecho y me lancé en sus brazos. Cuando me envolvieron y me sostuvieron firmemente dejé en libertad todo el dolor. Lloré por la vida que habíamos perdido. 
Lloré por él porque no era lo suficientemente fuerte 
y lloré por mí porque era el momento.